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Los pueblos originarios de norteamérica siguen sufriendo, después de 500 años, un genocidio físico, emocional, social y espiritual por parte de los europeos y la política colonialista de EEUU.
 
En la reserva de Dakota del Sur, en la que viven unos 28.000 amerindios lakotas y dakotas, también llamados población Sioux, ubicada en el medio oeste de los Estados Unidos, ha aumentado de manera significativa el número de suicidios de jóvenes índígenas, quienes no se adaptan a las culturas “progresistas” de la nación norteamericana, que los obliga a abandonar sus tierras, creencias culturales y espirituales, para adaptarse forzosamente a la sociedad globalizada y capitalista.
                                                                     
Debido al oleaje significativo de suicidios adolescentes, la tribu Sioux fue declarada nuevamente en estado de emergencia por su presidente, John Yellow Bird. Ya en marzo de 2010 la entonces presidenta de la tribu sioux oglala, Theresa Two Bulls lo había hecho por las mismas razones.
 
En las navidades pasadas, por ejemplo, una joven lakota de 15 años se quitó la vida, siguendo el ejemplo de un compañero de su misma edad. A partir de allí, otro chico y 6 jovencitas más, una de 12 años, se suicidaron en una nueva oleada que se registró en la reserva Pine Ridge, ubicada en Dakota del sur occidental.
                                                                    
Gran parte de estas circunstancias terribles se debe a que la población lakota oglala de Pine Ridge afronta una larga historia de abusos, alcohol, drogas y pobreza que llenan de depresión a sus habitantes, optando por el suicidio, sin embargo, esto es considerado una consecuencia del genocidio de los pueblos originarios que data desde 1492, con el llamado “Descubrimiento de América”.
                                                                    
Para la jueza principal de la tribu spirit lake, Ruth Hopkins, quien a su vez es jueza de las tribus sioux yankton y santee del poblado de Crow Creek (Dakota del Sur), el suicidio de las comunidades nativas sigue ocurriendo en la actualidad, porque permanecen los abusos sexuales y la exclusión social hacia las tribus por parte del gobierno norteamericano.
                                                                   
Hopkins es además escritora fundadora de LastRealIndians.com y columnista de Indian Country Today Media Network.
                                                                    
Hopkins sufrió en carne propia los estigmas que llevan las mujeres indígenas de norteamérica. Intentó suicidarse a los 22 años. Su padre vivió en un internado desde los cuatro años. Ruth fue abusada sexualmente a los 15 años en varias ocasiones.

Por su parte, el Departamento de Justicia estadounidense informó que una de cada tres mujeres indígenas manifiesta haber sido violada durante su vida, en su mayoría por hombres no indígenas, sin ser sancionados judicialmente.
                                                                    
Se resisten al cambio. Al parecer, los intentos de suicidios suelen aumentar porque también los jóvenes aborígenes se niegan a recibir atenciones del Servicio de Salud Indio, el cual los envía a hospitales en las ciudades estadounidenses para hacer terapias con jóvenes no indígenas, tratando de evitar su regreso próximo a la comunidad.
                                                                    
Las depresiones son producto de traumas históricos acumulativos
                                                                   
La doctora María Yelow Horse afirma que los nativos estadounidenses han vivido heridas emocionales y físicas durante generaciones, que derivan de un trauma grupal masivo, producto de la política genocida y colonialista del gobierno de los EEUU y los europeos.
 
Según declaraciones de Heart, “los ciclos de abuso siguen produciéndose, empezando por los internados que separan a los hijos de sus padres y los sacan de su hogar y la desintegración familiar que vivimos, todo está conectado".
                                                                    
El traslado de las tribus a reservas apartadas, la desposesión de sus tierras, las dificultades económicas con las que siguen lidiando hoy en día, son aspectos recurrentes que influyen en el alto índice de suicidios.
 
Los pueblos originarios de Estados Unidos fueron recluidos forzosamente en reservas y en internados.
                                                                   
Eileen Janis, una voluntaria que trabaja en un programa de prevención del suicidio de la tribu sioux oglala denominado Sweet Grass, explicó que las autoridades norteamericanas los desconectaron de sus creencias culturales, porque “nosotros construíamos nuestras casas, diseñábamos nuestras ropas, conseguíamos nuestros alimentos; los almacenábamos para el invierno. Y entonces nos metieron en las reservas y nos dijeron que no cazaríamos más, porque ellos nos traerían nuestras raciones y que nos darían comida enlatada".
                                                                   
Para Jani, la eliminación de la caza, de la cultura y el reemplazo de sus culturas fue fatal. “Nuestra espiritualidad no es una religión donde se reza un 'Padre Nuestro' por la mañana y un 'Ave María' por la noche", es una manera de vivir. Llegaron las iglesias y enseñaron la Biblia, que no era lo mismo que nuestra espiritualidad. Nos enseñaron que nuestros hijos nacen con una naturaleza pecaminosa. Eso no está bien. Nuestros hijos son seres sagrados", subrayó.