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PS 4 vs Xbox One: conoce al ganador definitivo

Hoy por fin se cerrará cualquier especulación o rumor en torno al hardware que alberga las dos consolas de nueva generación: la PlayStation 4 de Sony y la Xbox One de Microsoft, las cuales se tratan de la octava generación de consolas

Esta es la primera generación de consolas de la historia en hacer uso de un hardware de PC para su funcionamiento, por lo que hacer una comparación directa del hardware entre la PlayStation 4 y la Xbox One es relativamente fácil. En las anteriores generaciones, cada consola era equipada con una CPU y un chip gráfico altamente personalizados para ser albergado en una u otra consola, arquitecturas especializadas que sólo podían ser realmente comparadas por encima (bits, flops) o por un número significativo como el de los FPS.

La PlayStation 4 y la Xbox One son, sin embargo, idénticas en lo que a hardware se refiere, ya que ambas hacen uso del mismo corazón, una APU AMD x86 de ocho núcleos, los que nos deja entrever que tanto la consola de Sony como de Microsoft son esencialmente ordenadores, y por lo tanto el rendimiento es relativo y se puede comparar de la misma manera que se haría con dos portátiles x86 o dos tablets Androids basadas en ARM.




Como acabamos de mencionar, tanto para la PlayStation 4 como la Xbox One, Sony y Microsoft optaron por una APU semi-custom de AMD fabricada por TSMC a un proceso de fabricación de 28 nm, la cual cuenta con 8 núcleos Jaguar con los gráficos AMD Radeon HD 7000 Series. La APU de la PlayStation 4 corre a una frecuencia de 1.60 GHz, mientras que la Xbox One lo hace a una frecuencia de 1.75 GHz, algo que no era lo planeado, realizando un overclock del 10 por ciento después de que se filtrara el verdadero potencial de su competencia, la PlayStation 4, intentando así estrechar los márgenes en torno al rendimiento.

Jaguar en el mundo del PC, no es una CPU muy potente, ya que se encuentra basada en Kabini con partes de Temash, por lo que se encuentra dirigido a ordenadores portátiles y tablets, pero con la diferencia de que se hace uso de un total de ocho núcleos (en lugar de los dos o cuatro núcleos en una configuración normal de Kabini o Temash para PC, por eso es un chip semi-custom/semi-personalizado). Gracias a esta adición de núcleos la APU permite desarrollar la suficiente potencia como para que la PlayStation 4 y la Xbox One hagan alarde de un gran potencial y tareas multitarea con plena solvencia.

En definitiva, la Xbox One tiene una CPU un 10 por ciento más potente respecto a la PlayStation 4, pero hay que recordar que Microsoft dijo que los desarrolladores de juegos sólo tendrán acceso a los seis de los ocho núcleos de la CPU, presumiblemente, debido a que estos dos núcleos están reservados para otras tareas (como por ejemplo, la multitarea), desconociendo si la PlayStation 4 tiene una restricción similar, pero el rendimiento de la CPU no es vital para para el desempeño gráfico, por lo que la tarjeta gráfica (GPU) será el gran diferenciador entre las dos consolas.

Adicionalmente, la PlayStation 4 tiene un segundo procesador de muy bajo consumo basado en la arquitectura ARM conocido como “SCEI CXD90025G“, su finalidad es entrar en funcionamiento cuando la consola se encuentra en standby descargando aplicaciones, parches, juegos, etcétera, consiguiendo así un ahorro energético desactivando la APU.




Entramos en la parte mas interesante y decisiva para ambas consolas. Ambas hacen uso de los gráficos integrados de la APU, pero con una diferencia, Sony optó por una potencia gráfica más destacable frente a Microsoft. Esta diferencia es simple, mientras que la Xbox One hace uso de una GPU de gama de entrada basada en el silicio Bonaire encontrada en una AMD Radeon HD 7790, la PlayStation 4 se decantó por una gráfica de gama media basada en la GPU Pitcairn, por lo que hablamos de una AMD Radeon HD 7870.

Conociendo estos detalles, podemos decir que la Xbox One está dotada de 12 Compute Units -unidades de cómputo- (768 Shaders) a una frecuencia de 853 MHz respecto a las 18 CUs (1152 shaders) @ 800 MHz de la PlayStation 4.

