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Quino: política, ironía y esa manía de querer estar mejor



Joaquín Salvador Lavado, más conocido como Quino, nació en Argentina en 1932. Según su biografía descubrió a los tres años su vocación de dibujante, profesión a la que se ha dedicado desde su juventud. Si bien la conocida serie de Mafalda constituye una parte importante de su trabajo, no fue lo primero ni es lo último que ha dibujado.

En 1963 publicó su primera recopilación de tiras de humor con el título de Mundo Quino y a la fecha ha publicado unos 17 libros y algunas compilaciones como Esto no es todo, que reúne tiras cómicas en las que aborda temas que van desde el amor, la paternidad, la moral, las costumbres, la educación, hasta la política y la vida en sociedad.

Para entrar al mundo de Quino hay que considerar algunas diferencias técnicas entre estas tiras cómicas y Mafalda. En su trabajo como caricaturista no sigue el mismo formato de cinco cuadros que usa en Mafalda, para contar su historia tiene la libertad de usar toda la página para describir una situación o de usar veinte cuadros para lograrlo. Si en Mafalda nos presentaba capítulos de la vida de los personajes, algo que sería como una novela, en sus otras tiras cómicas nos presenta cuentos cortos o anécdotas de la vida cotidiana.

Del cine mudo a los cuadros de Quino
En muchos casos prescinde de los diálogos o de la narrativa con palabras y deja que las imágenes cuenten la historia por sí solas. En el mundo de Quino nos encontramos con dibujos simples que representan de forma abstracta a personas y situaciones de la vida diaria, esta simplificación de la figura humana, por ejemplo, la convierte en un ícono que logra que cualquiera se identifique con el personaje o lo que le pasa. Así su crítica no va dirigida a un político o a un país en particular, sino a los políticos y a los países en general, a las personas que están en determinada situación laboral o a los niños de cualquier escuela. Quino nos habla de las personas que habitan el mundo, nos habla de nosotros mismos.

Raquel Garzón entrevistó a este dibujante que tiene fama de tímido profesional en enero de 2013, para la sección de cultura de El país, y él le contó que:

Yo no dibujo ya, por problemas de vista, aunque estoy intentando hacerlo de nuevo. Mi médico me ha dicho que no quedaré ciego sino hasta dentro de 10 años, pero para entonces probablemente no voy a estar por aquí. Considerando lo jóvenes que murieron mis padres, ¡ya soy un milagro de la biología! Pero volviendo a la pregunta, más que errores, soy muy sensible a dibujar cosas innecesarias: nubes de más o elementos que no suman a la idea que uno quiere transmitir.
De chico vi mucho cine mudo —Chaplin, Buster Keaton— y aprendí a hacer cosas sin texto. Pero cuando llegué de Mendoza a Buenos Aires y comencé a trabajar en redacciones me dijeron que los lectores querían leer y que no se podía hacer humor mudo.



También habló de su relación con el texto, porque es un signo del buen arte gráfico expresarse sin recurrir a él:


Hay ideas, además, que sin texto son difícilmente expresables. Pero incluso hoy, en los aviones, veo películas sin audio para comprobar si sólo la imagen cuenta el argumento. Un buen filme debería poder pasar esa prueba. Cuando uno ve una película como El puerto, del finés Aki Kaurismaki, filmada con mucha economía de medios, comprueba que no hace falta mostrarlo todo para decir con elocuencia.”


La política no se escapa de sus dibujos y para hablarnos de ella no necesita contarnos una larga historia. Puede ser que para hacernos reflexionar simplemente nos pregunte cuáles son los valores que defendemos:





Si bien es cierto que nos exige una lectura atenta para revelar sus ideas, el premio suele ser una especie de complicidad con el lector, que se demuestra por medio de una risa en voz baja o, con un poco de suerte, en voz alta. Con una ironía muy propia nos muestra una sociedad que tiene rotas, sucias, llenas de maleza y descuidadas a la justicia, la libertad, el amor y la razón, y que cuida a ese troglodita que ostenta la fuerza bruta y que tiene bajo su pie o un balón de futbol o al planeta mismo.


Cuando habla de política cuestiona nuestras leyes:





Explora actividades que nos pasan a todos, como nuestra relación con la burocracia:





O nuestra relación con el poder:





Alguien podría argumentar que presenta al humano como un ser incapaz de defenderse de esta clase de abusos, lo cual es cierto en determinadas circunstancias, pero yo creo que busca hacer que estemos conscientes deel mundo que hemos creado, porque finalmente somos nosotros los que hacemos las leyes, los que inventamos la burocracia y los que elegimos a quienes nos gobiernan:




Sin embargo, al final de la crítica, la ironía y la risa, Quino sabe que mientras tengamos esa manía de querer estar mejor de lo que estamos, nos hace falta que alguien nos pregunte si estamos manejando el mundo y nuestras sociedades de forma correcta, si de verdad necesitamos al troglodita o recordar un poco a la justicia, la libertad, el amor y la razón.
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