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¿Por qué no existe una cura universal para el cáncer?








Este texto es un resumen de lo que aprendí al leer el libro The Emperor of All Maladies, de la pluma de Siddhartha Mukherjee. No pretendo hacer una reseña, sino escribir algunas líneas sobre lo que leí, con el propósito de invitar a lectores interesados a pensar sobre una enfermedad que ha causado tanto dolor: el cáncer.



El cáncer es una enfermedad difícil de tratar porque cada caso es diferente. A pesar de ser un mal que se ha registrado desde la época de los faraones, los médicos han luchado contra ella con magros resultados, invirtiendo enormes esfuerzos y recursos en investigación, cirugías, fármacos y radioterapias.



El problema de la lucha contra el cáncer radica en que nuestro material genético tiene la posibilidad de ser la fuente de tumores malignos. Cada tejido es capaz de desarrollar células cancerosas, a partir de sus propios genes.



En el núcleo de las células se encuentra el material genético, compuesto por el ADN (ácido desoxirribonucleico). Es el encargado de dar instrucciones al ARN (ácido ribonucleico) para elaborar proteínas. El ADN, a través del ARN, procesa proteínas de la sangre en nutrientes y duplica el ADN con fines reproductivos.



Existen virus que pueden infectar una célula utilizando su ARN para replicarse miles de veces y, una vez multiplicado, infectar a otras células.



Además, existen retrovirus. Éstos, a diferencia de los virus, utilizan el ADN para preproducirse. Dado que el ADN tiene nuestra información genética, cuando es atacado por un retrovirus, el gen se altera; el material genético modificado queda impregnado de por vida en la célula que sufrió el ataque. Los retrovirus pueden generar oncogenes, capaces de iniciar cáncer. Los oncogenes se heredan de una generación a otra.

Cuando un oncogén padece alteraciones por causas naturales, como sería errores en su duplicación o presencia de radiactividad, puede gestar una célula cancerosa. Cabe notar que se requieren varias mutaciones para que el oncogén de una célula se vuelva canceroso. Factores externos como el humo de las chimeneas coadyuvan a la formación de oncogenes propiciadores de cáncer.



Todas las células que dan lugar a tumores malignos poseen las siguientes características:






1- Cada célula cancerígena es distinta y, por lo tanto, cada tipo de cáncer es diferente, pues proviene de material genético mutado por el azar. Por lo tanto, no existe un tratamiento universal para el cáncer. Quimioterapias diseñadas especialmente para aniquilar tumores malignos de cierto tipo, no necesariamente funcionan para otro.



2- Existen familias donde los oncogenes se han heredado durante varias generaciones, es decir, personas que nacen con mayor posibilidad de desarrollar cáncer. Tienen oncogenes en el material genético de TODAS sus células. Si están sujetas a alteraciones se pueden convertir en células cancerosas. Un desencadenador posible es el humo de tabaco. Con tan sólo una célula cancerosa basta para desarrollar la terrible enfermedad.



3- Mientras el cuerpo aguante, las células de cáncer no dejan de reproducirse; carecen de la instrucción para poner freno a su multiplicación. La capacidad de dejar de reproducirse aplica a las células sanas. Por ejemplo, si nos quemamos, o rompemos un hueso, las células de ese tejido crecen y se dividen mientras exista lesión; al estar reparada, se pone fin a su multiplicación.



4- Las células de cáncer imparten instrucciones al equipo inmune del cuerpo para que no las ataquen. En general, nuestro sistema inmune va al acecho de células mutadas, peligrosas, muertas, que deben aniquilar. Sin embargo, el sistema inmune no destruye a las células cancerosas: no las detecta como nocivas.



5- Las células cancerosas instruyen al sistema de alimentación del organismo, como los vasos sanguíneos, para que las nutra de manera prioritaria.



6- Las células cancerosas migran, se instalan en nuevos tejidos. Así, el cáncer de mama puede generar metástasis en los pulmones o los huesos, repitiendo las instrucciones, para que el cuerpo no las destruya y las provea de alimentación y puedan, así, continuar multiplicándose sin freno. Esta migración puede engañar incluso al cerebro, donde los vasos capilares son particularmente delgados, para evitar que pasen por ellos materiales dañinos.









Resumiendo, los genes de nuestras células tienen la posibilidad de transformarse en oncogenes, si es que no lo son ya. Si sufren más mutaciones pueden transformar la célula sana, donde existen, en una cancerosa. Ésta se multiplicará sin freno, no será atacada por el sistema inmune, se hará alimentar y migrará.



La cura universal para el cáncer se ve distante, por su enorme diversidad. Sin embargo, hay esperanza de combatirlo cuando se conozca mejor cómo el ADN prescribe instrucciones.
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