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'No queremos vivir al lado del IS'

EL DESAFÍO YIHADISTALa ofensiva kurda
'No queremos vivir al lado del IS'
El terror a los yihadistas del Estado Islámico deshabita la ciudad iraquí de Majmur
Los vecinos de la ciudad, recuperada por los kurdos, recelan de los pueblos limítrofes
Las escaramuzas de yihadistas y kurdos se suceden a tan solo tres kilómetros del enclave
Éxodo en la ciudad iraquí de Majmur.Vídeo: FRANCISCO CARRIÓN (Foto: EFE)
FRANCISCO CARRIÓN Especial para EL MUNDO Majmur (Irak) Actualizado:23/08/2014 10:35 horas  El blindado con el que el general Hasan Husein se dirige al frente cruza en silencio el pueblo de Majmur. Es media mañana pero cuesta hallar un alma merodeando por sus calles. Rodeado de montañas y canteras de piedra caliza, el enclave de mayoría kurda -a unos 50 kilómetros al norte de Erbil- se ha liberado de las garras del Estado Islámico (IS, por sus siglas en inglés), que durante unos días montó guardia en sus confines. "Llegaron con furgonetas y artillería pesada. Son veloces y poderosos. Tienen en su poder todas las armas sofisticadas que dejó el ejército iraquí en Mosul y de las que nosotros carecemos", relata a EL MUNDO Husein antes de enfilar el camino hacia la batalla.
Dos semanas después de la reconquista, los "peshmergas" (tropas kurdas) apenas han podido ganar terreno a los yihadistas. La frontera se ha atascado a tres kilómetros de la villa, otrora habitada por 15.000 personas. "Estamos excavando trincheras. Ayer pensamos que iban a atacar y fuimos en masa a los fosos para detenerles", detalla el teniente Luqman Ali desde un precario puesto de control que todavía conserva la pintada con la denominación del IS garabateada por sus últimos inquilinos.
Caído en manos de los barbudos el 8 de agosto, el pueblo fue rescatado dos jornadas más tarde con el viento a favor de los bombardeos aéreos lanzados por EEUU sobre posiciones del califato. Los días, sin embargo, no han aplacado el terror de sus habitantes, que huyeron cuando el ejército kurdo anunció la retirada. Pocos son los que han emprendido el regreso. "No queremos vivir a cinco minutos del IS. Nuestra dignidad está por encima de nuestras propiedades", dice Miran Musa. El joven, empleado de una mezquita local, ha vuelto pero su familia continúa refugiada en Erbil, la próspera capital del Kurdistán iraquí. "Es gente suicida sin principios ni humanidad", despotrica al calor de una pequeña tertulia de hombres.
Las huellas de la breve incursión yihadista aún asoman por el callejero de Majmur: algunos comercios han sido saqueados; un par de tiendas ardieron en mitad de las escaramuzas y varias casas y edificios estatales fueron asaltados. "He perdido toda la producción de pescado que había alimentado durante los últimos seis meses. Al regresar los 3.000 peces estaban flotando en el agua", maldice Hashem Karim, propietario de una piscifactoría. No es el único sepultado por el desastre económico. Hay quien ha extraviado su rebaño de ovejas o dado por perdida una granja de pollos plantada en medio de líneas rivales. "La mitad de la población no quiere volver", reconoce Karim, receloso de la habilidad de los "peshmerga" para repeler una posible nueva ofensiva. "¿Y si vuelven a atacar y los soldados se marchan otra vez?", se interroga sin hallar respuesta.
Comandantes 'peshmerga' del Kurdistán observan el frente de Majmur (Irak)YOUSSEF BOUDLALREUTERS
De momento, son los varones quienes engrosan la avanzadilla con la que el poblado comienza tímidamente a desperezarse. "Tienen que regresar. El IS es una fuerza brutal y despiadada pero no es tan poderosa como dice. Le estamos pidiendo a la gente que desconfíe de su propaganda en internet. Es una táctica para sembrar el terror psicológico", apunta a este diario Nayat Ali, jefe de los batallones kurdos en Majmur. Admite, no obstante, que la capacidad de los yihadistas es muy superior a la de su cuartel. "Controlan todo el arsenal enviado por EEUU que se almacenaba en Mosul y Tikrit. Por eso estamos esperando con impaciencia las armas pesadas prometidas por EEUU y algunos países europeos", confiesa Nayat desde unos de los módulos prefabricados instalados en la sede del Partido Democrático del Kurdistán (PDK).
A la desventaja en el campo de batalla, aliviada por los ataques aéreos que Barack Obama autorizó el 7 de agosto, se suma el enorme recelo hacia los pueblos vecinos, ocupados por el IS y habitados por árabes suníes. "La vida solo volverá a ser como antes cuando los 'peshmergas' tomen Baqirt (la localidad colindante)", resuelve el joven Abdalá Suleiman. La ofensiva lanzada en junio por el IS con la conquista de Mosul -la capital de la provincia a la que pertenece Majmur- y el impulso logrado a principios de este mes han redoblado las tensiones entre kurdos y árabes.
"Muchos de los suníes que viven en los alrededores apoyan al IS y se han alistado como combatientes. Algunos de los que habitaban entre nosotros han cooperado proporcionando información sobre la ciudad", arguye Mohamed Hamid, líder local del partido liberal Gorran (Cambio, en kurdo). Con las embestidas de los yihadistas -que han explotado el sentimiento de alienación que experimentan los suníes ante el predominio chií en Bagdad- también han emergido las rencillas y agravios entre suníes y kurdos. "Hace un siglo -explica Hamid- no había ningún árabe en Majmur. Pero luego vinieron las campañas de arabización de Sadam Husein (iniciadas en la década de 1970). Y la población árabe participó en el baño de sangre de los kurdos. El Baaz (partido del ex dictador) popularizó un eslogan: 'La cabeza del kurdo para nosotros y sus propiedades para el pueblo". Sin tomar aire, el político desempolva capítulos de revueltas kurdas ahogadas por matanzas y concluye: "Tras la caída de Sadam, no nos cobramos la revancha. Cuando irrumpió el IS, en cambio, ellos abrazaron su terror. No hay convivencia posible. Nunca más".
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