Nuevo enigma K: cómo frenar a Scioli





Máximo había destapado la Caja de Pandora en aquel acto de La Cámpora en Argentinos Juniors. “Gánenle a Cristina y sanseacabó”, desafió a los opositores. A partir de allí, tanto fue meneado el asunto de Cristina como posible candidata a algo, para potenciar la oferta del kirchnerismo en 2015, que una consultora salió a medir la hipótesis en la provincia de Buenos Aires. El resultado, terminado de procesar esta semana, jamás tendrá difusión pública formal: la Presidenta, como eventual candidata a gobernadora en el distrito clave del país, no llegaría hoy al 20% de intención de voto.

En el sondeo se consideraron cuatro escenarios posibles, ante diferentes rivales electorales, y en todos los casos el resultado fue similar. La imagen y el respaldo a la gestión de Cristina duplicarían su apoyo electoral concreto.

Directores de esa consultora confirmaron a Clarín los datos del sondeo. No necesitaron argumentar el porqué del espeso manto de discreción que decidieron echar sobre ese trabajo: entre sus contratantes habituales hay dirigentes y organismos importantes del oficialismo.

Visto desde este punto, la candidatura de Cristina no podrá ser la viga maestra del plan del kirchnerismo, que es retener todo el poder posible más allá de 2015.
Quizá nunca se haya considerado la posibilidad seriamente; quizás algunos agitaron la sábana para que una oposición asustadiza creyese estar viendo fantasmas. Hipótesis firme o puro aspaviento, esa variante deberá ser por ahora prolijamente doblada y guardada a resguardo de la intemperie.

En una mirada ligera, esto determinaría que el fiel de la balanza quede firmemente inclinado del lado de Daniel Scioli, como la carta más fuerte detrás de la cual el kirchnerismo pueda jugar su suerte. Eso trasuntaron los recientes gestos de acercamiento al gobernador hechos por dirigentes de La Cámpora, que son la continuación de Cristina por otros medios. Eso, también, parecieron expresar las inusuales durezas en el lenguaje de Scioli contra la oposición y en defensa del Gobierno.

Pero en los últimos días comenzó a ocupar el terreno una operación destinada a disolver la consagración de Scioli como candidato inevitable del kirchnerismo. La idea es evitar que el gobernador, jugando con esta certeza, se haga pronto inmanejable para Cristina.

En los círculos concéntricos de poder que funcionan alrededor de la Presidenta suele reconocerse la lealtad de Scioli en todos estos años. Tanto como se escucha que Scioli, como candidato, no representaría el mínimo de adhesión requerido a lo que allí llaman “modelo”.

La cuestión, en el fondo, es que Scioli no sea consagrado ahora, que alguien al menos lo condicione para recortarle cualquier pretensión de autonomía, si es que la tuviera.

Como en el teatro, en política los actores deben exagerar la gestualidad para que puedan percibirla los que están sentados en la última fila. Esto explica la declaración brutal que días atrás hizo Florencio Randazzo: “Massa, Macri y Scioli son los candidatos del poder económico y mediático”, se despachó.

Randazzo es el hombre a oponerle a Scioli. Sectores oficialistas, siguiendo el rumbo que marcó Carlos Zannini, lo fogonean con el visto bueno de Cristina.

El ministro del Interior mostró el nudo de su novedosa tesis cuando sostuvo que “el poder económico también tiene su candidato en el oficialismo”. Lo dijo el jueves anterior en Mendoza, durante un encuentro federal del Partido Justicialista. Entre los que aplaudieron con entusiasmo su diatriba estaba el diputado Eduardo de Pedro, estratega en jefe de La Cámpora. La noche anterior Scioli había inaugurado en Mar del Plata el coloquio empresario de IDEA.

El martes de esta semana Randazzo repitió el argumento contra Scioli, esta vez en un espacio más segmentado: fue el invitado central al encuentro de la desenterrada agrupación Unidos y Organizados, que pivotea alrededor de La Cámpora. La foto que distribuyó la oficina de prensa del Ministerio del Interior y Transporte no dejó dudas: Randazzo aparece haciendo la “V” rodeado por los camporistas Andrés Larroque y Mariano Recalde y por el transversal Edgardo Depetri. Todos sonrientes.

