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Peñalosa y sus mentiras, todo un negocio del TransMilenio.

Peñalosa y sus mentiras
Publicado el 3 SEPTIEMBRE, 2015 | Política



No quiero hacer de este blog un espacio anti nada, la oposición irracional no es de demócratas sino de ideologías de talante totalitario y espero que se entienda claramente que los totalitarismos son idénticos, vengan de la izquierda o de la derecha. Sin embargo voy a dedicarle una entrada más a Peñalosa por la naturaleza de sus nuevas alianzas y por la magnitud de sus nuevas mentiras.

Enrique Peñalosa es sin duda un gran conocedor de la ciudad, eso nadie lo niega, tampoco pongo en duda su amor por Bogotá, personas nacidas en Ibagué, en Medellín o en Washington (como Peñalosa) pueden querer sinceramente a Bogotá. Lo malo del candidato, como lo dije en mi entrada anterior (ver entrada), no es lo que dice sino lo que hace. Su visión de la ciudad está errada en muchos aspectos, y dirán algunos: ¿cómo un bloguero advenedizo se atreve a criticar a una lumbrera neoliberal, que da conferencias en todo el mundo? Pues simple, porque he analizado sus planteamientos y no le creo nada; todos los bogotanos debemos dedicarle un poco de tiempo a informarnos, a leer los programas de gobierno y luego debemos tomar una decisión rigurosa sobre nuestro voto, no se necesita ser PhD para alarmarse con el rumbo que un candidato quiere darle a la ciudad.

Peñalosa que se precia de ser antipolítico es ahora el más político de todos los candidatos, qué curioso, se inscribió sin aval y ahora es el candidato de dos partidos, casi tres, porque no nos digamos mentiras, Álvaro Uribe en estas elecciones está corriendo con dos caballos, uno grande y vigoroso (Peñalosa) y otro chiquito y asustadizo (Pachito). Los votos uribistas de Bogotá están repartidos entre esas dos opciones, sin embargo, hay un voto moderado que ve con desconfianza a Uribe, estos votantes se engolosinan con la idea de Peñalosa como tecnócrata, pero lamentablemente el Peñalosa 2015 tiene tantas deudas con la política partidista que las decisiones de su alcaldía serán tan políticas como las de cualquier alcalde de provincias.

Hoy Enrique Peñalosa es el candidato oficial de Cambio Radical, un partido sombrío, sin ética ni ideología, dentro Cambio Radical cohabitan animales variopintos de diversas vertientes políticas que sin sonrojarse cambian de partido al vaivén de las circunstancias, sin duda esa falta absoluta de lineamientos ideológicos es la razón para que en Cambio Radical aniden tantos parapolíticos y gente de dudosa reputación (ver: Lista negra de los partidos con la parapolítica). Congresistas de Cambio Radical como Rubén Darío Quintero, Óscar Wilchez y Miguel Pinedo Vidal, entre otros, terminaron tras las rejas por nexos con el paramilitarismo y en un escándalo más reciente ese partido se atrevió a conservar dentro de sus filas y avalar a Oneida Pinto, la heredera política del celebre Gobernador de la Guajira Kiko Gómez, este es el nuevo partido de Peñalosa.



De izquierda a derecha: el detenido Kiko Gómez , Rafael Ceballos, Alcalde de Riohacha y German Vargas Lleras futuro presidente de los colombianos por gracia de Dios. Tomado de: http://www.hoyesnoticiaenlaguajira.com

Y como si Cambio Radical no fuera suficiente, ahora se le suma también el Partido Conservador, el mismo partido de monseñor Ordoñez y del senador Gerlein ¿será que Peñalosa también cree en la teoría del sexo excremental? Pues lo crea o no, recibe con los brazos abiertos los votos de los godos. Ver: Revista Semana

Veamos lo que dice el programa de gobierno:




Descargue aquí el programa

El programa como era de esperarse está escrito en un tono tremendista; según ellos todo en Bogotá es terrible, todo es padecimiento y dolor desde que él dejó la alcaldía, absolutamente todo en Bogotá hoy es un desastre y claro, esto ha sido a causa de su ausencia. Parece que ni siquiera sus casi dos metros de estatura son suficientes para contener un ego tan copioso, en su programa utiliza 39 veces el verbo recuperar y 60 veces mejora algo, incluso quiere mejorar cosas que son problemas heredados de su propia administración, por ejemplo:



Punto 2.2 del programa peñalosista, los subrayados son míos.

