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¿Quién sustituirá al hipster?









El concepto de hipster ha dejado de existir. Si bien siguen viéndose barbas, ya nadie lleva consigo un tocadiscos a todas partes, la gente ha dejado de llevar esas gafas con monturas muy gruesas y lo de ponerle filtros en sepia a las fotos de Instagram está demodé. Ahora, el término hipster no es más que un sinónimo de «algo nuevo que no entiendo muy bien» o para designar a «alguien que hace algo que yo no hago».

Si no tomas drogas, los que sí lo hacen son hipsters. Si no tienes un coche eléctrico, los que sí lo conducen son hipsters. Los veganos también son hipsters. La gente a la que le encanta la carne es hipster. Los que llevan sombrero son hipsters para aquellos que no llevan (que a su vez también son hipsters).

Visto lo visto, no nos queda otra que lamentar la pérdida de tan difamado arquetipo. Un hipster era un paria fácil: pretencioso, mal vestido, iconoclasta y demasiado forzado. Eran como tu hermano pequeño, que rascaba en tu puerta, muriéndose por un poco de aprecio y atención pero haciendo poco por ganárselos. Ahora no es más que una enorme y homogénea masa de idiotas de diversa índole, unos más «modernillos» que otros, algunos virtualmente, otros en la vida real. Los hay que pueden ser insufribles en formas claramente compartimentadas, por lo que es importante, llegado ya el momento de llorar al hipster, analizar quién es merecedor de nuestra ira en los meses y años venideros, cuáles de sus rasgos funcionarían y cuáles no.










El cutester




Los cutesters son, en pocas palabras, adultos que quizá se centren demasiado en ese niño que todos llevamos dentro. Son personas aburridas en apariencia. Como todos sabemos, la infantilización es una epidemia que está azotando la cultura occidental y no tiene visos de remitir. Adultos que compran libros para colorear, que ven programas infantiles sin que haya niños a la vista, que van a clases de preescolar para adultos, que ven Hora de aventuras , etc.

Una especie de actitud de laissez-faire hacia el consumo y la actividad mediáticos que implica que haya adultos con sueldos y facturas que pagar que alquilan castillos hinchables para su cumpleaños.

Probablemente, el cutester no tenga demasiada vida útil más allá de los confines de Silicon Valley. Afortunadamente, debido a nuestra naturaleza despiadada y de supervivientes, este paradigma se extinguirá pronto y habrá un colectivo menos de lisonjeros seguidores de Doctor Who a los que tengamos que oír asegurar que no pasa nada por tener 25 años y una colección de peluches de personajes de una serie de dibujos animados de los 90.

El health goth



Hubo un breve instante en que, ante el surgimiento de la página de Facebook que anunciaba al mundo el movimiento Health Goth, muchos se preguntaron si aquello era real. Y la respuesta es, en su mayor parte, sí. La estética health goth (porque es precisamente eso, estética) se basa en el uso de prendas deportivas sencillas y optimizadas; el health goth viste ropa y zapatillas de running, todo en negro, quizá con alguna nota de color, y con materiales como el neopreno y el PVC.

Pero, ¿tiene este individuo la misma relevancia que el hipster o el cutester? En otras palabras, ¿es lo suficientemente representativo? Pues no, la verdad es que no. El health goth es demasiado específico, no existe en la conciencia del consumidor. Desde el mismo momento en que el health goth fue bautizado, ya estaba pasado de moda. Así es la naturaleza de la #moda y lo #cool. Lo más probable es que jamás llegue a calar entre el público general siquiera como insulto, ya que resulta difícil identificarse con este movimiento para quienes no forman parte de él, así que lo dejaremos para Tumblr y para las clases de arte gender fluid.

Guerreros de la justicia social / Movimiento a favor de los derechos del hombre / #Gamergaters



Lo de pasarse al colectivo de «personas muy enfadadas por internet» no deja de ser una opción inusual, ya que sus miembros, obsesionados con ellos mismos, solo parecen existir en una comunidad extraña y miope que, si bien es cierto que puede guardar ciertas similitudes con la ideología hipster, no las guarda en muchos otros aspectos.

Obviamente, para cada grupo, los otros son los parias culturales sin los cuales el mundo sería un lugar mucho mejor. Pero para los moderados, para aquellos que escriben sus reflexiones en Disqus, no son más que radicales cacareando al viento sus tonterías incomprensibles e impenetrables. ¿Acaso le importa a alguien lo que diga esta gente fuera de internet? Con los hipsters estaba el elemento palpable, la indumentaria peculiar, un deje artístico en la forma de consumir.

