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''Nos confundian con Pink Floyd'' - Pastillas del Abuelo

“Nunca fuimos Pink Floyd”


Estrenaron una obra de teatro, se tomaron un receso obligado, grabaron un disco y preparan otro. Las Pastillas del Abuelo tuvo un año movido y se prepara para cerrarlo el 23 de noviembre en Tecnópolis. El aquí y ahora de un conjunto de neuronas en constante movimiento.




En esta tarde de primavera la sala de ensayo de Las Pastillas del Abuelo es un hormiguero recién pisado. Los plomos de la banda transportan laboriosamente cajas de equipos e instrumentos, que cargan en el micro de gira. El equipamiento técnico del grupo ocupa un ambiente entero, el principal de esta casa ubicada en el barrio porteño de Villa General Mitre. Mientras los asistentes trabajan, Juan “Piti” Fernández, Fernando “Fer” Vecchio y Diego “Bochi” Bozzalla charlan sobre lo que les espera en los próximos días de ruta.

De alguna forma también aceitan los engranajes de la maquinaria pastillera, que entró en pausa en junio de este año, mientras la banda le hacía el aguante a Piti en la espera de Josefina, su primera hija, que nació el 17 de julio pasado. “Es muy reciente todo. Esta es la primera vez que nos vamos de gira y me voy tres días de casa. Ya la extraño”, se sincera Piti. “Es una etapa muy nueva y supongo que como cualquier etapa va a implicar cambios fuertes, pero sin salir del curso inevitable, porque somos músicos y trabajamos, justamente, ubicando los tiempos y las formas.
Ahora que viene México va a ser tremendo”, asegura sin titubear. El “ahora que viene México” al que hace referencia Piti es el tour que durante diez días de este mes los llevará por tierras aztecas.
Ese será el primer gran desafío de fuego para el cantante y su paternidad. Bochi, a su lado, lo mira con ojos de sabio, como un maestro zen barbudo y fumón. Es que el guitarrista ya tiene cuatro hijos, tres de los cuales llegaron de un tirón. “Es nuestro laburo, es lo que elegimos nosotros. Mi viejo me llevaba al colegio y por ahí hasta después de cenar no lo veía. Yo estoy re presente cuando puedo. Es verdad, por ahí nos vamos diez días de gira, pero cuando estoy trato lo más posible de estar con ellos”, explica.




–¿Cómo arribaron a esa forma de trabajo?
Piti: Es que las reuniones duraban mucho. Así que ahora se debate rápidamente, y como somos siete nunca terminamos empatados.
Fer: Siempre falta alguno igual (risas). Son muchos años juntos, entonces el grupo tiene una dinámica que tarde o temprano tenés que incorporar. Dejás de pelear contra lo que no te gusta del otro para aceptar que el otro tiene eso que no te gusta. Nos podemos pelear doscientas mil veces porque llegaste tarde o porque no viniste a la reunión, o podemos prescindir de tu voto. Si no venís no votás, pero después no te quejás.
Al principio hacíamos boludeces, como por ejemplo resolver una situación entre tres o cuatro y cuando se comunicaba, alguno decía “pero me tenés que llamar…”.Entonces se volvía todo para atrás a votar y a esa altura la fecha en la que íbamos a tocar ya se había ocupado, por ejemplo. Eso pasa porque todos nos involucramos, queremos estar en todo.
Piti: Al repartirnos ciertas cosas y debatir lo necesario somos más eficientes. También pasa que discutimos cosas poco urgentes, y los temas importantes se los carga uno, y todos les preguntamos a ese (risas). A Fer le toca mucho ese papel, y después votamos si tenemos que ir a un casamiento (risas).
–Se han organizado bien, porque consiguieron mucho en un lapso de tiempo más bien corto…
Fer: Si nos hubieran puesto un papel hace doce años atrás con todo lo que hicimos hasta ahora creo que todos lo hubiéramos firmado cagándonos de risa, porque no lo hubiéramos creído. No fue fácil, tampoco. Porque cuando las cosas suceden rápido no es fácil asimilarlas y no darse el tropezón y decidir bien, cuando sentís que estás corriendo. A veces no es que estás corriendo, sino que la inercia te lleva. Pasás de llevar 300 personas a 500, a 1000, a 3000 y así en pocos años.




