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Presupuesto 2015 Axel les dio ficción

Querían ficción? Axel les dio ficción. Analicemos algunos datos del Presupuesto 2015, el último de Cristina, y después volvamos a la realidad.




Según el ministro de Economía, el año próximo los ingresos del sector público crecerán un 28,1% anual y los gastos se expandirán solo 13,2%. Si alguien creyera que fuera cierto, esto se llamaría un brutal ajuste fiscal, que se supone no solo sería rechazado por la oposición sino también por buena parte de la militancia K. Imagínense las jubilaciones –la mayor erogación estatal– aumentando la mitad de la inflación; o el Gobierno eliminando, en el año electoral, la totalidad de los subsidios al transporte y la energía en el área metropolitana, con lo cual las tarifas de colectivo, luz y gas se multiplicarían por 6,7, 8. Pura ficción, como en la tele.


“Teníamos un problema irresoluble. El déficit primario (recaudación menos gastos antes del pago de intereses) este año rondará los $ 75.000 millones. Nunca antes hubo un desvío tan grande (del 28%) con lo presupuestado (habitualmente rondaba el 15%). Y la ley de administración financiera nos obliga a presentar un presupuesto primario equilibrado”, justifica un funcionario el dibujo.


El problema es que la ficción que propone Kicillof es contradictoria con su discurso keynesiano y, más relevante aún, con el resto de los números del Presupuesto. Tanto el ministro como la Presidenta se la pasan destacando el rol clave del Estado en el sostenimiento de la actividad económica: ¿Cómo explican entonces que con un fuerte ajuste fiscal, como el contenido en el presupuesto, el año próximo el PBI crecería mucho más (2,8%) que este año (0,5%), en el que los gastos superan a la recaudación? (Dicho sea de paso, la dificultad de la administración K para admitir caídas en el PBI –ni siquiera lo hizo en la recesión del 2009– será en el futuro objeto de estudio de la psicología. ¿Qué es mejor en términos de las expectativas y la reputación del Gobierno?: reconocer un PBI en baja, o confirmar a los agentes económicos que se falsifican una y otra vez las estadísticas del producto.


Tampoco se prevé en el Presupuesto un boom de las exportaciones (inviable con precios de la soja más flojos), ni de la inversión –apostando al cambio del ciclo político– que justifique un mayor crecimiento económico.


Una mención especial para las cifras de inflación. No es relevante el pronóstico de 15% para el 2015, porque ya nadie cree en los pronósticos del ministro: el Presupuesto 2014 contemplaba para este año crecimiento del PBI del 6,3%; dólar promedio a $ 6,33; e inflación del 10%.

Lo importante es que Kicillof ratifica que se volvió a truchar el nuevo índice de precios al consumidor medido por el INDEC: para este año, según el proyecto de ley, se ubicará en 22%, con lo cual se estabilizaría en el papel debajo de 1% en los próximos 4 meses. Pregunta elemental: si los aumentos salariales cerraron este año alrededor del 30% y la inflación fuera del 22%, ¿por qué no vuela el consumo dada semejante mejora en el poder adquisitivo salarial? “Es la mala onda, estúpido”, se sospecha que sería la interpretación de Kicillof.

En cuanto al tipo de cambio, el Gobierno estima un dólar promedio este año de $ 8,21, para lo cual se supone que no superaría los $ 9 hasta fin de año. Y para el 2015, un dólar promedio de $ 9,45, apenas 10% superior al actual. Si la inflación se estabilizara arriba del 25% –como es probable– el atraso cambiario sería un problemón para el próximo Gobierno. Pero, de nuevo, no parece ser un pronóstico. A lo sumo, un deseo.

Ahora hablemos en serio. El Presupuesto 2015 prevé un superávit comercial (exportaciones menos importaciones) de u$s 9197 millones. La proyección es dudosa, porque depende de qué suceda con la balanza energética: este año, con recesión, el déficit alcanzará “entre u$s 8000 y u$s 9000 millones”, dijo el ministro pero prometió que se reducirá el año próximo, con más crecimiento económico, gracias a su gestión en el área.

En el equipo de Kicillof afirman que hasta diciembre de 2015 vence deuda por unos 12.300 millones en manos de acreedores privados y aseguran que ese monto podría cubrirse con el superávit comercial más un “paquetito de dólares amigos”: fondos de los organismos multilaterales, China, más alguna otra pasada de gorra. Son números voluntariosos. Pero, igualmente, admiten en privado que los dólares no alcanzan para impulsar la economía, como dibujaron en el Presupuesto 2015. ¿Axel estará haciendo jueguito para la tribuna hasta enero, cuando vence la cláusula RUFO, para encarar después una negociación en el juzgado de Griesa? Es lo que algunos empresarios interpretaron que sugirió en confianza durante la cena en Tecnópolis por el día de la Industria. No es garantía de nada. Nadie niega la capacidad de Kicillof para la ficción.
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