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Oscar Aguad (cand. gobernador Cordoba) tu pasado te condena



Para no olvidar quien es Oscar Aguad


Revisando archivos se encontró una semblanza del mal recordado
Interventor de Corrientes Oscar Aguad.
"No lo puedo evitar, cada vez que veo a Oscar Aguad en los medios siento que la bronca me
inunda por los cuatro costados.


Tengo que admitir que se trata de una cuestión que me
trasciende lo ideológico y se me mete por los oídos, los ojos y los poros traduciéndose
en una sensación física extremadamente desagradable. Frente a él y sus ideas me siento
como parado frente a Menem, Mestre y todo el aparato policial necesario para disciplinar
a la sociedad."
(www.larunfla.blogspot.com)
Foto: Dirige, Mestre; media, Benjamín Menéndez; y acompaña, Oscar Aguad.

Todo esto viene a cuento porque este fin de semana Aguad estuvo de visita estelar en
varios programas del Canal C (una señal de Córdoba) y allí pavoneó su discurso opositor y
su ambición por ser uno de los paridores de una nueva Alianza para la provincia y el
país. Frente a él se ubicaron periodistas sin mayores ideas ni cuestionamientos, que al
igual que Aguad, parecía que no eran cordobeses o que habían nacido ayer, porque sus
preguntas no solo no iban a fondo en la búsqueda de respuestas nuevas sino que habían
borrado de un plumazo el fracaso de gobierno de Mestre (del cual Aguad fue pieza
fundamental) y lo que significaría para el país volver a la lógica perversa y represiva
de la vieja casta política.

¿Los periodistas no se acuerdan el desastre del tándem Mestre - Aguad? ¿Nadie recuerda el
recorte del 30% de los salarios a los empleados estatales y jubilados? ¿Todos han
olvidado la “reforma educativa” que -caso inédito- unió a privados con públicos y sacó a
más de 50.000 cordobeses a la calle? ¿De los cierres de escuelas y hospitales se han
olvidado también? ¿Nadie preguntará jamás por los negociados de la Intervención Aguad en
la provincia de Corrientes?…

Aguad se presenta ante las cámaras impoluto, tostado, sonriente, y nadie le requiere nada
comprometido, ni le pide una autocrítica por haber sido el ministro que ordenaba la
represión necesaria para llevar adelante el ajuste; porque, aunque en los archivos de
algunos preguntadores ya no figure, él era el funcionario que coordinaba las detenciones
y aprietes a los militantes políticos y sindicales.

Ese señor, tan atildado que se indigna de la “chequera K” se arrastraba por la chequera
de Menem y Cavallo, metiendo toda la bala y gases necesarios para cumplir con la
extorsión de la otra “caja”, la de los bancos y organismos de crédito internacionales que
exigian orden social para seguir haciendo negocios y usura.

Este hombre hoy tan republicano, reinsertó en la estructura policial a represores como
Yanicelli y su banda de la D2 (que hoy esperan condena por crímenes de lesa humanidad)
como la mano de obra especializada para controlar la bronca que imperaba en las calles.

Este político de mano dura que se indigna cuando alguien le recuerda su pasado, dice que
hay que construir una Alianza pero que “sea diferente a la que fracasó”… aunque se
construya con casi los mismos actores y sin más premisa que meter a todos en la misma
bolsa “sin distingos ideológicos” (el caballito de moda entre la derecha
pseudo-pragmática); lo cual es un pasaje sin retorno al fracaso y un escalón más abajo
hacia el descrédito de la política como verdadera herramienta de cambio democrático.

Tiemblo cuando pienso que son ellos, las personas como Aguad, quienes vienen a poner la
casa en orden y a defender una Constitución que se cansaron de quebrantar cuando
estuvieron encaramados en el poder.

