No es porno todo lo que reluce


No es porno todo lo que reluce



Desde ya, me declaro irritada, a la par que sumamente fascinada, por el tremendo circo de los horrores que está siendo la promoción avasalladora del rodaje-estreno-distribución del último fenómeno masivo de ventas literarias y ahora cinematográficas, 50 sombras de Grey.

Con una fidelidad absurdamente extrema al libro de origen, lo cual no es ningún piropo, la película calca literalmente líneas de diálogo. ¿Lo bueno? Que al trasladarlo a imágenes en parte se elimina lo burdo y chirriante de una prosa simplista y reiterativa. ¿Lo malo? Que se recorta todo lo que pueda haber de mínimamente explícito en las escenas sexuales y que se apueste por la vertiente novela rosa, acompañado por un intento continuo de dotar de clase a sus imágenes, su puesta en escena y su música. El valor literario nulo se traduce en valor cinematográfico inexistente.

En esencia, el contenido es el mismo: estudiante inocentona conoce a joven multimillonario buenorro al que le va el sadomasoquismo, tema amo-esclava y demás. Pero, oh vaya, la cosa se complica porque se enamoran, y además con mucho trauma de por medio. En el fondo, una historia romántica para adolescentes a lo Crepúsculo o Tres metros sobre el cielo, pero con el toque pretendidamente subversivo del sexo para acercarlo al espectador adulto. Todo parecido con Historias de O es mera coincidencia.

La gigantesca maquinaria de promoción nos ha dado un globo inflado de tórridas promesas que, en tiempos donde estamos acostumbrados a ver de todo, se rompen a favor de un porno soft, en realidad un erotismo descafeinado más risible que escandaloso, tan preocupado por la clasificación por edades que incluso le cuesta sacar los pantalones a su protagonista.

Sin entrar ya en consideraciones sobre la representación del rol de la mujer como sumisa, es una evidencia la ofensa hacia cualquier espectador mínimamente crítico, reforzada por el hecho de que una película como esta ocupe tanta salas frente a otras que se quedan en un cajón o sufren de distribuciones minoritarias y maltratadas.