Las encuestas recientes mostraron un opacamiento progresivo de Randazzo, que en algún momento se había acercado a Scioli como potencial competidor en las PASO. Ahora reapareció con munición nueva, apuntándole a Scioli y proponiéndose como el mejor defensor del “modelo”. Puede que haya algo de sobreactuación en este peronista clásico y moderno a la vez, como también sobreactúa Scioli su dureza kirchnerista de estos días. La cuestión es encontrar el camino que ayude a llegar. Después vemos.

También sobreactúan, si se quiere, las voces del kirchnerismo duro que empiezan a descubrirle virtudes a Randazzo. Lo hacen desde las usinas habituales desde las que se baja línea, en los medios y las redes sociales. Como si el ministro no hubiese recorrido con ellos toda esta década larga de poder y recién lo estuvieran conociendo. Quizá le desconfíen un poco menos que a Scioli. Un poco, nada más. Pero es el único que puede estar competitivo. El kirchnerismo no tiene cría propia capaz de dar una pelea electoral ganadora.

Y si Randazzo no llega a sacarle la candidatura a Scioli, alcanzará para que lo puedan tener cortito todo el tiempo posible, no sea cosa que un día, antes de tiempo, les deje de atender el teléfono. Para Randazzo siempre queda la posibilidad de postularse a gobernador, aunque él diga que será candidato a presidente o se irá a su casa. Siempre se dicen cosas.

El kirchnerismo igual puede apelar a otras variantes bonaerenses: Diego Bossio, jefe de la ANSeS; Fernando Espinoza, intendente de La Matanza y titular del PJ provincial; hasta Sergio Berni, secretario de Seguridad, a quien dirigentes de la oposición vislumbran como un rival de temer si finalmente entra en la carrera. No está tan mal, para llevar diez años gobernando.

Las tribulaciones del kirchnerismo, con todo, no empalidecen las que sufren otras fuerzas. Está el caso del Frente Renovador, donde se alborota la tropa por cierto manejo laxo, a veces contradictorio o anárquico –según el dirigente que cuente la historia– de Sergio Massa respecto del armado político y el sistema de alianzas.

Una expresión de esos desajustes se dio el lunes, en el festejo organizado en Tigre por el primer aniversario de su notable victoria inaugural. Allí a Massa se le habrían escurrido entre la concurrencia dos o tres intendentes de los que lo acompañaron en la formación original. La foto que él pretendía, con todo el equipo ganador de 2013, quedó para mejor ocasión.

En esta política de la foto, tan volátil, las imágenes de Massa con referentes radicales del interior parece haber soliviantado al componente peronista del FR. La apuesta a sumar más desprendimientos del peronismo oficialista mutó a esas apariciones con radicales, que después de sacar provecho en sus provincias jugarán su propio partido nacional, argumentan los enojados.

Ante su mesa chica, Massa habría admitido que las encuestas ya lo ponen mano a mano con Scioli, y que incluso algunas lo muestran por debajo del gobernador. Eso supone que la ventaja considerable que llevaba se fue derritiendo a lo largo del año.

Massa está en un punto de inflexión. Su carisma le permitió mantenerse en la cresta de la ola. Pero debe reformular su estrategia y dar un salto de calidad en su campaña. En eso está.

Junto a Ramiro Agulla, estrella de la publicidad y la comunicación política, trabaja sobre el concepto de que es “distinto” porque se animó a enfrentar a Cristina, por su juventud, por haber enfocado la inseguridad como la mayor demanda social, por construir con los intendentes que gestionan en contacto directo con los vecinos.

Suena todo muy lindo. La cuestión es que la gente se lo crea. Y que Massa, como Scioli, como Mauricio Macri, encuentre el modo de acertar con la proporción justa de continuidad y de cambio que la mayoría de la sociedad le reclamará al que termine eligiendo como presidente.