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Muerte y abandono en el Zoo porteño

Uno de los paseos más tradicionales de Buenos Aires se transformó en un espectáculo desolador. Los animales pasan hambre y, a los más voraces, con el faltante de carne, les dan de comer otras especies



Se sabe: los animales no tienen voz ni voto, y la historia del hombre se basa en la explotación de la naturaleza a su favor. Pero quizá uno de los ejemplos más cruentos sea el de su utilización con fines recreativos sin garantizar su bienestar. Desde hace tiempo las denuncias sobre el estado general del Zoológico de Buenos Aires, enclavado en el corazón de Palermo, se acumulan en alguna oficina.

Es que tras una cuestionada extensión de concesión a la empresa Jardín Zoológico, la mesa que dirige los destinos de cientos de ejemplares quedó reducida a la mitad: en principio eran diez, pero cinco de ellos compraron las acciones de los otros y tomaron las riendas de un lugar que se asemeja cada vez más al infierno.

Empleados del predio confiaron a “Crónica” algunas de las atrocidades que, en nombre del “ahorro”, se viven por estos días allí. Quizá una de las más escabrosas sea el asunto del alimento: por no darle curso a los pagos a proveedores -según las autoridades, debido a los “pocos ingresos”- “hay faltantes de carne y el alimento balanceado es de mala calidad. Lo peor es que ahora comen día por medio, pero a los animales más voraces que no pueden pasar tantas horas con el estómago vacío a veces les terminan dando... otros animales”, cuenta horrorizada una de las trabajadoras. Lo curioso es que el Zoo cobra 130 pesos la entrada general y, desde hace poco, los jubilados también tienen que abonar si quieren ver el espectáculo del acuario.

Entre los recortes furiosos de presupuesto, la nueva junta despidió a veinte personas con cargos altos y resolvió abrir al público también los lunes, algo que tradicionalmente no se hacía para darle un descanso a los habitantes del zoológico, que ya sufren bastante estrés por estar alojados en medio de la ciudad. “Ahora abren todos los días, se rota a los empleados que quedaron y los animales no tienen descanso nunca”, relata otra fuente a este matutino.

Desidia

Hay al menos 10 denuncias contra la administración del Zoo, “pero no pasa nada” detallan a “Crónica”. Un empleado reveló que “en los últimos siete años, con esta misma concesión, que encima tiene vía libre hasta 2017, se murieron al menos 200 animales de distintas especies, todos por falta de cuidado”. Además del deplorable estado edilicio de las instalaciones (muchas de ellas edificios históricos que además ponen en riesgo la seguridad de los visitantes), los trabajadores denuncian el abandono de comederos y otras estructuras. “Incluso, si alguien se fija con atención, hay lugares en que faltan animales, directamente, hay espacios vacíos”, apuntan.

¿Y los responsables?

Además de los casos -citados aparte- de veterinarios a cargo del bienestar de los animales que no pudieron -o no quisieron- evitar las muertes del oso polar Winner y la jirafita que murió apenas llegó a Río Negro en condiciones pésimas, entre los empleados indignados surge el nombre de Pablo Llaver, miembro directivo actual y que aparece involucrado en una denuncia de 2011 hecha por empleados del Zoo de La Plata. Según ellos, este hombre aparecía como nexo entre esta empresa y productoras audiovisuales. Los animales eran “alquilados” para filmaciones, pero el dinero entrante nunca se reinvertía. Hoy a las 11, los que aún piensan que los animales tienen derecho a una vida digna exigirán explicaciones a las autoridades de un pedacito de naturaleza que hoy sufre el peor de los abandonos.

DESPUÉS DEL VIAJE, MURIÓ LA JIRAFA

Una jirafa que había sido trasladada desde Buenos Aires, murió el miércoles en el zoológico de Bubalcó en Río Negro. Si bien las autoridades no precisaron con exactitud los motivos del deceso, organizaciones protectoras estiman que el largo viaje, presuntamente en condiciones inapropiadas y los ruidos en el lugar de destino, terminaron matando al animal.

El director de Bubalcó, Jorge Nori, explicó que la especie arribó a la región “en medio de un complejo y cuidado operativo de traslado”.

Precisó que especialistas trabajaron con el ejemplar “primero en origen, para su acostumbramiento al vehículo especial destinado al efecto y luego durante el viaje mismo”. Esta delicada tarea estuvo a cargo del ex jefe de veterinarios del zoo de la capital, doctor Miguel Rivolta y del jefe de cuidadores del mismo, Daniel Bonada, contratados para tal fin. Los expertos “arribaron junto con el ejemplar y dirigieron la operación de instalarlo en su nuevo alojamiento, en condiciones inmejorables”, aseguró Nori.

Añadió que “el traslado pudo hacerse en julio, pero fue postergado por recomendación de los especialistas, para no arriesgar al ejemplar a temperaturas extremadamente frías”.

.Más allá de las explicaciones, la realidad marca que la jirafa falleció a pocas horas de su arribo al zoo rionegrino.

Un largo traslado sin previsión alguna

Calificados voceros aseguran que el traslado de la jirafa estuvo a cargo de los doctores Bonada y Rivolta. El primero es jefe de cuidados y Rivolta pertenece al sector Fauna y Traslados. Precisamente, este último profesional se encontraba de guardia el día que murió Winner, el oso polar. Debido a lo ocurrido, el veterinario fue separado del zoológico y pasó a formar parte del ya mencionado sector. Vale aclarar que la jirafa no fue llevada a la Patagonia en las mejores condiciones de transporte. Es más, estuvieron dos horas para subirla a un trailer
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