Tiemblo.
surcorrentino.com.ar




PLUS: DECLARACION DE GLORIA DI RIENZO, DONDE MENCIONA A AGUAD RELACIONADOS CON LOS GENOCIDAS




Ya antes de que comenzara la feria judicial, una de las declaraciones más conmocionantes fue la de Gloria Di Rienzo: fue la primera sobreviviente que le pidió al juez que todos los imputados se retiraran de la sala mientras estuviese declarando. Di Rienzo, una hermosa mujer de pelo negro larguísimo, hizo uso de su derecho a dar su testimonio sin que quienes la violaron, la abusaron y torturaron estuviesen a sus espaldas. Contó que en el Departamento de Informaciones (“la D2”, o la Gestapo cordobesa), en el Cabildo histórico y a pasos de la Catedral que por entonces comandaba Raúl Francisco Primatesta, fue salvajemente violada por la patota que se encarnizó con ella: “Fueron cuatro días, pero en mi mente, en mi cuerpo, el tiempo no terminaba de pasar. Me desnudaron, me picanearon las encías, los dientes, los genitales; y una mujer me retorcía los pezones… Le decían Graciela”. Gloria se refiere a la torturadora Graciela “Cuca” Antón: la única mujer entre los represores en juicio, quien tiene por costumbre reírse casi todo el tiempo, de modo despectivo, mientras escucha los testimonios de las víctimas.
Gloria denunció que la golpearon entre varios hombres “a puñetazos simultáneos”, en un pasillo de la D2. “Como la picana hacía que mi cuerpo se arqueara, se cayó la venda. Ahí, no sé cómo, me senté y los miré. Uno por uno. Todavía hoy tengo esas caras como si fueran una foto. Nunca me las olvidé. Después empezaron a violarme todos… Como yo apretaba las piernas, me tiraron agua caliente para que las abriera… Hasta ahora tengo las marcas de las uñas de ellos por la fuerza que hice con los muslos para no abrirlos.”
Furiosos por su resistencia, la arrojaron y golpearon contra las baldosas de un patio interno. “Me arrastraron del pelo a otra habitación, y uno al que le decían el Tío (Carlos Alberto Vega, alias ‘Vergara’) introdujo su mano completa en mi vagina y me levantó en el aire… El dolor, el desgarro fue terrible.” El calvario continuó con “el submarino”: le sumergieron la cabeza en un tacho con agua hedionda. Fue entonces cuando Gloria Di Rienzo tuvo lo que ella definió como una experiencia de muerte: “De pronto, ahí sumergida, ya no pude más. Comencé a ver montañas azules… Eran las sierras de Córdoba. Hermosas como son de tarde… Me estaba muriendo ahogada”. Y siguió: “¿Saben? Se sentía en paz… Pero cuando recuperé la conciencia estaba de nuevo ahí: boca abajo, en un charco de agua y sangre”.
Las heridas y lesiones que tenía le desencadenaron una infección generalizada. La llevaron de urgencia al Policlínico Policial. “Yo estaba segura de que me iban a matar, había decidido que hicieran lo que quisieran, pero conmigo no se iban a llevar a nadie.” Cuando el fiscal Facundo Trotta le preguntó por el trato recibido en el hospital, Di Rienzo memoró: “El médico se acercó, me revisó… Le dije que me habían violado. Y él me contestó: ‘No, no te violaron porque vos ya no eras virgen’”. Días después dejaron entrar a la madre de Gloria. Al dolor del cuerpo, se sumaron los de los tabúes de entonces. “‘Hija, ¿qué te han hecho?’. ‘Me violaron, mamá’.” Y la súplica: “Por favor, que no se entere tu padre…”
Soportó el encierro en la cárcel conocida como la UP 1 hasta marzo de 1980. No hubo cargos. Sólo por ser militante del PRT. Pero sus pesadillas no terminaron ahí: ya en democracia, en 1996, y con la excusa de un supuesto robo de vehículos, la policía del gobierno de Ramón Mestre, bajo el dominio de su entonces ministro de Asuntos Institucionales, Oscar Aguad, allanó su casa. Era, aún, la patota del D2: “Fue una tarde. Cuando llegué con mis hijos, me los encontré adentro. Eran ellos otra vez. Me pasaban cerca y me cantaban al oído, burlándose: ‘Somos los mismos’.” Según los nombró Gloria, eran “Dómine, Nieto y (el Tucán) Yanicelli”.
De hecho, en el juicio que se les hizo al dictador Jorge Rafael Videla y a Luciano Benjamín Menéndez en 2010, el querellante Miguel Hugo Vaca Narvaja solicitó que se citara al senador nacional Oscar Aguad, ya que fue él quien nombró en la cúpula de la policía cordobesa –entre otros– a Carlos “el Tucán” Yanicelli: uno de los más feroces represores del terrorismo de Estado en Córdoba. En ese momento no se hizo lugar al pedido. Ahora, las designaciones hechas por Aguad vuelven a salir a la luz en este juicio en las denuncias de los testigos.
Hacia el final de su testimonio, y cuando parecía que ya estaba todo dicho, Gloria Di Rienzo estalló en una reacción inesperada: “¡Mire, señor juez, hay detalles que nunca, nunca, jamás voy a decir! ¡No los voy a describir porque han avasallado mi dignidad de una manera terrible! ¡Aquí, en esta sala están mis hijos, mi esposo, y no los voy a decir por nada del mundo!”. Mientras el juez, sorprendido, echaba su cuerpo para atrás en su sillón, Gloria se rehízo. “No es un capricho… Hay jurisprudencia internacional que me ampara.” Y la pregunta, la conmoción que quedó flotando en el espíritu –y la golpeada razón– de los presentes en la audiencia: ¿qué más?, ¿qué otros dolores?, ¿qué insoportables vejaciones padeció Gloria, si lo ya relatado alcanzaba cumbres intolerables?


FUENTE: LA ROSA BLINDADA
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