Ese andar apurado se frenó un poco durante el parate por el nacimiento de Josefina, pero Las Pastillas no dejó de funcionar. Así fue que grabaron El barrio en sus puños, la banda sonora de la obra que armaron junto al colectivo de actores de Teatro Ciego y que se estrenó en enero de este año. Para entender de qué se trata esta nueva aventura es necesario bucear un poco en la historia del grupo. Un día cualquiera de 2006, Piti paró un taxi. El conductor del auto era Alberto “Beto” Sueiro. Esa primera vez que se vieron, como chofer y pasajero, Beto le recitó una poesía para Diego Armando Maradona, que alucinó a Piti.
A partir de ahí hubo una serie de desencuentros, el cantante de Las Pastillas del Abuelo perdió el teléfono de su compañero poeta (como le gusta decirle), hasta que a través de un allegado en común se produjo el reencuentro, que se materializó en “¿Qué es Dios?” una canción que finalmente entró en Crisis (2009), el tercer disco de la banda. La fórmula se repitió en “Loco no discrimines” (que salió en Desafíos, de 2011) y la inédita “A medias”. Además Beto y su taxi son los protagonistas del video de “Tantas escaleras”, en el que se refleja su vida mitad bohemia, mitad laburante de la calle. La sociedad sumó un nuevo capítulo con El barrio en sus puños, que tuvo este nacimiento que cuenta el cantante: “Un día Beto me llama y me dice: ´Piti, están por hacer la película de Ringo Bonavena, tengo una letra para él ¿por qué no hacemos algo parecido a lo del Diego?´.
Entonces nos pusimos a trabajar en esa poesía, que era muy extensa, y de la que yo hice cinco canciones para diferentes momentos de la película, en la que iba actuar Rodrigo de la Serna. No llegamos ni a hablar con los productores, porque el proyecto se cayó, así que nos quedamos con estas canciones para Bonavena, de un minuto y medio cada una. No podíamos hacer mucho con ellas, pensamos en un EP, pero no nos cerraba la idea. En esos días me encontré a Alejandro Balbis, que me contó que iba a hacer un show a oscuras total, como teatro ciego, así que me invitó a verlo y me encantó la idea de la murga uruguaya para hacer algo con esas canciones, ya que tienen siempre un hilo conductor, que en este caso era lo que tenía de Ringo”.




–¿Y el resto de la banda había ido a ver alguna obra de teatro ciego antes?
Bochi: No, en mi caso sabía de la existencia hace un montón porque había llevado a mi hijo mayor a una clase de iniciación, pero no entré con él porque me quedé con mis otros nenes afuera. Tuve la experiencia de nuestra obra, directamente.

–Ustedes participan de la obra, tocando las canciones en vivo. ¿Cómo hicieron para vivir la experiencia?
Fer: Lo que pasa es que cuando ya tuvimos la estructura de los temas, los chicos de la obra necesitaban el audio para ver dónde poner las voces en off, los olores, los ruidos y demás.




EL DISCO QUE SE VIENE


A pesar de que acaban de editar El barrio en sus puños, Las Pastillas ya piensan en un nuevo álbum, el sucesor (con letras y músicas propias) de Desafíos (2011). Ya tienen listas 21 canciones, pero esperan que se sume alguna más, para después hacer el filtro y que queden las once o doce que conformen el tracklist final del disco.
–¿Ya tienen definida la forma en que lo van a trabajar?
Fer: Estamos en etapa de pre-producción, reuniéndonos con productores, por ahí ya con alguno un poco más definido, en la espera que nos haga la devolución de lo que le pasamos.
Piti: A veces es por el bien del proyecto. Pero esta vez por el bien del proyecto lo tenemos que hacer tranquilos.




Fer: El primero lo hicimos de la manera que pudimos hacerlo. Con el disco rojo (se refiere al homónimo, de 2006) intentamos hacer algo diferente. Y lo mismo con Crisis y cada vez que fuimos a un estudio. Siempre buscamos algo nuevo. En El barrio en sus puños buscamos que las tomas salgan grupales y que los audios sean acústicos, algo que nunca habíamos hecho. Si repetimos esa forma es por el swing de la canción. Lo que pasa en ese caso es que si todos los que nos metemos a grabar y sabemos perfectamente qué tocar es muy difícil darle onda. Entonces para eso necesitamos una preproducción larga, para que cuando te metas en el estudio no haya dudas, que puedas ir de la versión que más onda tiene a la que tiene menos.




