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Porque fracasa el proteccionismo en Argentina

Por qué fracasó el régimen proteccionista en la Argentina


Estado de situación. De acuerdo con el índice de competitividad global relevado por el Foro Económico Mundial, la Argentina se ubica en el puesto 92 sobre 137 economías relevadas. Desde hace dos años el país viene revirtiendo la tendencia de permanente deterioro observada entre 2012 y 2015, pero es evidente que todavía queda mucho camino por recorrer.

El índice es multidimensional y pondera varios pilares que describen -de una manera integral- la competitividad de un país. Dentro de ellos, el referido a la eficiencia del mercado de bienes es en el que la Argentina presenta su peor posicionamiento. Allí se encuentra por delante de solamente 4 naciones: Mauritania, Haití, Chad y Venezuela. En particular, la Argentina tiene problemas serios relacionados con el poco grado de integración en los mercados internacionales de bienes.

Contexto internacional. Si bien casi todos los economistas favorecen el libre comercio, y la literatura económica muestra abundantes ejemplos de los perjuicios del proteccionismo, durante ciertos períodos el mundo debió lidiar con corrientes aislacionistas, bajo la creencia de que estas medidas aumentan la producción local e incrementan los niveles de actividad económica y de bienestar de la población en general.

A partir de la crisis financiera en los Estados Unidos -y en el mundo- y la posterior crisis fiscal europea, parecería que una nueva ola proteccionista avanza a nivel mundial. Casos como el Brexit en el Reino Unido, la victoria de Trump en las elecciones americanas y el resurgimiento de diferentes movimientos nacionalistas, fundamentalmente en Europa, dan cuenta de ello. En todos ellos, las argumentaciones van mucho más allá del mero tema comercial, ya que dejan entrever ciertas tendencias proteccionistas, xenofóbicas, demagógicas y nacionalistas en los discursos, al querer limitar las importaciones de bienes y el libre movimiento de personas.

Las razones por detrás del resurgimiento de estos movimientos pueden estar asociadas especialmente a los cambios en los hábitos de consumo de poblaciones envejecidas, conjuntamente con la incorporación de nuevas tecnologías en los procesos productivos. El descontento se siente ya que los cambios tecnológicos generan claros "ganadores" y "perdedores"; y la política falló en reinsertar a estos últimos en la nueva estrategia productiva. A pesar de las fricciones de estos modelos (y de las olas proteccionistas que surgen cíclicamente), el mundo en su conjunto parece convencido sobre las ventajas del libre comercio y valora las economías más abiertas.

El modelo a modificar. En el caso particular de la Argentina, desde mediados del siglo pasado prevalecieron los regímenes de sustitución de importaciones. El objetivo era reducir las importaciones, ya que se podría producir internamente lo que se compraba del exterior, generando un círculo virtuoso de ahorro de divisas, aumento de la actividad económica y del empleo. En la práctica, no solo no se generó el círculo virtuoso de bienestar buscado, sino que las exportaciones también cayeron pari-pasu con la reducción de las importaciones, porque la economía se terminó cerrando al mundo. Las ventas externas del país, que llegaron a representar casi el 3% del comercio mundial a mediados del siglo pasado, cayeron a poco más del 0,4% en la actualidad.

El fracaso del régimen proteccionista en la Argentina radica en que, en ese proceso, se creó un sector industrial muy diversificado que terminó siendo necesariamente ineficiente debido al relativamente pequeño tamaño del mercado interno, por lo que nunca pudo alcanzar las economías de escala requeridas. Al mismo tiempo, la protección elimina la competencia, lo que reduce notablemente el incentivo a innovar y a asignar los recursos de manera eficiente.
La menor participación en el comercio internacional también contribuyó en la decadencia argentina. Comparado con el mundo, el país pasó de ser una de las principales economías mundiales a comienzos del siglo XX a representar, hoy, menos del 1% del PBI mundial.

Los casos exitosos de inserción. En economías que, como la Argentina, estuvieron sujetas a esquemas proteccionistas, la vuelta a la senda de crecimiento y desarrollo, estuvo asociada a un proceso de reapertura. La implementación de medidas tendientes a reducir la percepción del riesgo, mejorar el funcionamiento de las instituciones y elevar la tasa de retorno de las inversiones, permitieron que estos países pudieran acceder a los mercados de capitales y expandieran su gasto interno, tanto para inversión como para consumo.

El proceso de apertura activa un nuevo círculo virtuoso, pero en este caso, con financiamiento de los mercados internacionales. El mayor gasto eleva los niveles de producción, y la inversión en bienes de capital eleva la capacidad productiva. El uso de la mayor capacidad productiva y el acceso al crédito aumentan la productividad y bajan los costos financieros. En consecuencia, sube la tasa de retorno presente y esperada del stock de capital, incentivando la llegada de nuevas inversiones. Este proceso, sin dudas puede provocar alguna restricción externa, por la generación de saldos negativos en la cuenta corriente de la balanza de pagos.

El desafío de la reinserción. El cambio de gobierno a finales del año 2015 estuvo acompañado por una nueva postura hacia la apertura internacional. Se tomaron diferentes medidas tendientes a reinsertar al país a los mercados de capitales, que resultaron sumamente positivas a la vista de los resultados. El proceso de recuperación económica, que originalmente estaba liderado por la inversión, comenzó a darle lugar a un fuerte proceso de expansión del consumo privado, que, incluso se ubica actualmente en niveles récord históricos. Ambos factores crecen a un ritmo superior al del PBI, y el deterioro en las cuentas externas, advertido en los párrafos anteriores, comienza a vislumbrarse, en parte a raíz de que no hubo por ahora una baja significativa del desequilibrio fiscal.

En los próximos años, la Argentina necesitará contar con financiamiento externo si quiere desarrollar el potencial del sector energético y revertir el proceso de descapitalización de los últimos años.

El desafío aquí es doble. No solo conseguir el financiamiento necesario para ampliar la capacidad productiva, sino además controlar la demanda interna para evitar caer en elevados desequilibrios externos que podrían detener el flujo de capitales rápidamente. Para esto, es crucial que se avance en la convergencia fiscal, pero también hay que acelerar la liberalización comercial, porque ésta permite la necesaria reasignación de recursos desde sectores ineficientes y estancados hacia sectores competitivos y dinámicos.






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