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#NiUnaMenos Debates urgentes para cuidar a las mujeres


Hay criminales que proclaman tan campantes ‘la maté porque era mía’, así no más, como si fuera cosa de sentido común y justo de toda justicia y derecho de propiedad privada, que hace al hombre dueño de la mujer. Pero ninguno, ninguno, ni el más macho de los supermachos tiene la valentía de confesar ‘la maté por miedo’, porque al fin y al cabo el miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo”.

Eduardo Galeano.


La violencia machista que se cobró una vida cada 31 horas durante 2014 en la Argentina, según el relevamiento de la asociación civil “La Casa del Encuentro”, está generando una repulsión popular cada vez más masiva, embanderada en el pedido de que se acabe la violencia y que se proteja más a las mujeres. Para que no haya ni una muerta más, ni una mujer menos.

En Córdoba, fueron 17 las mujeres muertas en 2014, y en lo que va de 2015 se registraron 7 femicidios. 2013 conserva el peor número de los últimos ocho años, con 27 muertes.

De los casos ocurridos en Córdoba entre 2014 y lo que va de 2015, el 92 por ciento está resuelto, con el femicida suicidado o preso, incluso habiéndose entregado voluntariamente muchas de las veces. También caracteriza a los crímenes locales una importante descentralización en el territorio provincial: sólo el 12,5% (tres casos) ocurrió en la Capital.

Urgencias en debate. Entre los principales pedidos que motorizan la marcha figura el destino de mayor presupuesto para programas de difusión y concientización; aplicación completa de la ley nacional 26.485 de Protección Integral de las Mujeres que contempla todas las formas de violencia (físico, psíquica, económica, sexual y simbólica) así como la ley provincial de Violencia Familiar 9.283; garantizar el acceso a la justicia de las mujeres violentadas con el debido respeto y celeridad.

También se reclama que se elaboren estadísticas oficiales para poder estudiar, analizar y mensurar la problemática, y poder así diseñar políticas públicas acordes, y que se brinde educación sexual integral en todos los niveles para formar en la igualdad. Asimismo, se solicita que se garantice la protección de las víctimas y el efectivo cumplimiento de las órdenes de restricción o cualquier otra medida que se dispusiere.

Día a Día consultó a especialistas en diferentes campos para debatir la viabilidad y conveniencia de los principales reclamos.

Emergencia. La declaración de emergencia en violencia de género busca que se asigne mayor presupuesto para tratar la problemática, con perspectiva integral y multidisciplinaria, destinada a prevenir, asistir y combatir todas las formas de violencia.

“En 2012 habíamos presentado un proyecto sobre la emergencia y hemos acompañado todas las iniciativas en este sentido, porque entendemos que la emergencia incluiría mucha sensibilización”, dijo la legisladora Liliana Montero, quien acompañó en los últimos días un proyecto de emergencia elaborado por organizaciones sociales. “En términos de presupuesto creo que hay que revisar en qué se está gastando y cuánto, para poder unificar los recursos de todas las áreas que se ocupan de violencia”, agregó.

Refugios. La falta de recursos para abandonar el hogar en el que la víctima convive con el victimario es uno de las razones que desalienta las denuncias por violencia. Ante esto, uno de los reclamos apunta a la necesidad de que se construyan “refugios” o “casas de contención” para alojar temporalmente a las mujeres y a sus hijos cuando exponen judicialmente el asunto.

“No se trata solo de un techo, se trata de una asistencia integral que incluya alojamiento, subsidio, talleres de formación e integración laboral, para que la mujer que denuncia esté contenida hasta que pueda solventar económicamente a su familia”, precisó Marina Acosta, hermana de Paola Acosta –la joven que fue asesinada y arrojada a una alcantarilla junto a su pequeña hija Martina, que sobrevivió al brutal ataque de su padre– y candidata a legisladora por el MST.

El psicólogo social Sebastián Bertucelli, por su parte, consideró que los refugios deben ser la última alternativa. “Primero hay que recurrir a las redes comunitarias, agotarlas, toda persona prefiere vivir en una casa, contenida afectivamente, y no en un refugio, no se puede suplantar la vida cotidiana”, aseguró, y aclaró que para que esto sea en un entorno seguro hay que activar servicios de asistencia en las comunidades.

Prevención. “La única manera de prevenir es con educación en las escuelas sobre igualdad de género, es a largo plazo, pero es un delito intrafamiliar basado en patrones culturales que no se modifican de un día para el otro”, apuntó Bettina Croppi, a cargo de una de las fiscalías especializadas en Violencia Familiar.

Alejandra Monteoliva, exministra de Seguridad y especialista en Políticas de Seguridad y Convivencia Ciudadana, agregó que es indispensable para la prevención trabajar con un enfoque epidemiológico. “Hay que analizar los patrones que caracterizan a este tipo de violencia para poder establecer políticas direccionadas: por un lado, prevención primaria que se hace extensiva a toda la comunidad a través de la educación y por otro prevención secundaria, que se hace en función de los factores de riesgo”, explicó, y confirmó que el antecedente de algún litigio judicial y la falta de autonomía económica son parámetros recurrentes.

Asistencia. Para Bertucelli, es primordial dejar de considerar a la mujer que padeció violencia como una víctima. “Hay que ayudarla a que deje de ser víctima, para que sea una mujer libre, con derechos y obligaciones, capaz de autogestionarse. Ella tiene que sanar, no revictimizarse, ni acostumbrarse a vivir con un botón de pánico en el bolsillo”, sentenció Bertucelli.

“Si hacemos campañas de visibilización pero no de protección, jugamos para el victimario. Hay que proteger, hacer seguimiento, trabajar coordinadamente y estar cerca de donde nos pueden necesitar”, añadió, y consideró que no se puede obviar el trabajo con el victimario: “Si un psicópata no se va a sanar, pero si no lo es puede curarse de violencia, también hay que trabajar con él”.

Monteoliva apuntó en que, tanto el botón antipánico como las pulseras con seguimiento, “son salidas inmediatas que no apuntan al fondo de la cuestión ni a la solución del problema. La buena noticia sería que se entreguen cada vez menos botones antipánico”.

En este sentido, Croppi expresó: “Tenemos muchas cuentas pendientes para trabajar la violencia, asistencia a la víctima hay pero hace falta que sea más: es imprescindible darle oportunidades de inserción laboral y ayuda económica, pero también hacerla partícipe de talleres de empoderamiento para que pueda salir de ese lugar de vulnerabilidad”.

En línea con Bertucelli, Croppi consideró que “hay que hacer un cambio de paradigma, empezar a trabajar en tratamientos de reinserción con el victimario, y llevar los talleres con perspectiva de género a todos los ámbitos”.
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