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Obama, atrapado por el desborde de crisis globales



La semana pasada, después de que el avión de Malaysia Airlines fuera derribado y se agudizara la crisis entre Estados Unidos y Europa con Rusia, Barack Obama volvió a pensar en Siria. El MH17 parecía haber sido derribado por un sofisticado sistema antiaéreo ruso suministrado a los rebeldes. En una charla con sus asesores, Obama comentó que por esa razón se negaba a enviar armas antiaéreas a los insurgentes sirios. Rara vez un presidente tuvo que enfrentar, a la vez, tantas crisis en apariencia dispares, como Ucrania, Medio Oriente y Siria. Y lo que complica más la situación es la naturaleza interconectada de esos conflictos.

Rara vez un presidente ha debido enfrentar al mismo tiempo tantas crisis de política exterior y en apariencia tan dispares -Ucrania, Israel, Siria, Irak, Afganistán y la lista sigue-, pero lo que complica aún más para Obama la actual agitación mundial es la naturaleza aparentemente interconectada de todos esos conflictos. El desarrollo de los acontecimientos en una región, como Ucrania, moldea la visión y las decisiones del presidente sobre la crisis de otra región, como Medio Oriente.



Esas contracorrientes hasta pueden producir mareos. Mientras Obama presiona a Rusia para que deje de fomentar una guerra civil en Ucrania, al mismo tiempo trata de colaborar con Moscú en la ofensiva diplomática para forzar a Irán a reducir su programa nuclear. Mientras presiona a Irán por su programa nuclear, se descubre al lado de Teherán en el combate contra la creciente insurgencia sunnita en Irak. Mientras envía fuerzas especiales para ayudar a aplastar a los insurgentes, intenta ayudar a sus aliados putativos en su lucha contra el gobierno.



Y después está la columna de humo que se eleva sobre Gaza, donde Obama parece haber perdido la paciencia. Mientras apoya a Israel en su derecho a defenderse contra los cohetes de Hamas, envía al secretario de Estado, John Kerry, a trabajar con Egipto para forzar un cese de hostilidades. El mismo Egipto al que Obama le cortó la ayuda financiera durante un tiempo porque los nuevos líderes egipcios llegaron al poder tras el derrocamiento militar del gobierno anterior.

"Es un embrollo inextricable", dijo Gary Samore, ex asesor de seguridad nacional de Obama y actual presidente de la agrupación United Against Nuclear Iran. "El mundo está en llamas por donde se lo mire. La política exterior siempre es complicada. Siempre hay un complicado mix de intereses. Es usual que ocurra. Lo inusual es este estallido de violencia e inestabilidad generalizada. A cualquier gobierno le cuesta lidiar con todo eso."



No es extraño entonces que en los últimos días el presidente parezca estar sufriendo de una contractura geopolítica. "Vivimos en un mundo complejo y en una época plagada de desafíos", dijo, cansadamente la semana pasada, tras hacer declaraciones sobre Ucrania, Gaza, Irán y Afganistán, todo en el lapso de apenas siete minutos. "Y ninguno de esos desafíos se encamina a soluciones rápidas ni fáciles."



Hace pocos meses, Obama señaló que las relaciones exteriores no eran un juego de ajedrez. Pero por momentos sí parece un ajedrez tridimensional. Sus admiradores dicen que el acierto de Obama estuvo en identificar esas conexiones y en encontrar el modo de equilibrarlas. Sus detractores argumentan que el presidente dejó que esa complejidad lo paralizara, en detrimento del liderazgo norteamericano en el mundo.



No hay día en que Obama no deba lidiar con la confluencia de esas crisis. Justo cuando estaba presionando a la canciller alemana Angela Merkel para forzar a Europa a una respuesta más contundente contra la agresión rusa en Ucrania, la relación entre ambos volvió a agriarse por nuevas revelaciones sobre el espionaje norteamericano en Alemania.



Mientras Obama trata de acorralar a los europeos por el tema de Rusia, también debe manejar su descontento por la invasión terrestre de Israel a Gaza. También está intentando evitar que Afganistán vuelva a hundirse en el caos por un proceso electoral controvertido, mientras le insiste a sus detractores en que no está cometiendo los mismos errores que cometió en Irak con el retiro de tropas de ese lugar.



Al mismo tiempo, Obama convocó para el viernes en la Casa Blanca a los líderes centroamericanos, con la intención de presionarlos para que detengan el flujo de niños que ingresan ilegalmente a Texas. A los funcionarios de su gobierno les preocupa que con todo lo que está pasando en todas partes no se le esté prestando suficiente atención a la sangrienta guerra civil de Siria.



Estas crisis en cascada reflejan tendencias de mayor alcance, según Richard N. Haass, presidente del Consejo de Relaciones Exteriores. Mientras que durante la Guerra Fría las relaciones estaban claras, ahora ya no existe esa estructura. "Lo que hay ahora son relaciones de cooperación con ciertos países, sobre ciertos temas y ciertos días de la semana, mientras que en todos los otros temas el resto de los días de la semana, simplemente, cada cual va por su lado", dijo Haass.



R. Nicholas Burns, ex subsecretario de Estado y actualmente profesor de Harvard, señala que Obama debería fijar prioridades y enfocarse en sellar acuerdos durante la próxima semana en dos temas específicos: una respuesta unificada frente a Rusia, y un alto el fuego en Gaza.

"Con todas estas crisis superpuestas, estamos en un momento inusualmente complicado", dijo Burns: "El presidente tiene la oportunidad de devolvernos a una posición de liderazgo, respondiendo con eficacia a algunas de estas problemáticas".

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