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Que pasa en Puerto Madryn??

Madryn y los graves riesgos de una crisis interminable
15 Ago 2014 00:12La cadena de pagos quebrada en las actividades más importantes de Puerto Madryn, el conflicto municipal y el enfrentamiento con el gobierno, complican a una ciudad que parece condenada a las siete plagas año a año.


Si no es la recesión es la pesca, si no es la pesca -en modo general- es Alpesca, todo un tema por sí solo. Y si no, habrá problemas en los pórfidos, en el Turismo, en Servicoop, o en Aluar, o todo eso junto; condimentado además por una batalla política que ha traído más perjuicios que beneficios a una ciudad que mereció ser como Noruega, pero que año a año se va convirtiendo en algo muy parecido a los países más complicados del Tercer Mundo. Es raro, porque Puerto Madryn por sí sola tiene material humano, empresario, obrero, capacidad instalada, para ser una de las grandes ciudades de América Latina.

Pero por un motivo u otro, en la ciudad portuaria de modo cíclico las cosas parecen ponerse pésimas, siempre de la mano de la economía y de la gestión complicada de lo público y lo privado. ¿Cómo puede ser que viva de crisis en crisis una ciudad que fue bendecida por la naturaleza, que tiene la industria aluminera más grande de este lado del mundo, pórfidos, carnes, turismo, pesca, servicios aptos para la metalurgia y la minería, lana, mercado de regionales, hotelería, el mar; que tenga cada tanto una de esas crisis que se lleva puesto todo y que agudiza todos los enfrentamientos? La única explicación posible es que algunas de estas actividades son o fueron una burbuja, que las empresas se «inflaron» a más no poder, que se gasta por encima de las posibilidades en lo público, y que el modelo pesquero debió cambiar mucho antes incluso de la crisis de 2008.

Los arquetipos de plantas pesqueras gigantes no van más. Al complejo panorama hay que sumarle inflación y recesión como marco general. En un cálculo muy conservador, cualquier empresa sufrió un aumento del 80 % en sus costos internos en los últimos cinco años. Las dificultades podrían superarse o afrontarse de modo positivo con una ciudad unida. Pero pasa exactamente lo contrario. Aunque desde el día 1 de la actual administración municipal se anticipaban problemas financieros en el futuro; la política fracasó en su intento de que el Gobierno de la Provincia y la administración municipal funcionen de modo coordinado y con madurez.

Las diferencias políticas son sanas, existen. Pero lo que se advierte es que por esta pelea política que generó hechos violentos -muchos- en la ciudad; una población entera y sus familias y trabajadores y sus empresas están de rehenes. Debe el Gobierno provincial respetar al intendente y al pueblo de Puerto Madryn. Y la Municipalidad debe ceñirse a las posibilidades de gastos y a cumplir con lo que el Gobierno le pide, y todos deben ser razonables en sus planteos y originales y respetuosos en las soluciones.

Pero en Madryn todo se sale de medida. Los piquetes son siempre violentos, las palizas se rifan por hora, las manifestaciones se salen de control, y la pelea política va del barrio a la cancha, de allí a la Municipalidad y luego a Rawson. No falta mucho para que algunas de estas disputas se diriman a tiros en plena avenida Roca. En las últimas 48 horas la ciudad del Golfo fue un polvorín en el que incluso los medios sufrimos las consecuencias de las disputas. Vimos afectada nuestra libertad o tuvimos que trabajar con custodios, a causa de manifestantes arengados incluso por una concejal que entró a petardo limpio en alguna oficina pública. Fueron vergonzantes los hechos de los últimos dos días. Un espejo negro y humeante que nos devolvió la peor imagen de nuestra propia comunidad. Los vecinos, los habitantes del Golfo, no deberían ser neutrales en esta situación.

Madryn es fuerte en cámaras empresarias, gente de negocios que multiplica trabajo, gremios responsables, organizaciones de la civilidad. Es la ciudad más cosmopolita de la Patagonia y la puerta de ingreso a nuestra región. Por eso, estos grupos y personas representativas de la ciudad y de sus habitantes, los hijos de Madryn de toda la vida y los «adoptivos» de los últimos años, son los que deben mediar, acercar posiciones entre los distintos organismos provinciales, nacionales y municipales que tiene que ver en esta nueva crisis.

Si quienes tienen menos condicionamientos políticos para pensar soluciones quedan a un costado, lo peor de las prácticas políticas se va a «llevar puesto» lo que queda del aparato productivo del Golfo. Hoy el clima en la ciudad es tan denso que ni siquiera parecen garantizadas las libertades públicas más básicas, como circular, trabajar, o incluso vivir. Pero todavía no es tarde para actuar con responsabilidad, algo que la sufrida población del Golfo reclama.
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