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¿Que argentina le dejo Cristina a Macri?







El jueves 10 de diciembre, cuando Cristina Fernández se retire de la Asamblea Legislativa convertida ya en ex presidenta, millones de argentinos que en los últimos 12 años se sintieron parte de un proyecto político acompañarán su regreso al llano con una montaña rusa de emociones. Será una escena impactante. Una página de la historia. Miles de personas estarán en la calle para cobijarla en la despedida: otros tantos ocuparán el espacio público para festejar la llegada de Mauricio Macri al gobierno. La mayoría del país seguirá el acontecimiento desde la pantalla. Mientras Cristina se aleje del Congreso, tras ocho años en la presidencia y 12 de kirchnerismo, un interrogante comenzará a recorrer -como aquel fantasma del Manifiesto- las reflexiones de todos los habitantes de este país. La pregunta inevitable, que en cierto modo también es un balance, tendrá ese aire de introspección propio del clima de las Fiestas y el Fin de Año. ¿Cómo es la Argentina que deja CFK? ¿Qué tanto cambió el país?

La primera conclusión es que los ocho años de Cristina presidenta instalaron en la vida cotidiana -para algunos, relato contrahegemónico; para otros, nuevo sentido común empujado por el clima de época- una demanda silenciosa de igualdad, el “para todos y todas”, que será difícil de desmontar en el futuro cercano. Esa ampliación de derechos encontró su condición de posibilidad en el impulso al mercado interno y al consumo popular. Otro rasgo indiscutible de los tres mandatos kirchneristas es la valorización y redimensionamiento del Estado: un Estado que puede resolver con más eficiencia los trámites de documentación personal; que puede garantizar el acceso de las transmisiones del deporte más masivo –el fútbol, una pasión muy arraigada en la cultura-; que puede tomar completamente a su cargo la administración de las jubilaciones y pensiones; que posee la mayoría accionaria y dirige otra vez la principal empresa del país, la petrolera YPF; entre otros ejemplos.

El Estado que deja Cristina es mucho más grande que el que halló Néstor Kirchner al asumir en 2003. Está muy lejos de ser el “Estado mínimo” de los ’90, al que algunos representantes de la nueva coalición oficialista, la alianza Cambiemos, quizá añoren retornar. Y, sin embargo, a pesar del crecimiento de la participación estatal en la economía, e incluso en la vida social, en la mayoría de los argentinos no se percibe un sentimiento anti-estatalista como el que Bernardo Neustadt contribuyó a crear a principios de los ’90 en los diálogos imaginarios con la famosa “Doña Rosa”. Según varios estudios de opinión pública a los que accedió Tiempo Argentino , la franja mayoritaria de la sociedad -con la excepción de una porción ideologizada de los votantes de Cambiemos- evalúa favorablemente el rol actual del Estado. Se valora la recuperación de sus capacidades. Incluso en el habla de todos los días se considera como algo positivo la expresión “público”. De allí la constante mención a TV “Pública”, Radio “Pública”, e incluso la leyenda que desde hace tiempo se puede ver en los nuevos trenes suburbanos –comprados a China, eso sí- que permiten viajar con mayores condiciones de seguridad, merced a los frenos ABS y el mecanismo de antiacaballamiento.

El clima de época que hereda Macri de la gestión de CFK, la demanda igualitarista y la revalorización del Estado, tiene como contraparte –en una reacción lógica que también se constata en todas las sociedades latinoamericanas que lograron movilidad social ascendente en el último período- cierta búsqueda de diferenciación social. Y también aparece una creencia, promovida desde buena parte del sistema de medios, que desvincula los logros personales de las medidas económicas y sociales que se impulsaron desde el Ejecutivo. Todo este panorama sobrevolará el debate ideológico con el que muy probablemente Cambiemos intentará construir su legitimidad, y justificar sus políticas, en la primera etapa del nuevo gobierno: la discusión de los próximos meses se concentrará en el clásico tópico de la ‘herencia recibida’. En esa polémica, Macri contará con el respaldo en bloque de los medios hegemónicos. Uno de los puntos sobre los que intentará cargar las tintas la próxima administración será la actualidad de la economía, en la que todos los especialistas –sean heterodoxos y keynesianos, o sean ortodoxos y neoliberales- perciben problemas.




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