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Mi asignatura pendiente es enamorarme y formar una familia

● Está viviendo un sueño ● Brilla en radio, llena el teatro y es una de las preferidas del programa de Tinelli ● Su infancia, sus amores y sus secretos más ocultos ● Nunca se lo planteó, pero está en lo más alto ● Quién es, qué piensa y cómo vive la nueva estrella de la tele.



Su padre la hizo fácil. La primera vez que vio a su hijo Luis vestido de mujer, en la puerta de un boliche de Adrogué, lo subió a su auto y le dijo: "Si te querés vestir de mujer, vos me avisás y yo te compro la ropa. No quiero que uses nada prestado ni que te cambies en la casa de tus amigas". Ese día, a los 15 años, gracias a la comprensión y el amor de papá, Edgardo Luis Rojas aceleró su decisión de convertirse para siempre en Lizy.




Fue quizás el capítulo clave en esta fantástica historia, que combina angustias de las más dolorosas y alegrías de esas que desbordan el corazón. Una infancia llena de amor y contención familiar, con amigos que comprenden y aman, pero en un mundo dominado por los prejuicios y la violencia. Así salió adelante Lizy Tagliani (43), la travesti a quien todo el mundo hoy coincide en señalar como la preferida de Marcelo Tinelli en su ShowMatch. La peluquera de Adrogué que llevó sus tijeras a Recoleta y un día entró al mundo de la tele para conquistar al país. La artista que descubrió que tenía un talento oculto. La mujer que sueña con enamorarse y formar una familia. La dueña de una vida para recorrer, disfrutar y admirar, que comenzó muy lejos de los brillos de la Calle Corrientes.



El destino. Hay que darle una cuota de responsabilidad al fracaso. Porque el 12 de septiembre de 1970, José Rojas y Celestina Gallardo se encontraban en Resistencia, y allí nació Lizy, su único hijo. Eran los últimos días de la aventura familiar, resignados en su intento de ganarse la vida en la provincia del norte. Quince días después volverían a su casa de Adrogué, donde José fue carnicero y mamá, ama de casa. "A los seis años ya sabía que quería ser mujer", cuenta Lizy. Fue en un acto de la escuela, un Día de la Raza en que le tocó ponerse una pollera escocesa. "¡A partir de ahora me quiero llamar Carla Marina Marconi!", salió gritando aquella tarde de los años setenta, en el sur del conurbano bonaerense. Su padre, sabio, sólo le cuestionó porqué no iba a usar el apellido de la familia. Su abuela le tejía bikinis de crochet, y le sugirió llamarse Lizy, como su peluquera. "Me mandaban a los mejores colegios, con los hijos de los médicos y del intendente. No éramos gente de plata, todo nacía del sacrificio de mis padres. La gente sentía lástima de mi papá porque el hijo le había salido puto, ¡y a mí me daba vergüenza ser hija de un carnicero!", recuerda Lizy, y agrega: "También me avergonzaba que mi mamá me fuera a buscar al colegio siempre con el mismo vestido celeste, con rosas. Después me di cuenta de que ella tenía un sólo vestido para que a mí no me faltara nada.



Cenaban café con leche para darme todos los gustos".
Cuando llegó a la adolescencia, la discriminación esperaba por ella en la puerta de casa. A los 13, les escribía cartas de amor a los grandotes de 5to año, y cada tanto le tocaba recibir una paliza a la salida del colegio. Se puso de novia con Alejandro, un chico de Banfield, pero lo dejó justo antes de que tuviera que descubrirle las intimidades de su cuerpo. "Yo tenía la fantasía de que él me amaba porque yo era una mujer. Así que cuando llegó el momento de ir a la cama, lo cité para vernos en la estación de Remedios de Escalada y no fui nunca más", cuenta. El debut sexual fue a los 16, en un extraño viaje a Mar del Plata con Marisa, una amiga. Se quedaron sin plata y tuvieron que pasar la noche dentro de un banco, junto a los cajeros automáticos. Allí las encontró un hombre, con quien compartieron los siguientes tres días. En Buenos Aires salía a bailar con sus amigas, aunque casi siempre la rebotaban en la puerta de los boliches. "Yo me sentía un monstruo", se ríe. Recién cuando comenzó a frecuentar las primeras discos gay se animó a liberar del todo su personalidad. Los 20 la encontraron feliz y segura, pero sola. "En el amor me iba para la mier… Cuando supe que nadie me elegiría como novia, empecé a ser más práctica con los hombres. Le daba a lo que venía. Nunca me prostituí, lo hacía porque me gustaban los tipos", cuenta. Hoy sigue sola, en su departamento de dos ambientes en Barrio Norte, esperando que llegue la persona que la acepte para siempre, y la convierta en madre. "Mi asignatura pendiente es enamorarme y formar una familia", se ilusiona.



La estrella. Se tenía mucha fe y quería ser promotora. Pero la rebotaron en tantos castings que terminó aceptando un trabajo como peluquera. "El único lugar donde aceptan a un maricón", lo define. Comenzó sin experiencia ni conocimientos en una peluquería de Adrogué, y al poco tiempo pasó a By Lizy, su salón de Recoleta, donde con sus anécdotas se ganó a la clientela más paqueta de la ciudad. Llegaron las primeras cabelleras famosas. Se hizo confidente y preferida de personajes como Nicole Neumann o Viviana Canosa. Y todo se dio a la velocidad cósmica: la radio con Santiago del Moro, su espectáculo producido por dos clientas de la peluquería, y Showmatch, donde comenzó como suplente y ahora es candidata a ganar el Bailando 2014. Cuenta Lizy que cada vez que se vestía para irse a bailar, su papá se encerraba en el baño. Ella creía que era por vergüenza. Pero en una de sus últimas charlas con su mamá, fallecida en 2011, Lizy se enteró de que su papá en realidad se encerraba a llorar en el baño porque tenía miedo de que la mataran en la calle por vestirse de mujer. Porque Lizy es mucho más que la nueva estrella de la tele. Lizy es orgullo y dedicación. Siempre con una sonrisa. Y va por más.

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