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Muestra para fanáticos de Superman y Batman

Una muestra sólo para fanáticos rosarinos de Superman y Batman

Se inauguró ayer una muestra en el Centro Cultural Roberto Fontanarrosa con más de mil piezas de los dos superhéroes y sus villanos. Cómics, figuras, juguetes y videos.


Se inauguró ayer una muestra en el Centro Cultural Roberto Fontanarrosa con más de mil piezas de los dos superhéroes y sus villanos.


En “Batman & Superman”, la muestra que quedó inaugurada ayer en el Centro Cultural Roberto Fontanarrosa, los fanáticos podrán dar rienda suelta a dos pasiones, de a una o a la vez: la que despiertan los dos máximos superhéroes de todos los tiempos y la que implica el propio coleccionismo. Esculturas y muñecos en todos los tamaños de las dos fantásticas figuras, amigos y villanos, todas las variantes del Batimóvil (aparte del auto, versión moto, lancha, avión y helicóptero), ilustraciones, videojuegos, tapas de cómics, “rarezas” (como un Superman presidente de la Rusia comunista, un Batman vampiro u otro combatiendo a Jack El Destripador). Un total de más de mil piezas que recorren 75 años, la edad de los dos mayores personajes de la historieta, y que pertenecen a tres coleccionistas rosarinos: Carlos Coca, el “más feliz de los batitarados”; Andrés Rodríguez Haro, el apasionado de los cómics, y Robert Helguera, fan incondicional del héroe llegado de Kryptón.

  Reciben a los visitantes dos figuras de cuerpo entero de Batman y Superman, una de ellas modelada especialmente para la ocasión por un escultor de la ciudad que vive en Buenos Aires, Diego Gómez, autor también de los bustos de los dos superhéroes a escala real que vigilan la muestra desde el final del hall central.



  Después se puede disfrutar de toda la iconografía de los personajes, que recorre buena parte del siglo XX, desde la década del 30, hasta sus versiones más recientes, ya en pleno XXI, y que acusa recibo de las metamorfosis que tanto Superman como Batman fueron sufriendo al ritmo de la historia, los cómics y las posteriores series (primero radiales, después televisivas), largometrajes y dibujos animados.

  “Me tocó ser niño en la que considero «la década de oro de las figuras de acción»”, recuerda Robert Helguera (31), uno de los tres que aportó sus venerados objetos a la muestra, básicamente coleccionables del héroe de la gran S.
“La felicidad es una sumatoria de buenos momentos y coleccionar figuras me ayuda un poquito más a encontrarlos”, dice.

  Su primo, Rodríguez Haro, jura que lo de ambos no viene de familia.
El conocimiento y la fruición que pone el joven (30) para explicar a La Capital las más intrincadas genealogías de ediciones, marcas comerciales, sagas y rarezas lo ubican, sin riesgo de mayores equívocos, como un híbrido entre “friqui” y “nerd”.

Juntador. □El tercer dueño de los objetos que se exponen, Coca, no se asume como un verdadero coleccionista. “Yo junto cosas, como se juntan figuritas”, aduce. Su pasión son básicamente los batimóviles, que atesora en un número superior a 200.

  Coca es el mayor de los tres (tiene 56), psiquiatra, docente y realizador de cine. Pero a los efectos de la muestra en el Fontanarrosa, lo que más lo define es ser el “más feliz de los batitarados”, un incansable admirador del Batman de la serie de 1966, ese que mostraba a un Bruno Díaz menos oscuro que en sus inicios, flanqueado por Robin, o Ricardo Tapia, pero como siempre enfrentado con el Guasón o a punto de caer bajo los seductores ardides de Gatúbela.

  “Vengo de la batimanía más loca y delirante de los años 60, esa en la que tenía batiamigos con los que tomaba la batileche y hacía la batitarea”, cuenta. Antes o después, claro, de ver su capítulo diario de Batman.

  Más allá de las diferencias, los tres expositores son celosos custodios de sus tesoros: nadie más limpia sus piezas y alguno ni siquiera deja que le barran el piso de la habitación donde las guarda. Obvio que hasta ahora, ningún niño tiene permitido tocarlas.

  Rodríguez Haro titubea sobre qué hará si tiene un hijo. “Creo que le voy a tener que comprar todos los juguetes que quiera para que me perdone que no le preste estos”, conjetura.
  En el caso de Coca el problema podría llegar con un nieto, ya que cuando empezó a juntar batimóviles su hijo ya pasaba los 20. “Eso, quizás, me ponga a prueba”, admite. Pero hasta ahora, niño que va a su casa, niño que respeta la norma de “se mira, pero no se toca”.

  La muestra se podrá disfrutar en toda la planta baja del centro cultural (San Martín 1080) hasta el 14 de septiembre próximo, de lunes a viernes de 9 a 21, y fines de semana y feriados de 10 a 18, con entrada libre y gratuita.
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