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Medicina indigena

Estudian incorporar medicina indígena al sistema de salud argentino

¿Será que es la hora de la valoración de los saberes de los pueblos que estaban en esta tierra antes de la llegada de los españoles?

La política que empieza a desplegarse es una consecuencia de los resultados del llamado Censo de Pueblos Originarios. Las comunidades rechazaron el parto horizontal y rodeado de médicos, como se realiza en los hospitales públicos de la provincia. Algo está pasando cuando el Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires planifica incorporar la medicina indígena al sistema oficial de salud. “No se trata de enseñarles la lógica del funcionamiento de nuestro sistema de salud sino de permeabilizar al sistema para que pueda contener una oferta que pueda satisfacer la filosofía de los pueblos originarios”, dijo Carlos Mate, Ministro de Salud bonaerense. Converger, respetar, conciliar, aprender, son verbos que utilizó Mate para hablar de la nueva relación que buscará establecer con los conocimientos de nuestros pueblos. La idea madre de esta concepción es: adaptar el sistema de salud a la población y no obligar a la gente a que vaya al pie del sistema. Sobre todo porque no o consiguen.

“Por su cultura, por su visión de los conceptos de salud y enfermedad, los pueblos originarios no acceden o no desean acceder al sistema formal de salud que ofrecemos”, dijo el doctor Gustavo Marín, director de Atención Primaria. “Y el sistema no ha reconocido estos saberes, por prejuicios, o bien por desconocimiento o para mantener su hegemonía”, agregó.

Pero también se busca que la medicina indígena llegue al resto de la población. “La propuesta es que los saberes que se vayan validando puedan estar al alcance de todo aquel que lo requiera. Hay experiencias en Chile, en Temuco, de un centro de salud abierto para el que quiera. Finalmente, no es nada extraño: si el fundamento de un comprimido está en una hierba, ¿por qué no se va a utilizar esa hierba de otra manera?”, se preguntó el funcionario Marín.

Estadísticas indígenas.- La política que empieza a desplegarse es una consecuencia de los resultados del llamado Censo de Pueblos Originarios, un trabajo un tanto espasmódico, ya que su realización tomó 12 años, de 1994 a 2006. Por razones obvias, se analizaron los últimos datos, recabados del año 2000 en adelante. En este último período se declaró que fueron censadas 20.708 personas de 31 etnias. Las mayoritarias: quechuas ( 4.482 censados), mapuches (4.350), guaraníes (3.564), y kollas (1.803).

Entre los resultados generales concluyeron que el 90% ingresa al sistema de salud sólo cuando tiene una enfermedad y que el 91% consulta al médico en alguna institución pública. Esto es visualizado como una dificultad en el acceso y un rechazo a la atención oficial. Ese censo también arribó a datos sanitarios según la etnia.

Por ejemplo, de la totalidad mapuche censada en 14 partidos concluyeron que las enfermedades más frecuentes son gripe, faringitis y bronco espasmo, y entre las enfermedades crónicas predominantes, la artrosis. Sin embargo, una mirada mapuche discute estas conclusiones. “Para nosotros, el entorno social no es ajeno, sino que es responsable de la salud de las personas. La enfermedad es una transgresión moral, espiritual y social.

El principal problema de salud de nuestro pueblo es la negación de la identidad”, sostuvo la licenciada en Ciencias Políticas, Verónica Azpiroz Cleñan, de la agrupación Epu Bafkeh de Los Toldos. Es en ese pueblo donde los habitantes están pidiendo la formación de un centro de salud mapuche.

El parto mapuche.- El 9 de agosto pasado hubo en La Plata un encuentro, un taller en el que participaron unos 200 delegados indígenas de distintos pueblos y que tuvo lugar en el Centro Cultural Islas Malvinas. Se trabajó en tres áreas, una de ellas la atención del parto. En este punto, las comunidades mapuches rechazaron el parto horizontal y rodeado de médicos, como se realiza en los hospitales públicos de la provincia de Buenos Aires.

Y dicen que en general, las experiencias “son muy violentas”, ya que los profesionales desconocen sus costumbres. Azpiroz Cleñan explicó que “la mayoría de las experiencias en los hospitales públicos son muy violentas, porque los médicos, enfermeros y parteras son muy expulsivos, no comprenden que venimos de otra concepción cultural”. Y agregó: “Dicen que la mujer no se hizo los controles prenatales porque no tenía ganas y no es así, viene de otra tradición”.

En la actualidad, en los hospitales bonaerenses, los partos son en camas y horizontales. Para Azpiroz Cleñan, este método “va en contra de la ley de gravedad y no hay un espacio óptimo, además de una preparación edilicia para contener las diversidades culturales”. La mapuche agregó que la presencia de médicos y enfermeras “es también muy violenta” para la parturienta, ya que “en su acto más íntimo, la mujer está invadida” por esos profesionales.