Transmilenio no es malo por su nombre tonto, ni por la fealdad de sus estaciones, ni siquiera por la enorme contaminación que producen los buses Volvo que nos dejó el señor Peñalosa. Transmilenio es la desgracia que es por su modelo de negocio, un modelo completamente leonino de concesión exclusiva, propiedad de unas pocas familias superpoderosas, una de las más emblemáticas es la familia Ríos Velilla. (Ver infografia de La Silla Vacia)

Alberto Ríos, por ejemplo, no sólo es uno de los dueño del negocio de las basuras, es dueño también de una buena parte de los buses de Transmilenio y sus hermanos controlan una tajada del Transantiago en Chile. Como si todos estos activos fueran pocos, el señor Ríos gran amigo y financiador de Germán Vargas Lleras (actual jefe político de Peñalosa) es el dueño del corazón de la periodista de Caracol D’arcy Quinn.



El señor Ríos y su esposa D’arcy Quinn.

Pero volvamos a los buses ¿cómo es que Peñalosa va a arreglar Transmilenio? Ahí es en donde está la bolita, en el programa le achacan toda la culpa de la saturación a la falta de más troncales, pues bien eso es una falacia, el responsable es el modelo de negocio, porque el gran gerente Peñalosa lo diseñó de tal manera que la familia Ríos se hace vulgarmente rica llevándonos a todos empacados al vacío. El sistema funciona con un I.P.K o índice de pasajeros por kilometro que desconoce por completo las leyes de la física, y considera que los pasajeros a pesar de ser entidades sólidas podemos amoldarnos a la forma del bus como si fuéramos líquidos y ocupar hasta el último centímetro cubico, cualquiera que se haya subido a un J70 a las 6:00 am puede dar fe de lo que digo.

Peñalosa nunca habla del tema de los contratos en sus charlas de TED, ahí todo son maravillas, pero la realidad es muy distinta y él más que nadie lo sabe. La responsabilidad de los operadores es enorme, casi tan grande como sus utilidades, que son descomunales. De cada 100 pesos que recoge Trasmilenio 90 van a manos de los operadores de los buses rojos y verdes, cinco al recaudador y apenas cinco llegan la ciudad ¡qué pagó por todo! El negocio es tan jugoso para los operadores que incluso tienen una prima de riesgo y hasta se han hecho los de la vista gorda con la reposición de los buses, que también estaba incluida en el contrato.

En síntesis el estado pagó por una infraestructura gigante, no para que los ciudadanos viajáramos con comodidad y velocidad sino para que los amigos del poder se hicieran ricos a costa de literalmente exprimir a quienes tenemos la desgracia de usar el sistema. (Escuche la explicación de Aurelio Suarez)

¡Qué genialidad el modelo de Peñalosa! apliquemos la gerencia peñalosista a otro campo: pongamos una panadería; yo compro un local en Unicentro, los hornos, las máquinas para amasar, las vitrinas y la máquina del café, además, compro las materias primas y usted, estimado lector, paga la luz y se queda con el 90% de todo lo que vendamos.

¿Si el Estado gastó billones en troncales y estaciones no podía comprar también los buses que son un negociazo? ¡Obvio que no! Había que dárselo a los privados que lo hacen todo tan bien. Y a todas estas, si lo público es tan malo y lo privado tan bueno, por qué no entregamos la alcaldía en concesión a alguna multinacional finlandesa y nos ahorramos la plata de las elecciones.

Peñalosa no va a cambiar los contratos con los operadores, todo lo contrario los va a ampliar, si hizo ese adefesio de negocio cuando fue alcalde por el Partido Liberal, cómo será ahora que quiere ser alcalde por el Partido Conservador y por Cambio Radical. Si usted piensa votar por Peñalosa prepárese para ir igual de apretado dentro de un estupendo bus Volvo por la Boyaca, por la 68 y por la ALO, esa es la “Bogotá que soñamos”



Construcción de la Central Line de Londres 1898, tomado de: http://www.telegraph.co.uk/

Paso a tratar el tema del metro: para muchos bogotanos la falta de un tren metropolitano resume la frustración por la inoperancia del estado, la gente no es tonta y con el acceso a la información actual es muy fácil hacer comparaciones. Bogotá debió tener un metro hace 50 años y sí no lo tiene aún es por políticos como Peñalosa que se hincan sonrientes ante el poder del gran capital. Londres decidió construir un ferrocarril subterráneo hace 160 años, Buenos Aires y Madrid hace más de cien y la lista es muy, muy larga. Para no ir tan lejos Quito está a muy poco de inaugurar su primera línea de metro, pero en Bogotá seguimos poniéndole trabas como si pudiéramos darnos el lujo de esperar 100 años más para comenzar.

Hoy por hoy, es un suicidio electoral declararse opositor al metro, todos los bogotanos sueñan con superar por fin esa frustración y al menos tener una línea, una sola, modesta y tercermundista, no pedimos la belleza del metro de Moscú, ni la eficiencia del de Seúl. Bien sabemos que jamás tendremos los 400 kilómetros de Metro que tiene Londres o las catorce líneas de Shanghái.



Así luce hoy el mapa del Metro de Tokio ¿es mucho pedir para Bogotá cuatro líneas?

