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Niña prodigio, no tan "prodigio" parece .... :)

Polémica por la niña de siete años que vende cuadros


Marla Olmstead


Se llama Marla Olmstead y es la joven pintora de quien se cuestionan ahora sus habilidades artísticas en un documental. Sus cuadros llegaron a cotizar en un cuarto de millón de dólares.

Marla Olmstead es una niña pintora de sólo siete años que vendió sus cuadros, en la línea del expresionismo abstracto, en millones de dólares. Un reciente documental sobre ella plantea cuestiones profundas sobre el significado del arte, y acaba siendo un estudio sobre la ética del marketing y del periodismo.

El documental se titula “My kid could paint that” -mi hijo podría pintar eso- y será distribuido por Sony Pictures Classics, tras estrenarse en el festival de Sundance el mes pasado.

Marla es hija de Mark Olmstead, gerente en una fábrica de patatas fritas y pintor aficionado, y de Laura Olmstead, asistente de dentista, todos ellos vecinos de Binghampton, en el norte del estado de Nueva York. Empezó a pintar en el 2002, cuando tenía sólo dos años. Su padre le dejó pinceles y grandes lienzos tendidos en el suelo. Ella realizó una serie de enormes cuadros de colores vivos que evocan la obra de autores célebres del expresionismo abstracto, como Jackson Pollock, o de artistas de la generación anterior como Kandinsky y Klee.

Debido al talento nato de la niña, un galerista local, Anthony Bruneli, se interesó por sus cuadros y expuso la obra que Marla realizó cuando tenía cuatro años, en mayo del 2004. La muestra recibió cobertura extensa en los medios de comunicación. A partir de ese momento, la cotización de sus cuadros llegó a venderse en más de los 250.000 dólares en algunos casos.

Incluso aparecieron fans de toda índole. Cristianos evangélicos creían -con la ayuda del experto Bruneli- que una mancha amarilla reflejaba la presencia de Dios en el cuadro; otros más versados en historia del arte tenían a Marla por un nuevo Pollock.

"El chiste de que un niño podría haber hecho un Pollock no capta la verdadera importancia de Pollock, que era la subversión de la pintura moderna", escribió Michael Kimmelman, crítico de arte, a finales del 2004. Quiso decir, que las intenciones del pintor son más importantes que el cuadro en sí.

El afán de su padre y de Bruneli por promocionar la obra de la niña, poniendo títulos pretenciosos como “El sueño de Pollock”, organizando una exposición en Manhattan y vendiendo las pinturas a precios cada vez más disparados mediante una sofisticada página web, pronto suscitaría escepticismo y sospechas. Un experto en desarrollo infantil indicó en televisión que la niña, en realidad, no podía ser la autora intelectual de las obras sino que su padre la había dirigido. "Cuando vemos a Marla pintar sola, hace lo mismo que los niños de su edad", dijo.

En el documental se hace referencia a estas sospechas que parecen fundamentadas cuando Marla, ante la cámara, mezcla colores sin método ni arte. En otro intento de filmar el proceso creativo en vivo, Marla pregunta de forma traviesa a su padre: "¡Vení, papito! ¡Ayudáme! ¡¿Qué tengo que hacer?!".

Los padres explican que, por una combinación de timidez y travesura, Marla se niega a pintar ante las cámaras de extraños. Luego ruedan su propio video, en el que Marla pinta un cuadro que se vende poco después por 200.000 dólares a una pareja de nuevos ricos que se lo llevan en un gigantesco todoterreno de la marca Hummer. Varios videos de la menor pintando pueden verse en la web www.marlaolmstead.com.

Pero el director del documental, Amir Bar-Lev, no se muestra demasiado convencido. Dice que trató de averiguar por qué, con el arte abstracto, "algunos ven la obra de un genio y otros ven una porquería". Pero acaba haciendo una película sobre la desconfianza y la inocencia.

Los padres, por su parte, emitieron un comunicado sobre el documental en el cual dicen que se sienten decepcionados ya que "las cuestiones sobre la autenticidad de los cuadros se han resuelto". En todo caso, pese a las dudas sobre la verdadera autoría de los cuadros, los compradores siguen apareciendo, al menos si se cree a los padres y a los galeristas. Según afirmó la madre de Marla: "No tenemos exposiciones previstas, pero las ventas siguen sin verse afectadas". Sherie Santiago, que trabaja para la galería virtual Stu-Art Gallery en Binghampton, dijo en conversación telefónica: "Recibo una llamada de interesados cada dos o tres días".


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