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Polvo y paja



Discernir entre lo que es polvo y paja en un momento políticamente convulso como el que atraviesa España es prácticamente imposible. Ni la “masa” quiere escuchar que hay personas o instituciones honradas, ni el sentimiento general es de “querer discernir”. Seis años de grave crisis económica, con un altísimo número de desempleados, con un empobrecimiento masivo, con pérdida de poder adquisitivo y con un nivel de corrupción inimaginado han terminado por minar la moral de todos. Pero eso no significa que no debamos intentar discernir entre lo que ha estado mal hecho y lo que no.

Y esto me lleva a los preferentistas de Caja Madrid. Un tema recurrente en cualquier medio de comunicación, en el que se mezclan churras y merinas sin el menor decoro. Para empezar la emisión de las denominadas “preferentes”, un vehículo de inversión de alto riesgo – por la fata de liquidez y porque el tenedor es el último que cobra- estaban aprobadas, reguladas en su emisión y supervisadas por el Banco de España y por la CNMV. En segundo lugar la mayor parte de las grandes empresas del Ibex 35 , no solo Cajas de ahorros, y no solo caja Madrid emitieron preferentes, porque en aquellos años era la única manera que tenían de financiarse, con un diferencial de prima de riesgo/país disparado y los mercados cerrados para las compañías españolas. En tercer lugar no todas las Cajas de Ahorros emitieron preferentes, y muchas de ellas pagaron en tiempo y forma, es decir sin ningún tipo de quebranto para el preferentista.

polvo y pajaEn el caso de Caja Madrid, la nueva dirección de Bankia lo primero que hizo fue llegar a un acuerdo con las autoridades para iniciar un proceso de arbitraje voluntario y gratuito al que acudieron el 75 % de los preferentistas. De ese 75 %, según fuentes de Bankia el 100 % han cobrado la mayor parte del dinero invertido. Según Bankia, el 25 % restante que no acudió al arbitraje, en su gran mayoría mal aconsejados por sus abogados, están negociando quitas e intercambios por acciones, que en el caso de la entidad se han revalorizado sustancialmente en el último ejercicio. Es más, una gran mayoría de los empleados de Caja Madrid suscribieron preferentes, según las mismas fuentes, con lo que la intención de “engañar” no estaba en el ánimo al menos, de los empleados de Caja Madrid y de los directivos de las oficinas a pie de calle.

Dicho todo esto, no es posible mezclar una mala gestión bancaria, con la emisión de un activo de inversión legal a todas luces, con la aparición de llamadas tarjetas Black. Son tres cosas distintas, que ocurrieron en un mismo momento y que tienen efectos legales diferentes. Por un lado los preferentistas , ya explicado. Por otro la buena o mala gestión de caja Madrid-Bankia hasta su salida a bolsa con la “falsificación de cuentas incluida” que por cierto fueron dadas por buenas por el Banco de España y la auditora Deloitte, y en tercer lugar con las famosas tarjetas, que son el colmo de la sofisticación financiera: tarjetas de crédito en negro. Es impresentable que los consejeros de la entidad tuvieran un salario en negro para sus gastos y que lo mantuvieran como si nada. Y el Ministerio de Hacienda tendrá que hacer inspecciones fiscales para determinar exactamente cual es la multa en su caso, por la utilización de la misma. La utilización y su implantación como método de pago. Porque si una empresa tiene una contabilidad paralela fraudulenta, hay de hecho, un quebranto para los accionistas de la entidad.




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