Mujer y fierrera: la única mecánica de autos en Cba

Alejandra Zárate es la única mecánica mujer en Córdoba. Trabaja en un taller de barrio Talleres, a la par de sus compañeros hombres. “El sexo débil”, duro como el hierro.

¿Qué hubiese pasado si era la costilla de Eva la responsable de la creación de Adán? Probablemente el sexo débil vestiría de pantalones y la manzana estaría toda comida. Como para empezar. Pero, afortunadamente, no hizo falta que la historia de la humanidad fuese otra para que las mujeres den el gran paso y se desarrollen en ámbitos tradicionalmente considerados de hombres.

Un taller mecánico, por caso, no es precisamente el Edén. Sin embargo, entre grasa, cigüeñales, bujías y pastillas de freno, Alejandra Zárate allanó ese camino dominado fundamentalmente por hombres. Es la única mecánica mujer que hay en Córdoba, al menos de la que los registros sindicales dan cuenta, y hoy disfruta del reconocimiento profesional y es respetada por clientes y otros mecánicos.

“A los 10 años, me subía a la llave cruz para hacer palanca y aflojar las tuercas de la rueda. Hacía tortitas con la grasa y siempre tenía una herramienta en la mano. Así me crié, entre fierros, en el taller de mi papá”, comienza contando Alejandra a Tu Día, mientras le hace el afinado a un auto.

Quizá ese fue el primer obstáculo que derribó en quinta, a fondo: un padre machista que no concebía la idea de que mujer y mecánica estuvieran a menos de cinco centímetros de distancia.

Más de la mitad de sus 45 años se los pasó trabajando en varios talleres mecánicos, acumulando experiencia en su oficio y realizando cursos de mecánica. En el medio, y con intervalos, crió cuatro hijos que ya le dieron tres nietos. Ahora está en barrio Talleres, en Gabarini, donde hace mecánica general. Y no se ve haciendo otra cosa. “Si hoy me sacás esto, no sé a qué me podría dedicar”, cuenta. Y cuando lo dice, se emociona. Ahí la delata su sexo, y no precisamente el débil.

Lejos de enarbolar una bandera feminista, o fundamentar su actividad con un discurso promujer, Alejandra maneja una visión práctica que ve en la mecánica automotriz una salida laboral viable para cualquier mujer. De hecho, está interesada en formar una agrupación de chicas ligadas al rubro, desde mecánicas, tacheras, motoqueras hasta choferes. Pero reconoce que en Córdoba esa idea es difícil de concretar, precisamente por la falta de mujeres que realicen ese tipo de actividades.



Primero, mujer. Más allá de su trabajo, a Alejandra la coquetería no la abandona. Si bien usa borcegos y pantalones de trabajo, su vestimenta está impecable y para nada holgada. Con el pelo recogido y rímel en sus pestañas, poco parece una mecánica. Incluso su jefe, casi obligando a la verdad que asome entre bromas, la deschaba. “Ella tiene varios chip. Acá tiene puesto el de mecánica. Pero sale por esa puerta y se pone el de mujer. Y te aseguro que no la reconocés”, dice Roberto Gabarini, entre risas.

Cuando su horario laboral termina, vuelve a su casa, a la rutina diaria que tiene cualquier mujer. Vive con dos de sus hijos, a los que les prepara la comida, y tiene además la enorme tarea de abuela. Sus tres nietos se desviven por jugar con la caja de herramientas.

¿Sos vos? Sobre la reacción de los clientes, Alejandra tiene muchas anécdotas. Pero asegura que son más los que se sorprenden que los que se oponen a que una mujer meta mano en su auto. Algunos preguntan dos o tres veces si es verdaderamente una chica la mecánica. Otros hacen bromas al respecto. Pero todos, en definitiva, se van contentos con el trabajo.

Y narra una de sus experiencias: “Un día, cuando trabajaba en un taller en barrio General Paz, llegó una clienta con su auto. Tenía turno para hacer tren delantero. El dueño no estaba, así que le dije que lo dejara, que ya se lo hacía. La mujer me miró muy seria y me preguntó si yo era la que iba a desarmar su auto. Le dije que sí, pero que si tenía algún problema, esperábamos a mi jefe. Accedió, pero la primera media hora se quedó como una estatua a mi lado observando detalladamente todo lo que hacía. Terminamos charlando como grandes amigas”.

En la misma línea que los clientes, sus compañeros en el taller, Ariel y Gustavo, aseguran que el trabajo que hace es igual al que lleva adelante cualquier mecánico hombre. Y aunque el mundo de los fierros sigue girando sobre un mismo eje, el masculino, ambos coincidieron en que la incorporación de las féminas en estas tareas tiene ventajas. “La mujer es más prolija, responsable, ordenada, limpia y cuidadosa con las herramientas”, garantiza Ariel.




Derribando mitos. Sobre el supuesto que afirma que los mecánicos les mienten a los clientes mujeres y a los hombres les dicen la verdad, Alejandra tiende un manto de duda. “Si vos no sabés de algo, sea mecánica, cocina o astronomía, siempre vas a pensar que el otro te está mintiendo”, explica mientras intenta poner paños fríos al asunto.

También se somete a la prueba de la verdad y responde si el auto de la mujer llega más destruido que el del hombre. Silencio… “El de ellas llega más destrozado. Rayado a la vuelta. Y más maltratado, en algunos casos. Sólo en algunos. Porque la mujer conduce bien, respeta las normas, pero no maneja tan bien ni tiene la reacción que posee un hombre”, dice por lo bajo al tiempo que aclara: “Pero no en todos los casos”.