Pero estos son unos capullos arrogantes, narcisistas, ruines e insufribles que se niegan a enfrentarse cara a cara con su vergonzosa existencia. Más que una revolución cultural, constituyen el síntoma confuso de un mundo sin absolutos, donde nada está bien o está mal, ni es bueno o malo. A la mierda con estos tíos; no merecen ser los nuevos hipsters.

El nu-bro



El nu-bro ha viajado en la nave de lo alternativo y ha dado la vuelta al sol, llegando donde nadie ha llegado jamás y ha pasado a ser tan avanzado que ha terminado en el mismo punto en el que empezó, aunque dotado de cierto sentimiento de superioridad acerca de su predilección por las cosas que gustan al resto del mundo. Sí, es pijo hasta decir basta y ve el canal de deportes los domingos, pero se compra todos los polos en tiendas de comercio justo y escucha a Taylor Swift y a Justin Bieber, aunque aprecia su música de un modo más profundo que tú. Luego murmura algo como que la mejor manera de subvertir el sistema es asimilarlo y desmantelarlo desde dentro. Estas personas son una especie de turistas culturales de lo que los demás consideran normal. Son los peores.

El yuccie



Parte del problema de los hipsters es aquello que representaban. Eran hombres y mujeres que podían permitirse el lujo de tatuarse un mostacho en el dedo índice sin tener que preocuparse por si encontrarán trabajo. Personas para las que vestirse con andrajos, como recién salidos de un episodio de Boardwalk Empire, no es una necesidad, sino una elección. Individuos capaces de ganarse la vida vendiendo leche alternativa con precios absurdos a los idiotas que se la compraban.

Pero esto ha cambiado y, pese a que muchos de los tropos visuales perduran (como el de querer parecerse a un marinero curtido visto por un niño), la mentalidad es distinta. La orden del día es la iniciativa empresarial, no la vaguería. Y aquí es donde entran en juego los Yuccies, los young urban creatives, dispuestos a ocupar antiguas casas familiares para montar sus estudios junto con otros diseñadores gráficos y publicistas. Son la encarnación de un concepto de tendencia más corporativo, según el cual ser «cool» es ser uno mismo, aunque eso signifique representar todos y cada uno de los tropos ultracapitalistas y perniciosos que existen. Una vida regalada y próspera exenta de la lucha autoimpuesta del hipster de la última década, que había decidido que la pobreza era el nuevo negro. Este vacío es sustituido por un arribismo implacable y sin remordimientos, unido al sempiterno deseo de ser percibido como una tendencia. Pero ahora las tendencias tienen forma de fiestas con barra libre pagada por Nike. Es la deificación del mainstream, por irónico que pueda o no sonar. Lo que nos lleva al...

El earnest



El culmen de lo hipster coincide con el apogeo de la ironía. Los earnests (los sinceros, los honestos) consideran que ya suceden suficientes cosas malas en el mundo y que lo importante es vivir el momento de forma auténtica, perseguir constantemente la verdadera belleza y la experiencia de las cosas.

Fotos de Instagram de caminatas, #BENDECIDO, limpiezas a base de zumos, bailar como si nadie te estuviera mirando, apología a la sobriedad, manifestar tus ambiciones sin tapujos y escribir sobre tus sentimientos en tu blog... Sus vidas son zonas libres de ironía.

No es una situación sostenible, por supuesto. Nadie es perfecto. Al final, el tinglado cede a la presión y se derrumba, y ellos acaban apuñalando a alguien poseídos por una especie de rabia alucinatoria, como Natalie Portman en Cisne negro.

§§§

Ahí lo tenéis. En lugar de un único objetivo al que apuntar nuestros rifles de desprecio. la sociedad tiene todo un desfile de arquetipos reprobables entre los que elegir. Siguen mostrando orgullo y obsesión por ellos mismos y adolecen de narcisismo y de una pose de ignorancia deliberada, pese a que se atribuyen un conocimiento cultural de carácter trascendental. Pero ahora todas esas cualidades se han diseminado y ampliado a tipologías de individuo muy distintas.

A mi parecer, el hipster constituía la cristalización dócil y agradable de todos los males culturales de Occidente. Ahora que ya no están y se han transformado en cientos de pelotones de imbéciles, debo decir que los echo de menos. Bueno, ¿dónde está mi disco de Sun o))? Me tengo que ir a pinchar a la inauguración de una tienda especializada en cestas de mimbre.



Y la miniatura
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