Con esos audios armaron las escenas y cuando estuvo listo nos invitaron a la sala de ellos y nos hicieron una función con esa base. Fue muy flashero, porque si hacés el ejercicio de cerrar los ojos y entregarte a la nada misma, todo lo que pasa lo sentís vos. Si intentás ver perdés mucha energía y no lo vivís igual. Ahora si te entregás, cada toquecito, cada soplido del viento, cada gotita de agua, te lleva a algo. En un momento estás en la cancha de Huracán. Te caen papelitos, se escucha la hinchada…
Piti: ¡Te pasan una bandera y la tocás!
Fer: Por un momento estás en el estadio, porque la cabeza vuela y te lleva sin pensarlo. Y está bueno porque el marco es tu propia imaginación, cada uno tiene la cancha que se imagina, ¿no?
Bochi: Aparte obliga a que tu cuerpo reubique qué sentido focaliza. La vista es el sentido que más usás, habitualmente. Al verse alterado avivás a los otros. Estás un buen rato sin poder mirar, no sabés a quién tenés al lado. Hay gente que se ha quedado dormida, por un reflejo, casi te diría.
Fer: O gente que se asusta. Por eso hay que tocar a un determinado volumen, porque podés provocar algo que no está bueno.
Piti: Que los chicos del Teatro Ciego, que han estudiado, nos hayan dicho que esto no se hizo nunca en el mundo, es lo único que me deja tranquilo. Más allá de las funciones, de lo logrado, del techo creativo al que llegamos. Y eso que El barrio en sus puños es un increíble techo creativo.
–¿Musicalmente fue más complejo que el resto de sus discos?
Fer: Creo que los temas, al ser más cortos, y tan temáticos, no se nos hicieron tan complicados como en otros casos donde es más difícil encontrarle la identidad a la canción. La letra te va metiendo en la historia de Ringo, y se entiende que tiene que hacer la canción. Es como que te das cuenta enseguida si es alegre, si es triste, si es un momento de suspenso… A nosotros nos ha pasado que un tema empezó como reggae y terminó como ska, por ejemplo.
Piti: Y suponiendo que haya terminado correctamente. Yo también tengo esa sensación de… ¿cómo decirlo? ¿Permitir atajarme sería? De a poco los temas se fueron dando barriales, arrabaleros, y de a poco fue apareciendo el tango en este disco.

–Creo que es su disco más porteño, más ciudadano.
Piti: Sí, puede ser. No estoy seguro que sea un gran disco de tango, pero es todo lo que pudimos dar. Hay blues, murga, y demás géneros, que tampoco sé cuán bien están. Somos una banda que hace lo máximo que puede por llevarle a la gente una historia lo más divertidamente contada y que se pueda disfrutar. Siempre decimos que hacemos “aire de”. Más allá de que hayamos estudiado, hay gente que nace con estilos en las venas, que se dedica pura y exclusivamente a tocar ese mismo estilo.
Fer: La impronta es la impronta. Uno toca mejor lo que más siente. En las distintas canciones nos va pasando que cuando van más con tu gusto personal son las más disfrutás y las que mejor tocás.

–Pero El barrio en sus puños tiene un formato de canción diferente al abarcado por ustedes antes.
Piti: Es que este disco cambia muchas cosas en Pastillas, es una bisagra. Saber cómo se fue dando el disco ayuda también a entenderlo. Saber que nació de una poesía que se fue estirando, que no fueron letras que estaban compuestas, por eso está bueno difundir la historia.
–Hacer este disco, ¿les cambió mucho la dinámica grupal?
Bochi: Al ser una obra de una hora, y que la música debe acompañar una situación es como que nos hizo dar cuenta que no toda canción necesita tener un solo largo. Acá teníamos un tiempo y había que meterlo en una sintonía determinada.
Piti: Nunca fuimos Pink Floyd tampoco.
Bochi: Bueno, en Crisis, si bien nunca fuimos Pink Floyd, estaba el pobre Tucán Bosa metiéndole a pleno. ¿Te acordás que le decíamos “pensá en Pink Floyd”?
Piti: Con la zamba, es verdad (se refiere a “¿Hacia dónde voy?”). Hemos sido más Pink Floyd, entonces. Pero esto fue un desafío, porque tiene que tener una dinámica la obra, y no cansar. Teníamos que acortar los tiempos, ser precisos. Porque breve y bueno, dos veces bueno.















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