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"No quiero una Tumba . Deja que el Viento me Lleve&quot

"Te digo desde lo más profundo de mi corazón que no quiero tener una tumba para que vayas a llorarme y sufrir. No quiero que vistas de luto por mi. Esfuérzate en olvidar mis días difíciles. Deja que el viento me lleve". Son algunas de las sobrecogedoras palabras que la joven iraní Reihané Yabarí, ahorcada el pasado sábado, le dirige a su madre en una misiva publicada por activistas de derechos humanos.


Reihané Yabarí, la joven iraní ahorcada el pasado sábado por defenderse de su violador


En la carta Yabarí, de 26 años, le pide además a su progenitora que cumpla su última voluntad: donar sus órganos. "No quiero pudrirme bajo tierra. No quiero que mis ojos ni mi joven corazón se vuelvan polvo. Te ruego que tan pronto como sea ahorcada, mi corazón, mis riñones, mis ojos, mis huesos y todo aquello que pueda se transplantado sean tomados de mi cuerpo y entregados como regalos a quienes los necesiten. No quiero que el destinatario sepa mi nombre, me compre un ramo de flores o rece por mí", escribe la joven, condenada a muerte en 2009 por el asesinato tres años antes del médico Morteza Abdolalí Sarvandí.

'Una criminal despiadada'

Yabarí -ejecutada el sábado al amanecer en la cárcel de Rajaishahr, próxima a Teherán- reconoció haber herido al doctor con un pequeño cuchillo después de que intentara violarla pero negó siempre ser su verdugo. Según el testimonio de la ajusticiada, otra persona apareció por el apartamento al que Morteza -ex agente del ministerio de Inteligencia- la había llevado con el pretexto de rediseñar su oficina y lo asesinó.

Por aquel entonces la joven, diseñadora de interiores, solo tenía 19 años. "El mundo me permitió vivir durante 19 años. Aquella noche ominosa era yo la que debería haber sido asesinada. Mi cuerpo habría sido arrojado en algún rincón de la ciudad y, días después, la policía te habría llevado hasta la oficina del médico forense para identificar mi cadáver y comunicarte que había sido violada. Nunca habrían encontrado al asesino porque carecemos de su riqueza y poder. Luego habrías continuado tu vida sufriendo y avergonzada. Y unos años más tarde, habrías muerto de dolor", aventura Yabarí en una misiva fechada el 1 de abril y divulgada ahora por activistas iraníes.

"Sin embargo, con aquel maldito golpe la historia cambió. Mi cuerpo no fue arrojado en cualquier lugar sino en la tumba de la prisión de Evin y sus solitarias salas. Pero cede al destino y no te quejes. Sabes bien que la muerte no es el final de la vida", relata la ajusticiada en un texto en el que se queja de que ningún tribunal escuchó ni creyó su testimonio. "Me presentaron como una criminal despiadada", asevera quien, resignada, acepta el cadalso y suplica a los suyos que no traten de salvarla.

Súplicas de clemencia

Yabarí confía, no obstante, en que el juicio divino pueda hacer pagar al médico que trató de violarla y los jueces que la condenaron por "su ignorancia y las mentiras con las que me agraviaron y pisotearon mis derechos". "Quiero abrazarte hasta que muera. Te quiero", concluye la carta dirigida a su madre.

Ni las súplicas de clemencia de su familia ni las llamadas de la comunidad internacional pudieron salvar su vida. Las autoridades judiciales del país nunca creyeron su versión. El Tribunal Supremo de Irán confirmó la sentencia y -a pesar de los intentos de mediación gubernamental llevados a cabo durante el último mes- la familia de la víctima rehusó conceder el perdón que permite la ley de guesas (ley islámica de "retribución" que exige el pago de sangre con sangre) y que habría alejado a Yabarí del cadalso. "Solo cuando sus intenciones sean reveladas y diga la verdad sobre su cómplice, estaremos dispuestos a conceder la misericordia", declaró Yalal Sarvaní, el hijo del doctor asesinado.

La ONU, la Unión Europea y organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional o Human Rigths Watch habían pedido la cancelación de la condena y la repetición de un proceso que -a su juicio- había carecido de las mínimas garantías. Según la ONU, más de 250 personas han sido ejecutadas en Irán a lo largo de 2014. La muerte de Yabarí es el enésimo revés en la lucha de las iraníes por sus derechos. "Si la mujer acepta la violación, la tendrán que lapidar y si se resiste, la ahorcarán por el guesas", denunció el sábado el padre de la joven, Fereidún Yabarí, en declaraciones a Efe.

La ejecución suscitó una amplia condena internacional. "Hubo graves preocupaciones sobre si su juicio fue justo y sobre las circunstancias que rodearon este caso, incluidos informes de confesiones hechas bajo grave coacción", aseveró la portavoz del Departamento de Estado de EEUU Jen Psaki en un comunicado. Amnistía Internacional, por su parte, denunció que la muerte de Yabarí es "otra mancha sangrienta en el historial de derechos humanos de Irán".

Para tratar de responder a la indignación que recorrió el planeta, la oficina del fiscal general de Teherán hizo pública una nota justificando su muerte: "Yabarí confesó en varias ocasiones el asesinato premeditado pero luego intentó desviar el caso inventándose la acusación de violación. Todos sus esfuerzos de fingir su inocencia quedaron al descubierto. Informó a un amigo de su intención y se comprobó que había comprado el arma homicida dos días antes del asesinato".
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