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Mi hijo es MotoChorro ¿que hago?

A veces me escriben lectoras y/o me comentan madres cercanas de niños -sobre todo varones- criados con apego seguro (no sé por qué pero es algo bastante de género) que les surge de repente -desde lo más profundo- ese miedo irracional a una futura "delincuencia" de su hijo, al menor síntoma de agresividad que ven en él. Esto ocurre incluso con niños muy pequeños o bebés.



Ahí, en esos momentos delicados, se les dispara su mente adulta con su montón de miedos e incertidumbres: "¿y si mi hijo me sale delincuente?" "¿Y si nos pega a todos cuando crezca?" "¿Y si somos demasiado blandos?" "¿Permisivos?" Y la pregunta del millón que nadie se atreve a decir en voz alta: "¿Y si esta crianza desde el respeto no funciona a cierto nivel?".

A veces, olvidamos que los niños son espejos, que su rabia es nuestra rabia silenciada, que los hijos/as nos sanan, que somos parte de sistemas familiares densos y entrelazados, que ellos no necesitan reprimir lo que les duele, que tal vez son más listos y han decidido sacar fuera la rabia y no enfermar…

Otras no vemos o no reconocemos nuestras propias infancias, nuestras propias violencias, nuestras propias carencias y proyectamos en ellos nuestros miedos, los individuales y los colectivos o sociales que también existen…

Creo que es importante recordar que la primera generación criada conscientemente (como colectivo aunque un poco minoritario) está tal vez llegando a su adolescencia ahora y poco tiene que ver con lo que nos venden como adolescencia a grosso modo, especialmente desde los medios de comunicación.

¡Qué imagen tan distorsionada tiene la sociedad común de la adolescencia y me atrevo a decir que incluso de las conductas delictivas que no son otra cosa que dolor, miedo y vacío!

¡Qué daño irremediable causan ciertos jueces, ciertos gurús, ciertos libros de ciertas pedagogías negras obsoletas y ciertos programas de televisión, que mezclando a su gusto cócteles explosivos de ego, sensacionalismo, terror y audiencia, dañan la imagen social de un colectivo vital y maravilloso!



¿Pueden ser las llamadas “conductas delictivas”, así a grandes trazos, fruto del exceso de amor, de la protección o el apego? ¿Alguien se lo cree?

¿Son la rabia, el dolor y el odio, que las alimentan normalmente, fruto del acompañamiento y el respeto o de la frustración y el abandono?

¿Es la ausencia de límites claros o valores fruto del amor o de la falta de presencia?

¿Por qué socialmente (y desde el sistema educativo) no se insiste en lo segundo cuando científicamente está demostrado que un vínculo materno fuerte, la crianza respetuosa y el apego seguro crea generalmente personas empáticas, autónomas y de convivencia tranquila?

¿Por qué nadie es capaz de decir que los hijos visibilizados y validados tienen mucha suerte de ser tenidos en cuenta y tienen pocas posibilidades de desarrollar conductas delictivas?

¿Por qué nadie habla de los miles de niños que se crían solos por culpa de un sistema laboral voraz, una pedagogía negra desfasada y un sistema educativo rígido, obsoleto y cerrado?

¿Por qué no se nombran los bebés y pequeños a los que se les niega el cariño y la aprobación por miedo o falta de tiempo?

¿Tendrán también algo que ver en esto unas desigualdades sociales que son violencia hacia el infante y a veces muy extrema?

Y a pesar de todo la gran mayoría de adolescentes que año tras años pueblan mis aulas (nada que ver con los que salen en los reality-shows de televisión) son seres fantásticos, creativos, resilientes, amorosos que sacan lo mejor de cada casa, doy fe… e incluso aquellos que coquetean alguna vez con las llamadas "conductas delictivas", muy pocos por suerte para ellos, son niños grandes tremendamente heridos, la mayoría con una historia desgarradora detrás, que no buscan otra cosa que ser vistos y amados, como todos.

Nuestros hijos/as son y crean su propio gran futuro.

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