Votar por Peñalosa es darle un no rotundo al metro de Bogotá, por una sencilla razón: las familias superpoderosas de Colombia (los Ríos, los Sarmiento, los Nule, los Char, los Gerlein, etc.) no están en capacidad de construirlo ni de operarlo. Un sistema metro sería irremediablemente propiedad del estado y al igual que en el resto del mundo la tarifa sería subsidiada. Para el pensamiento neoliberal hablar de subvenciones es como hablar del demonio, políticos como Peñalosa son defensores a ultranza de no subsidiar a nadie con menos de diez millones de dólares en la cuenta bancaria, así que la idea de un metro en donde el dinero del Gobierno termina pagando parte del pasaje de la gente común y corriente y no los apartamentos en Dubái de los amigos del poder, parece un exabrupto.


Programa de gobierno, punto 2.1

Peñalosa no hizo el metro hace 20 años y mucho menos lo va a hacer ahora, cuando en últimas, arrancar la construcción sobre las bases que deja Petro sería darle la razón a quien según él ha sido el peor alcalde que ha tenido Bogotá en toda su historia. Hoy que está en campaña Peñalosa le dice que sí a todo, si los ciudadanos le pidiéramos la luna, él aceptaría con gusto bajarla y hacer en ella un parque espléndido por A.P.P. con piscinas y canchas de grama sintética.



Por ahora dice que sí pero no así, que hay que hacer tramos elevados, que son más baratos, etc. Y bueno, si los metros elevados son más baratos ¿por qué las grandes ciudades del mundo siguen enterrándolos? (Ver ejemplo en Londres) Por varias razones; hacer un metro elevado no es tan simple como el señor Peñalosa lo pinta, también hay sobrecostos, gastos enormes para hacerlos sismorresistentes y desafíos técnicos de diversa índole.


Este esperpento es la propuesta de Peñalosa: un metro elevado por la Caracas, por supuesto es una imagen para aplacar a los votantes que quieren metro, nuestro super urbanista jamás construirá esto, incluso para su estándar es demasiado cemento.

Pero el problema principal de los metros elevados es que la gente los detesta, esas estructuras elevadas tienen un impacto negativo enorme sobre las dinámicas de la ciudad, son ruidosas, crean divisiones, ensucian el paisaje y crean espacios residuales que generalmente no se aprovechan de manea correcta. Estas estructuras son cicatrices que tardan décadas o siglos en sanar. El siguiente es un ejemplo en Nueva York de como puede aliviarse una de esas cicatrices.



Pero, no pensemos con el deseo, con el dólar a 3200 pesos el Gobierno Nacional le va a hacer conejo a Bogotá y no habrá metro, ni subterráneo, ni elevado, nos tocará seguir montando en el trencito cañero de Gran Estación.


Tingua bogotana, tomado de: http://www.humedalesbogota.com

Quiero terminar, por ahora, con un tema crucial para el medio ambiente de la ciudad; la avenida Longitudinal de Occidente ALO. Por fortuna la inigualable inoperancia del Estado colombiano en este caso ha estado del lado de los humedales, la ALO que antiguamente se llamó Avenida Cundinamarca ha sido una promesa incumplida por los gobiernos desde los años 70s, esta larguísima espera para construir la obra ha terminado en situaciones tan inverosímiles como la del popular motel Coconito, según Julio Sánchez Cristo, el lugar con el mejor arroz con pollo de Bogotá. El motel es propiedad del Distrito, pero ha sido tan larga la espera por la construcción de la avenida que en lugar de demolerlo, el distrito lo arrendó y aún continúa en funcionamiento a pesar del incumplimiento por parte de quienes administran el motel público.

Esta anécdota da cuenta claramente del problema que es la ALO, en una ciudad en dónde algunos baches tiene fiesta de quince años, hacer de la nada una calle del tamaño de la Avenida el Dorado no parece una promesa fácil de cumplir, pero digamos que Peñalosa cumple y construye la ALO, esa obra no sólo va a afectar a la fauna del motel Coconito, sino también a especies únicas como la tingua bogotana y otras que habitan en los humedales más importantes de Bogotá sobre los cuales el señor Peñalosa quiere pasar una autopista de ocho carriles con Transmilenio. Escuche aquí el canto de las tinguas

A la hora de votar, la decisión debe ser producto de la reflexión y no puramente emocional, yo tengo perfectamente claro que jamás votaría por un candidato que quiere pavimentar humedales o que propone un metro elevado, sea del partido que sea, ni mucho menos por uno que propone crear una parapolicía para darle bolillo a los estudiantes y a los vendedores ambulantes. Las opciones no son muchas, pero igual hay que escoger a alguno o votar en blanco. Yo aún no decido por quien votar, pero creo que mi candidato saldrá de una baraja más reducida: Carlos Vicente de Roux, Clara Lopez o Alex Vernot


Fuente: https://cacarrillo.wordpress.com/2015/09/03/penalosa-y-sus-mentiras/
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