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Occidente endurece las sanciones a Rusia

La UE acuerda restricciones financieras y un embargo de armas por el conflicto en Ucrania


Catherine Ashton, alta representante para la Política Exterior de la UE



Occidente enseña los dientes. La UE ha acordado este martes endurecer significativamente las sanciones contra Moscú por su papel en el conflicto de Ucrania, con medidas contundentes sobre el sector financiero, el energético y el militar. No había nada parecido desde el final de la Guerra Fría: al puñetazo en la mesa europeo, que se ha precipitado después del derribo del avión de Malaysia Airlines con casi 300 muertos, se unió ya por la noche EE UU, que sancionó a tres grades bancos, según anunció el Tesoro, informa Silvia Ayuso. Descartado el envío de tropas a Ucrania, la contención de Rusia se libra fundamentalmente en el tablero económico, a la espera de que Moscú advierta que la globalización impone más límites a la geopolítica clásica de lo que el Kremlin pensaba. Pero mientras los líderes europeos se van de vacaciones, Vladímir Putin se queda en Moscú: los analistas auguran una reacción fulminante del primer ministro ruso, que podría derivar en represalias y, en definitiva, acabar en un recrudecimiento del conflicto en Ucrania y, sobre todo, en una guerra comercial muy peligrosa para la economía rusa —al borde de la recesión— pero también para la europea, inmersa en una recuperación tan frágil que cualquier shock externo se la puede llevar por delante.
La sangría económica puede hacer mucho daño durante mucho tiempo: la UE impone esas sanciones durante un año, aunque con un buen puñado de salvedades destinadas a atemperar la respuesta del Kremlin. Los Veintiocho revisarán el paquete al completo dentro de tres meses, tras calibrar su impacto real y para dar opciones a la negociación, una vía obturada desde hace tiempo. El gran temor es que Putin cierre la llave del gas, de la que dependen casi al 100% varios países del Este, y supone el 30% de las necesidades de Alemania.

La crisis de las mil caras —financiera y económica primero, de deuda soberana, social y política después— adquiere así una dimensión geopolítica que dependerá del alcance real de las sanciones y de la reacción rusa. Las medidas más significativas son las financieras: la UE y EE UU imponen serias restricciones a los bancos públicos rusos, que no podrán financiarse a más de 90 días, aunque dejan fuera del perímetro sancionador las emisiones de deuda pública e instrumentos como los créditos sindicados —préstamos concedidos por varios bancos a la vez—, pese a la insistencia británica por cegar también esa vía. Sin financiación en euros ni en dólares los problemas están asegurados. Esa pata de las sanciones dejará muy tocado al sistema financiero y con él a las grandes empresas, dependientes de la financiación. Los servicios de inteligencia alemanes creen que los oligarcas rusos no tardarán en reclamar un viraje a Putin ante la enorme presión financiera que se avecina. La salida de capitales ha sido una constante desde el inicio del conflicto en Ucrania, y es posible que se intensifique a partir de ahora.

Junto con esas medidas, la UE impone un duro embargo de armas, la prohibición del comercio de los productos duales —con usos comerciales, pero también militares— y restricciones sobre el uso de nueva tecnología en los nuevos proyectos de exploración petrolera. Pero dejan fuera en todos esos casos los contratos ya firmados para tratar de suavizar la reacción de Rusia. Además, aumenta la lista de personas y empresas sancionadas, cada vez más cercanas al círculo íntimo de Putin. Firmas europeas con intereses en Rusia como British Petroleum y Renault alertaron ayer de las potenciales consecuencias de esas medidas, que empezarán a aplicarse a finales de semana.
Las sanciones son “una advertencia fuerte” y “una señal importante” para dejar claro a Putin que “desestabilizar Ucrania o cualquier otro país del Este de Europa tendrá costes fuertes para su economía”, advirtieron el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, y el de la Comisión, José Manuel Barroso. El derribo del vuelo MH17, que dejó 298 víctimas y está pendiente de una investigación, requería también “una respuesta urgente y con determinación”.

Ese siniestro fue el catalizador que precipitó el acuerdo europeo, alcanzado con inusitada celeridad para los usos de la UE a pesar de los efectos secundarios de las sanciones sobre los propios países europeos. Las resistencias de Alemania, Italia, Holanda y España cedieron después del derribo de ese aparato.

La UE utiliza así el denominado poder blando con una estrategia que no estaba en los manuales: descarta una operación militar y se centra en el desafío económico, pero eso, lejos de ser un signo de debilidad, le ha funcionado bien, con un in crescendo en el régimen sancionador que alcanzó ayer su punto álgido. La incógnita es cómo reaccionará el primer ministro ruso. Los kremlinólogos no son optimistas: “Moscú considera que tras estas sanciones el objetivo ya no es tanto acabar con el apoyo ruso a los rebeldes u obligar a devolver Crimea, sino el desmantelamiento del régimen de Putin a través del sufrimiento económico. Eso puede causar descontento popular y desatar las presiones de los oligarcas, pero también puede provocar una reacción airada de Putin, que empieza a pensar que esta ya no es una batalla por Ucrania, sino una batalla por Rusia”, explicó Dmitri Trenin, del laboratorio de ideas Carnegie en Moscú.
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