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"Mi hijo no es un pedofilo; es muy noble"







Post n° 21 #100postEnUnDia



«Mi hijo no es un pederasta; es muy noble, no ha hecho daño a nadie»

La madre del presunto pedófilo habla para EL MUNDO: «Todo es mentira»

Francisco R.P. atraía a los niños con vídeojuegos, según la Policía

Ha reconocido uno de los casos, pero asegura que fue víctima de un chantaje




En la habitación de Francisco Javier R.P. salta a la vista lo que no está. Encima de la mesa de estudio que hay junto a la cama se aprecia el hueco que ocupaba el ordenador portátil delante del que pasaba horas y horas este joven de 38 años al que la Policía Nacional detuvo el pasado día 12 acusado de abusar, al menos, de tres menores de edad que frecuentaban el cibercafé que regentaba desde hace casi diez años en Los Remedios. En una pequeña calle, Virgen de Belén, una persiana metálica cerraba ayer el paso al negocio que Francisco, Fran para sus conocidos, usaba según la Policía para atraer a sus víctimas.

De acuerdo con las denuncias de los menores, los presuntos abusos ocurrieron en un piso muy próximo, adonde les llevaba el detenido cuando cerraba el cibercafé con la excusa de prolongar la partida de videojuegos. Allí se produjeron, de acuerdo con la investigación, tocamientos y otros abusos sexuales a los menores que comenzaron, al menos, el pasado mes de mayo. Así lo contaron los mismos niños a sus padres. La Policía no descarta, además, que el número de víctimas fuera mayor, aunque el arrestado sólo ha admitido un caso y mantiene que fue extorsionado por la víctima, a la que llegó a pagar hasta 700 euros, además de un teléfono móvil.

Los menores, de entre 10 y 13 años, denunciaron los hechos a sus padres
Además, según ha podido saber este periódico, Francisco se ha mostrado dispuesto a someterse a un tratamiento psicológico de forma inmediata,

La investigación sigue abierta mientras Francisco pasa los días en la celda por la que ha cambiado el cuarto que ocupaba en el piso familiar, el primero a la izquierda nada más entrar, en cuya puerta aún cuelga una toalla.

«Mi hijo no es ningún pederasta, todo eso es mentira, una calumnia», dice entre lágrimas Carmen, la madre de Francisco, una peluquera jubilada conocida en el barrio y que defiende a capa y espada la inocencia de su hijo. No porque lo sea, asegura, sino porque «es muy noble, muy bueno y nunca ha hecho daño a nadie».

La madre del presunto pederasta no se explica por qué Francisco ha sido arrestado y enviado a prisión. Los abusos sexuales a menores que le imputan son, afirma rotunda, «una calumnia que ha levantado la gente».

Sin familia

«Somos una familia decente», añade mientras la colilla de un cigarrillo se extingue en sus manos, algo ajadas por el paso del tiempo. Fran, explica, es la única familia que le queda -su marido y luego su hija murieron hace años- y se había convertido en su mayor apoyo.

De hecho, se había mudado al piso familiar y había dejado el suyo propio para cuidarla. «Iba todos los días por la compra de más peso porque yo no podía, se volcó conmigo», explica a EL MUNDO de Andalucía la madre.

Cuenta que se enteró de lo sucedido por el revuelo de policías en la calle y los agentes entraron en su casa para buscarle. «Creían que lo tenía escondido debajo de la mesa o algo así».

Pero Francisco fue detenido en la calle Virgen de Luján y allí mismo, al parecer, confesó que había mantenido contactos sexuales con uno de los menores.

Su madre afirma que el presunto pedófilo se entregó. Que iba camino de Córdoba para encontrarse con una chica a la que había conocido por internet cuando su socio le advirtió de lo que pasaba y que, entonces y por iniciativa propia, regresó.

En el barrio, y sobre todo en el mismo bloque donde vivía, la imagen que proyectaba Francisco poco tiene que ver con la que atesora su progenitora.

Un chico retraído, algo descuidado en el aspecto físico y en el vestir, «raro» y que evitaba incluso el saludo a quienes se cruzaban con él en el rellano de la escalera. Así le recuerda Fátima, una de sus vecinas, que vive dos pisos por encima de Carmen y que le recuerda rodeado siempre de chavales.





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