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¿Pero la abuela todavía disfruta del sexo?




¿Las mujeres mayores practican el sexo?




No sé si a muchas personas el título de este artículo puede sorprenderlas. Si es así no hace más que corroborar todo lo que hay que seguir avanzando en materia de equidad y transformación social, pero también desde el ámbito de desarrollo personal.

Sigue siendo un aspecto que todavía se arrastra, lleno de tabúes y de estigmas sociales y culturales.


En las últimas décadas no hay duda de que ha habido un progresivo envejecimiento de la población, y por tanto de un aumento de la esperanza de vida. Si antes a una persona se le consideraba ‘mayor’ por tener 55 -60 años, y su media de mortalidad podían ser los setenta años, ahora mismo nos encontramos con un largo periodo de vejez que puede extenderse durante varias décadas. Sólo hay que fijarse en la vida de cualquiera para pensar en lo que hemos podido cambiar durante 20 años. Pues eso sucede en la vejez actual; etapa que puede comenzar a los sesentaicinco años y prolongarse hasta los setenta, ochenta, noventa o cien. Mucho tiempo en la vida de una persona.

En nuestra cultura Occidental donde se idealiza la juventud y la belleza se sigue asemejando la vejez con deterioro, enfermedad, dependencia, inactividad y una cierta pasividad social. Frecuentemente se pretende decidir por las personas mayores, acabándoles por ver como seres asexuales y carentes de deseo y placer. ¿Cuántos anuncios de publicidad, películas, literatura relacionados con relaciones sexuales tienen como protagonistas a personas mayores, y sobre todo a mujeres mayores? Pocos.



Una pareja a la que atendí hace ya muchos años fue la primera que me abrió los ojos. Habían superado ella los setenta y seis años y él los setenta y ocho años y querían mejorar sus relaciones sexuales. En el caso de él sentía un gran miedo a no aguantar como antes, mientras que ella había dejado de gustarse físicamente. Fue todo un aprendizaje para mí acompañarles en su readaptación para poder tener una vida sexual diferente a la de cuando tenían cuarenta años, pero estando activos y apreciando, lo que tenían en ese momento. Por supuesto, las relaciones sexuales cambian a medida que uno envejece, pero eso no tiene que significar que se pierdan.

Por lo tanto la sexualidad no está condicionada por la edad, o con tener o no pareja. Sí que hay otros factores que por supuesto influyen; pero lo hacen en cualquier momento vital: una buena salud física, emocional y cognitiva, mantenerse activo familiar y socialmente, una relación de pareja sana, un bajo nivel de ansiedad, el consumo o no de determinados fármacos, ausencia de trastornos psíquicos, etc.

A esto hay que añadirle las variables de tipo social, cultural y religioso que han sido, y siguen siendo, grandes bloqueadores de cara a favorecer la sexualidad de las mujeres mayores, generando una serie de creencias y actitudes que la anulaban en la vejez. Considerar la sexualidad con la única función procreadora y dentro del matrimonio ha dejado sin posibilidades a aquellas mujeres viudas, solteras o casadas mayores que superaban determinada edad. Muchas han envejecido, y lo siguen haciendo, desconociendo su cuerpo, y habiendo cumplido los patrones de sumisión centrados en el “dar” pero sin posibilidades de “desear” y de “recibir”.

Uno de los motivos que perjudica de cara a tener mayor deseo sexual es no aceptar que una se hace mayor, y que su cuerpo cambia. Se incrementa así el estado de ansiedad y de inapetencia aniquilando la oportunidad del re-conocimiento. Pretender seguir haciendo lo mismo tampoco ayuda mucho; como por ejemplo centrarse exclusivamente en la penetración. Hay muchísimas más opciones dentro de la sexualidad; el tema es sacarnos partido, como a las caricias por toda la piel.

En resumen, cumplir años no tiene por qué poner límites en la sexualidad. Hay deseo, placer y orgasmo como en cualquier otra etapa de la vida. Hay que salir de la monotonía, fantasear a través de la imaginación, no verse como enfermas por envejecer, reconciliarse con el propio cuerpo, liberarse de las preocupaciones, conocerse a una misma para saber lo que se desea, valorándose positivamente, aceptándose y queriéndose de forma integral. Saborear el placer de la sexualidad en solitario o acompañada, permite sentirse más viva y seguir reafirmándose como mujer.

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