“En casa, de cuclillas, en forma vertical, con mantas”, sería la mejor forma de recibir a un recién nacido, explicó Azpiroz Cleñan. “Ellos mostraron la técnica del manteo, que es la manera en que se acomoda al bebé que no está en el canal de parto, lo que explica por qué tienen tan pocas cesáreas”, resaltó por su parte Gustavo Marín.

Puñeñelchefe.- En la comunidad mapuche “existe una figura que se llama puñeñelchefe que acompaña el proceso de gestación y particularmente el momento del parto”, explicó Azpiroz Cleñan. Agregó: “Al parir la mujer mira al este y está en cuclillas y muchas veces tomada de un árbol, o ayudada por otra mujer, para hacer fuerza y ayudarse a bajar a la guagua (bebé)”. Además precisó que “previo al parto se trata de encajar al bebé de manera vertical para que pueda salir por el canal vaginal, se usan masajes y hierbas”.

Antes del parto, según se detalló, se hace un pelontun -un diagnóstico o visualización de cómo está la mamá y cómo se podría llegar a desencadenar el parto-. Esto lo hace una machi o un machi, que tienen un conocimiento sobrenatural o prelógico -según los mapuches-, que no puede explicarse lógicamente.

En la tradición mapuche, la -o el- machi realiza un diagnóstico del parto “a través de la saliva, la orina, el hálito, y eso es un espejo de cómo está el niño”. Y según se añadió, “después del parto se hace un ritual con la placenta y el cordón umbilical: se los entierra como una forma de devolver a las fuerzas de la naturaleza la vida. Es una ceremonia familiar de agradecimiento”. Azpiroz Cleñan sostuvo que “si hay complicaciones hay que derivar a la parturienta a un hospital, ya que no hay experiencia de cómo tratarla”.

Otro punto debatido fue el de la salud mental. “No conciben el encierro como forma terapéutica de sanación. En eso tenemos mucho que aprender de ellos”, dijo el ministro Mate. También se habló sobre hierbas medicinales: “En Argentina esto no ha sido considerado importante, pero en Brasil están estudiando miles de hierbas medicinales, algunas con una importante efectividad clínica -sostuvo Marín-.

Los pueblos originarios dicen: ’si la usé durante 500 años, ¿por qué necesito que me digan que es buena?’, y acá entra un concepto solidario de la medicina: la medicina occidental requiere una validación científica”. En el fondo, entonces, se trata de una doble propuesta: mejorar la accesibilidad -”tenemos a 90 mil personas originarias”, dijo Mate- a la salud oficial y dejar que la medicina indígena se derrame sobre los “huincas”. Dijo el ministro Mate: “Será difícil, porque las leyes están pensadas desde Occidente.

No sé qué opinarán los colegios médicos si proponemos meter en una institución a una persona que no es médica haciendo terapéutica, pero hay que hacer el debate”. Por lo pronto, ya quieren que a fines del 2007 haya un centro piloto con formas de atención y terapias indígenas.

Reclaman un centro sanitario mapuche en Los Toldos.- Las banderas anuncian en mapuche un encuentro en la escuela 6, llamado por la agrupación Epu Bafkeh (dos ojos de agua). Es domingo y los nenes se entretienen en los juegos infantiles. Hay mucha gente, alrededor de mesas, esperando al potro, carneado el sábado, que se asa lento. Los mapuches se ubican en círculo y en la asamblea se pasan el micrófono de mano en mano.

Piden restitución de tierras, un centro de salud mapuche y que su forma de atención no sea considerada ejercicio ilegal de la medicina. En ese lugar se alzaron las tolderías de la tribu voroga del cacique Ignacio Coliqueo, el “indio amigo”, quien luchó primero para Urquiza y consiguió luego la cesión legal de 16.400 hectáreas, por leyes de 1866 y 1868. Luego, hubo un largo proceso contrario a la concepción comunitaria de la tierra. En poco más de 100 años, la propiedad colectiva pasó a ser individual.

Muchos las vendieron, mal, para irse al pueblo. En un pedacito de estas tierras se levanta hoy una casa que pertenece al Obispado de 9 de Julio, en un terreno de 2.875 metros cuadrados. Está deshabitada, dicen en el encuentro, desde 1998. Y ahora la quieren vender.

Los mapuches clavan banderas rojas en la puerta y una bandera que proclama: “Territorio mapuche”. En esa casa quieren levantar el centro de salud donde puedan atender las machis, trabajar las yerbateras, y producir los derivados de las hierbas medicinales, como tinturas o cremas.

Gabriel Giubellino
Centro de Comunicación e Investigación Indìgena Chaskinayrampi

FUENTE: http://www.boletinargentino.com/index.php?p=1079
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