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Padre Mariano: Cordobes del Año



Dos pibes de 17 y de 19 años que se habían quitado la vida de encima, y una pequeña de 4 años que apareció asesinada: de todas las versiones del desamparo social y existencial que Mariano Oberlín se había preparado para enfrentar, ninguna era capaz de entenderse con la puñalada de impotencia y desesperanza con que lo recibió el nuevo destino.

Pobreza, violencia, desocupación, desesperación, miseria, sinsentido y droga, mucha droga, un abanico de sustancias entre las que asomaba el paco y su inapelable modo de destrucción, casi como una proyección acelerada de destinos de agonía.

Sí, había vidas que eran como pequeños hilos de agua que apenas corrían en el barro en busca del alivio temprano de una alcantarilla.

Llegó a la parroquia de barrio Müller, el vecindario detrás del cementerio San Vicente, en febrero de 2010, cuando tenía 35 años. Había crecido en otro barrio pobre y a las orillas de la ciudad, Comercial, pero entonces, en los años ’70, pobreza y marginalidad aún tenían otra consistencia. Y aunque había sentido que su nuevo destino era adecuado para poder extender los brazos de la fe y la fraternidad en una comunidad tan necesitada, tal desasosiego su pecho no alcanzaba a contenerlo. Sobre todo cuando volvía los ojos y se encontraba con tanta rencilla y desacuerdo pequeño. Por eso, incluso pensó en llamar a la puerta del arzobispo y pedir traslado.

Hasta que sucedió un día especial: lo llamaron de la organización Hijos, se encontró luego con algunos integrantes y se sentó a escucharlos. En esos días ya estaba en el horizonte el gran juicio (comenzaría en diciembre de 2012) por los crímenes cometidos en La Perla, en Campo de la Ribera y en otros centros clandestinos de detención que funcionaron en Córdoba durante la dictadura y aun antes. Supo entonces que su padre, secuestrado en la noche del 7 al 8 de enero de 1975, había sido llevado al Campo de la Ribera y, en ese mismo lugar, asesinado.

Ese escenario del infierno en la Tierra está a unas pocas cuadras de su parroquia, hoy convertido en Espacio para la Memoria.

Mariano Oberlín sintió que la intensidad de una certeza había llegado para quitarle, con mano firme, el puñal de la impotencia y la desesperanza: barrio Müller, la parroquia, no era sólo un destino sacerdotal, era todo su destino.


link: https://www.youtube.com/watch?v=UF5s2wrBRHw



link: https://www.youtube.com/watch?v=KUYWPCyd8DI



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