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Puso una bandera en un territorio que nadie reclama y nombró

El norteamericano que se “fabricó” un reino en Africa Parece una locura, pero puede tener aval gracias a una antigua ley.


Fue hace un año cuando Emily lanzó la pregunta que suele corretear en las cabecitas de tantas nenas cuando juegan entre tules y castillos: “¿Papá puedo ser una princesa?”. El padre le dijo que sí, pero no se conformó con comprarle una coronita de plástico para complacer a una belleza de 6 años: Jeremiah Heaton, un estadounidense de Virginia, buscó un territorio remoto que nadie reclamaba en Africa, viajó hasta allí hace pocos días, plantó una bandera y bendijo a su niña con el título de princesa de la nación que acababa de fundar, el “Reino de Sudán del Norte”. Lo más sorprendente es que su acción no es la locura de un padre que consiente a su pequeña: puede tener aval jurídico gracias a una antigua ley de la época colonial.

“Nadie quiere decirle a una niña que ella no puede ser lo que sueña. En su mundo, una chica de seis años quiere ser una princesa”, explicó Heaton en diálogo con Clarín desde su casa en Virginia. “Y yo le dije que era factible”. El hombre, de 38 años y dueño de una empresa de seguridad en minas, contó que se puso a buscar en Internet y descubrió que había una manera de tener un reino: gracias a un antiguo principio legal (en latín, terra nullius, lugar que no pertenece a nadie ) cualquiera puede apropiarse de un territorio no reclamado.

Parecía imposible hallar una “tierra de nadie”, en un mundo con casi dos centenares de naciones. “Busqué primero en la Antártida, donde no vive nadie, pero por el Tratado Antártico nadie puede reivindicar territorio”, contó Heaton. Pero luego descubrió una zona, en la frontera entre Egipto y Sudán, no muy lejos del Nilo y el Mar Rojo, que es un territorio que nadie reclama. Se llama Bir Tawil, está en el medio del desierto y tiene una superficie equivalente a 10 veces la ciudad de Buenos Aires. “Tiene una historia clara de que no ha sido reivindicado por más de 100 años. Y me dije: ‘¿Por qué no voy allá y lo reclamo?’”, contó Heaton.

Le tomó meses obtener lo necesario: un permiso del gobierno egipcio para viajar allí, porque no es un lugar turístico; diseñar una bandera y llevar un GPS para saber cómo llegar. Finalmente, el 16 de junio concretó el deseo de su hija y clavó la insignia familiar en un monte del desierto. Sueño cumplido: Emily sería princesa.

Pero, ¿realmente es legal? El principio de terra nullius fue aplicado en los siglos XVI y XVII por potencias colonialistas. Hubo casos más modernos, como en una disputa entre Japón y China. Para Eduard Swaine, profesor de Derecho de la Universidad George Washington, es posible, pero no es tan simple. “Hay que probar que ese territorio no fue reivindicado por nadie. Y eso debe ser evidente”, señaló. “Luego, Heaton debe ocupar ese territorio y eso es más que clavar una bandera”. También, coinciden los expertos, debería ser reconocido por países vecinos y Naciones Unidas. ¿Va a mudarse allí? “No hay infraestructura ahora”, dice Heaton. “Pero una vez que la tengamos nos vamos”.
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