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Por mala voluntad K, se atasca la negociación en New York

Es una negociación muy compleja que, cuando parecía que tomaba vuelo, ahora se encuentra frenada. El Estado argentino tiene una condición: no aportar dinero porque su victoria en el frente interno consiste en ejecutar lo que anticipó el jefe de Gabinete de Ministros, Jorge Capitanich: "Una negociación entre privados". Pero ¿cuándo le devolvería el dinero el Estado a los privados nacionales que aporten los recursos? Luego, los 'holdouts' no quieren bonos argentinos porque están escapando de esos papeles. Ellos exigen dinero. Son los 2 cuellos de botella a resolver.




El Estado argentino aceptó sentarse a la mesa pero para preservar su 'relato' de cabotaje, su condición es no aportar dinero. Es interesante el intento del Estado K de apartarse de un problema que provocó: "Que lo resuelvan entre privados", ya había advertido el inconsistente Jorge Capitanich, hombre millonario gracias al Estado, que por su torpeza perdió toda posibilidad de ser presidenciable.

La verdad es que los privados han intervenido ante la ausencia de iniciativa del Estado K, que con una impericia manifiesta abordó la cuestión del incumplimiento, refugiándose en que no tendría mayores costos, imbecilidad llamativa en Cristina Fernández de Kirchner, Carlos Zannini, Axel Kicillof y otros funcionarios que presumen de título universitario: otra demostración que la Academia no garantiza inteligencia.

El problema es el siguiente: los bancos privados nacionales tienen pesos, no dólares (el Banco Central les ha obligado a reducir sus posiciones en dólares), y lo que pueden hacer es comprar títulos públicos argentinos nominados en dólares. La idea era que esos títulos fuesen la garantía o caución a favor de los acreedores litigantes para que ellos, entonces, le pidan al juez Thomas Griesa que reinstale una cautelar favorable al Estado deudor para que pueda pagar a los acreedores que aceptaron el canje + quita.

Pero los acreedores litiganes reclaman dólares, no bonos, algo que podría ocurrir ejecutando una operación tipo 'contado con liqui', que es legal aunque el Gobierno K haya intentado derribar esa metodología de transferencia.

El problema es que los bancos preguntan al Estado K cuándo les devolvería el dinero y contra qué certificados aportarían esos recursos. Ahí aparece el obstáculo por estas horas. Si la posición del Estado K es no darle certidumbre o calzar una operación que debería ser de corto plazo, a largo plazo, Axel Kicillof terminaría derribando toda posibilidad.

Por lo tanto, si bien hubo una iniciativa privada muy interesante, la resolución corresponde al Estado K, que intenta correrse de una operación que le compete, y cuya concreción depende de que garantice a los bancos los recursos en tiempo y forma.

Por eso hay tantas vueltas con el nuevo encuentro en lo del Special Master designado, Daniel Pollack. Es una novela de misterio que habrá que seguir hora a hora.
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