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[New York Times] Riesgos de trasladar la Capital

En la edición de hoy del influyente diario neoyorquino, Filipe R. Campante, profesor de política pública en la Universidad de Harvard, explica que Argentina una vez más se hace notar en los titulares internacionales, esta vez por la propuesta mencionada recientemente por la presidente Cristina Fernández de Kirchner de trasladar la capital de Buenos Aires a "la ciudad mucho más pequeña y (supuestamente tranquila) de Santiago del Estero".

A pesar de que "en la superficie es atractiva la idea de cerrar la brecha existente entre la metrópolis cosmopolita de Buenos Aires y el interior", la columna advierte que "podría empeorar las cosas" para un país ya "asediado" por la amenaza de un default.

Y afirma que si bien muchos otros países -incluido Brasil - trasladaron sus capitales el siglo pasado con el objetivo de "descongestionar" y "aumentar el desarrollo en regiones atrasadas," existe otro motivo más relacionado con la amenaza de las protestas y los alzamientos.

"La historia de las rebeliones políticas subraya el rol que juega una ciudad capital a la hora de decidir sus destinos. Un pequeño grupo de manifestantes en la capital puede sacudir a un gobierno de una forma en que grupos mucho más grandes no lo pueden hacer desde lejos. Es lógico entonces, que un gobierno debilitado considere trasladar la capital de un lugar con una gran población a un refugio más aislado, tal como hizo la junta militar de Myanmar" al trasladar la capital en su país.

Sin embargo, la columna advierte sobre los "peligrosos" efectos secundarios de trasladar la capital y asegura que si bien en Argentina no hay peligro de una guerra civil o un golpe militar, el país tiene una historia de crisis en la que Buenos Aires "ha sido un elemento clave".

Trasladar la capital a un lugar más aislado es conveniente para las democracias débiles y los gobiernos militares, ya que al alejarse de las masas "los protege de la amenaza de la remoción violenta del poder," explica. Sin embargo, asegura que también "reduce el grado de responsabilidad que enfrentan y sus incentivos para portarse bien".

Campante incluso utiliza ejemplos de capitales dentro de Estados Unidos, y asegura que ciudades como Albany y Springfield - capitales de los estados de Nueva York e Illinois respectivamente - no sólo son asociadas con un mal gobierno, sino que tampoco resultan de interés ni para los medios de comunicación ni para los votantes, ya que se encuentran alejadas de las grandes ciudades que tienen estos estados, como Nueva York o Chicago.

Y "cuando el gato se va, parece, los ratones pueden seguir aceptando sobornos" asegura, mientras dice que lo mismo va a pasar si Argentina decide mover su capital "de las luces brillantes de Buenos Aires a las planicies aisladas de Santiago del Estero".

"Si bien Argentina hoy difícilmente puede ser vista como un modelo de buen gobierno, es poco probable que alejarse de la población cosmopolita y de los grandes medios de comunicación sea de mucha ayuda," asegura, ya que las calles de Buenos Aires tienen el poder de mantener a raya a la clase política.

"Más allá de las verdaderas motivaciones, la idea de una capital aislada puede que no sea algo absolutamente malo, pero los argentinos deben considerar sus implicancias", ya que si bien al principio puede parecer "una idea fresca, podría terminar empeorando los desafíos para la gobernación del país", concluye.
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