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Miguel tenía sexo para "purificarlas"




'Miguel tenía sexo para purificarlas'




Su habitación estaba comunicada con las dependencias de las consagradas

El fundador de Orden y Mandato fue destituido tras las denuncias de prácticas sexuales


Miguel Rosendo -el fundador de Orden y Mandato de San Miguel Arcángel destituido por la Iglesia después de investigar denuncias de prácticas sexuales en su asociación de fieles- mantenía contactos carnales con las consagradas miguelianas «para purificarlas».

Así se recoge en una investigación llevada a cabo por un detective privado que encargaron familiares de ex adeptos. Según La Voz de Galicia, el informe se basa en los testimonios de más de una veintena de miembros que colaboraron en el esclarecimiento de los hechos.

El dossier ofrece detalles de la vida intramuros más o menos explícitos. El lugar donde el líder se retiraba a descansar estaba comunicado con las habitaciones de las mujeres que vivían consagradas a su obra. Siempre según la investigación referida, en ese espacio es donde tenían lugar los «trabajos de purificación espiritual».

Dicha purificación, señala el diario, «consistía en hacerles tocamientos y practicar actos sexuales». Estos trabajos eran denominados «de limpieza». Miguel Rosendo, que regentaba una herboristería en Vigo hasta que dejó la ciudad para recalar en Madrid, convencía a sus fieles de que tenía vinculo espiritual con el arcángel San Miguel, quien hipotéticamente se metería en su cuerpo para transmitir sus enseñanzas religiosas. La lengua que utilizaba, aseguraba el fundador, era el arameo.

En lo más terrenal, la Guardia Civil ya investiga dos denuncias referidas a irregularidades económicas dentro de Orden y Mandato y presentadas en los cuarteles de Tui y de Collado-Villalba.

La casa madre que la asociación pública de fieles tenía en Oia (Pontevedra) era propiedad de Miguel y allí convivieron durante un año el propio fundador, su familia, ocho consagradas miguelianas y cuatro matrimonios seglares con sus respectivos hijos.

Al menos dos hermanas denunciaron a finales de 2012 supuestos abusos sexuales a la curia y entonces saltaron todas las alarmas en la diócesis.

Hasta Oia acudió el párroco Manuel Salcidos en labores de visitador diocesano para elaborar un informe interno. De resultas de aquella investigación de nueve meses, la diócesis apartó de la asociación de fieles a Miguel Rosendo, quien acabó dejando Galicia y trasladándose a Madrid, donde este periódico ha tratado de obtener su versión sin éxito.

En la actualidad, permanece rodeado de un reducido grupo de incondicionales. La mayoría dejó la asociación. Orden y Mandato, que llegó a constar de 400 miembros, hoy cuenta con 31. Eso sí, bajo el gobierno de un comisario extraordinario nombrado por la oficialidad de la Iglesia gallega.
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