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Pasto marrón

El mundo es diferente para quienes no pueden distinguir los colores. Para ellos, la camiseta de River es blanca y verde. Se trata de un defecto genético, pero, ¿cómo es vivir con la paleta cromática equivocada?




TEST DE ISHIHARA. Estas láminas con numerosos puntos de distintos colores primarios dispuestos sobre fondos de colores similares, están agrupados de modo que una persona normal puede distinguir en ellos números o formas conocidas. Los daltónicos, sin embargo, no serán capaces de reconocer esas figuras o verán otras diferentes. (Foto: Scian.cl)


CONOS Y BASTONES. Una imagen de la retina muestra claramente los dos tipos de células fotorreceptoras que la forman. Las amarillas son los conos, responsables de la visión en color mientras que las blancas (en la parte inferior de la fotografía) se denominan bastones y son las encargadas de la visión en blanco y negro. (Foto: The Science Photo Library)

"A los cuatro años tuve el primer indicio de mi daltonismo. Iba con mi padre y otra gente montando a caballo por una finca que teníamos. Mi padre me preguntó si me gustaba el carmín encendido de sus flores, pero yo no veía nada rojo, solo veía verde sobre verde. A pesar de ser tan pequeño, la desesperación de no entender lo que me quería mostrar, lo que era evidente para todos, se me quedó grabado", escribe Juan Manuel Jaramillo en "Qué tan difícil es ser pintor daltónico" . Tener una discapacidad de la visión de los colores puede, en algunos casos, transformarse en un problema serio; representa un dolor de cabeza para un diseñador gráfico; pero, también, puede resultar un plus en el caso de un pintor, como le ocurrió a Juan Manuel.

El daltonismo -denominado así por el físico británico John Dalton, quien lo padecía- es un defecto genético (ver recuadro) que imposibilita distinguir los colores ( discromatopsia ). Ningún daltónico confunde los mismos tonos que otros, incluso quienes pertenecen a la misma familia. La percepción del color se debe a unas células situadas en la retina ocular: los conos. Existen tres tipos de conos encargados de percibir cada uno de los tres colores primarios de la luz (el azul, el verde y el rojo). En una persona normal (no daltónica), la combinación de estos tres colores le permite discernir una muy amplia gama de tonalidades intermedias. El problema llega cuando uno de estos tres tipos de conos falta o funciona defectuosamente.

La disfunción más frecuente (en un 96%) es la confusión o falta de discriminación de los colores rojo y verde, pero en diferentes escalas de dificultad. Otro tipo frecuente de daltonismo es la confusión entre el azul y el amarillo, acompañado de alteración visual para el color rojo y verde. Muy pocas mujeres son daltónicas, alrededor del 1%, mientras que aproximadamente el 8% de los hombres sufren alguna forma de daltonismo ( ver recuadro). La más grave es la acromatopsia: quienes la padecen son ciegos al color. La mayoría de los problemas de la visión de los colores están presentes desde el nacimiento y, generalmente, afectan los dos ojos. Es curioso encontrar que muchos de los daltónicos son personas de iris claros.

Experiencias daltónicas
"Mi mamá me dijo que podía ser daltónico, porque mi abuelo (su papa) lo era. Aunque me encargue de confirmarlo cuando estaba en el jardín. Siempre me gusto dibujar y un día pinté el cielo de otro color del que debería ir, lo mismo que con el pasto, los árboles. Hasta cuando dibujaba los cabellos de mi familia los hacía de otro color", relató Ignacio H. a Clarín.com. "Me llevaron al oculista,
me hicieron una serie de test y no distinguía nada. Me dijeron que "estaba enfermo", pero en realidad nunca había sido "sano" de la vista, entonces no sabía como era", explicó Ignacio.

El método más rápido para el diagnóstico de esta patología consiste en un test llamado Ishihara. Son láminas con numerosos puntos de los distintos colores primarios dispuestos sobre fondos de colores similares, agrupados de modo que una persona normal puede distinguir en ellos números o formas conocidas. Las personas que sufren algún tipo de daltonismo, sin embargo, no podrán reconocer esas figuras, o bien verán otras diferentes en función del tipo y grado de la anomalía que padezcan. Como no hay tratamiento, lo importante es determinar qué colores no ve o distingue el paciente para que, a partir de eso, tenga en cuenta cuáles son sus limitaciones.

"En la primaria recibía muchas burlas de mis compañeros. Llegué a pintar la camiseta de River, blanca y marrón. Mi mamá, recordando la técnica que tenia mi abuelo, me empezó a escribir en el extremo superior de los lápices de colores el nombre de ese color y hasta alguna palabra extra que me hiciera recordar alguna cosa que llevaba ese color como para tener más seguridad a la hora de usarlo", relató Ignacio. Y agregó: "No me afecta en mi vida cotidiana - es diseñador gráfico-. Llevo casi 26 años de convivencia con esta dificultad, somos el uno para el otro, además de que me cansé que me dijeran ¡el pasto es verde! Hoy, si me preguntas de que color es tal cosa, o me toca pintarlo, se qué color lleva porque lo memoricé".

Muchos daltónicos, en especial los "leves", pasan con frecuencia desapercibidos. Diferencian el rojo y el verde, pero fallan en los tonos intermedios. Si bien el daltonismo es un padecimiento que no tiene cura, algunos pacientes pueden beneficiarse de tratamientos con lentes que incrementan el contraste entre los colores. Es difícil para quienes no padecen este problema imaginar cómo ve quien sí lo padece. El que quiera experimentarlo puede entrar a Vischeck que simula cómo ve un daltónico el mundo. Y al revés: si un daltónico quiere ver mejor los colores en una foto, por ejemplo, hay una interesante aplicación online, Daltonize, que permite subir imágenes y filtrarlas para generar correcciones. Algunas de las profesiones que no puede ejercer un daltónico son: aviador , chofer de colectivo, bombero y electricista, entre otras.

También figura la de pintor, sin embargo a Juan Manuel esto no lo frenó. Encontró la solución gracias a un compañero. "Él me ordenó la paleta, me dijo: estos son los azules, aquí están los verdes y más allá los amarillos. Desde ese momento interpreto el mundo de las otras personas y de alguna manera llevo una doble vida en la pintura. La primera es la de un acuarelista, un paisajista con gran popularidad que ha participado en más de cuarenta exposiciones, que utiliza pinceles gordos y no se asusta ante formatos grandes ni arriesgados y trabaja con los colores de los otros. La segunda pinta con plena libertad, pinta como quiere, como ve en realidad el mundo y se reserva para si esos cuadros, no se los muestra a nadie. Ese, el íntimo, es el que más me gusta", concluye.
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FEUNTE:http://www.clarin.com/diario/2008/04/14/conexiones/t-01648926.htm

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