En resumen, los gráficos de la PlayStation 4, bajo el papel, son un 50 por ciento más potentes que los de la Xbox One. La GPU un poco más rápida de la Xbox One ayudaría a disminuir la diferencia, pero realmente la PlayStation 4 con una mayor cantidad de unidades de cómputo es una seria ventaja para Sony, además, esa diferencia de rendimiento se agrava en la consola de Microsoft, ya que Microsoft ha dicho que el 10 por ciento de la GPU está reservada para Kinect, así que vemos como su rendimiento empeora debido a este controlador adicional que la compañía ha añadido con calzador a su consola.

Más allá de las frecuencias de reloj y las unidades de cómputo, ambas están basadas en la misma arquitectura Graphics Core Next (GCN) y soportan las APIs OpenGL 4.3, OpenCL 1.2 y DirectX 11.2. Lo que podría marcar la diferencia entre ambas consolas es Mantle, AMD ya anunció porqué la Xbox One no será compatible con su API propietaria, pero nunca hizo mención expresa respecto a la PlayStation 4, la cual, de permitir la adición de esta API en el futuro (si fuera posible) y, según los datos desvelados por AMD, se conseguiría un incremento gráfico de hasta un 80 por ciento.




Junto a la GPU, otro dato muy diferenciador entre ambas consolas es el tipo de memoria RAM usada en cada sistema. Sony optó por añadir en su PlayStation 4 8 GB de memoria GDDR5 @ 5500 MHz (similar a la que encontramos en gráficas de alta gama), mientras que Microsoft dotó a su Xbox One 8 GB de memoria DDR3 @ 2133 MHz (la misma que podemos comprar para nuestro PC). Aquí la diferencia de rendimiento es bastante considerable a favor de la PlayStation 4, la unión de la CPU, GPU con dicha memoria alcanza un ancho de banda de 176 GB/s, frente a unos ajustados 68.3 GB/s para la Xbox One.

A favor de Microsoft, la Xbox One incluye 32 MB de la memoria ultra rápida SRAM (en torno a 102 GB/s en cada dirección con un total de 204 GB/s en ambas). Si esta ESRAM Microsoft la usa correctamente como caché, hay una gran diferencia en el ancho de banda del sistema principal (RAM), la cual Microsoft ha hecho que su acceso sea sencillo esperando que los desarrolladores hagan uso de ella.

Adicionalmente, la PlayStation 4 incorpora 2 GB de memoria DDR3 y un chip adicional de 256 MB de memoria DDR3, desconociendo realmente que utilidad tienen, posiblemente los 2 GB de memoria DDR3 sean para el propio sistema operativo en sí de la consola, mientras que esos 256 MB sueltos sean para apoyar al segundo procesador mientras realiza las descargas en standby.




Después de poderse comparar por primera vez en la historia detalle a detalle dos de las consolas más potentes del mercado gracias a una arquitectura idéntica, la reflexión es simple, la PlayStation 4 supera claramente a la Xbox One en el papel. Sin embargo, las diferencias las marcarán los desarrolladores de juegos, ya que en estos recaen la responsabilidad de hacer un buen uso del hardware de cada consola y exprimirlo al máximo.

Es de esperar que los títulos de PlayStation 4 se muestren con una mayor calidad gráfica, más bonitos y a una mayor tasa de imágenes por segundo (FPS), un claro ejemplo es el vídeo de Battlefield 4, donde podemos ver a la PlayStation 4 y la Xbox One enfrentadas, con la salvedad de que la PlayStation 4 lo hace a una resolución de 1600 x 900 píxeles frente a unos 1280 x 720 píxeles de la Xbox One, plasmando casi perfectamente como la consola de Sony es un 50 por ciento más potente respecto a la de Microsoft.






Sin embargo, a diferencia de la resolución y el re-escalado, visualmente, en ambas consolas nos encontramos poca diferencia en virtud a que se basan en una misma arquitectura, por lo que prácticamente se ven de forma similar, ya que se hace uso de la misma iluminación, las mistas texturas, físicas, humo, etcétera, por lo que la creación de un título multiplataforma nunca llegará a aprovechar el potencia de una u otra consola (recuerda que esto recae en los desarrolladores), por lo que la diferencia gráfica prácticamente sólo será palpable en una mayor medida con los títulos exclusivos de ambas consolas, donde los desarrolladores independientes aprovecharán la gran potencia de la GPU y memoria GDDR5 de la PlayStation 4 o la memoria ESRAM de la Xbox One, aunque siempre la PlayStation 4 tendrá una mayor ventaja gráfica, es algo físico y ningún desarrollador podrá exceder dicha limitación, virtud que con el paso del tiempo se irá acentuando frente a su competencia.
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