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La ganadora de un premio Ondas, Nuria Pérez, nos invita con su último libro a revivir los ochenta y sus mágicos (y eternos) momentos

Retrato de la Generación X publicado en Noticias

Si todavía te acuerdas de las largas colas frente a la cabina telefónica, si el planazo del viernes incluía pasar por el videoclub, y si fue Antonio Mercero y Verano Azul quienes te convencieron de que la verdadera libertad era ir por el mundo en una bici BH, entonces perteneces a la generación X.

Con más o menos obsolescencia programada, con mayor o menor tecnología de punta que se presentaba como el futuro, los nacidos entre 1965 y 1980 han sido apodados como la generación X, también definida como “la última década lenta” por la periodista Nuria Pérez en su libro Gabinete X (geoPlaneta). Ganadora de un premio Ondas en 2021, esta periodista y escritora nos propone con su último lanzamiento revivir los sonidos, las imágenes, las palabras y las sensaciones de los últimos jóvenes del mundo analógico.

La generación X, también definida como “la última década lenta” por la periodista Nuria Pérez en su libro 'Gabinete X'

Y ahora que la música, el cine e incluso Netflix se empapan de la nostalgia del ayer, con series como Stranger Things, nada mejor que reivindicar la mejor de las etiquetas: ¿Quién querría ser una aburrida certeza? Somos los X, una maravillosa incógnita llena de posibilidades, una de las generaciones más rebeldes y a contracorriente.

Gabinete X es un viaje de reencuentros. Con las personas que fuimos, con las que creímos ser. Un relato que seguro ayudará a los nacidos en esos años a reconectar con su identidad y a las nuevas generaciones a saber comprendernos mejor. “Tengo dos hijas adolescentes y veo cada día lo diferentes que son respecto a los que nacimos en los años setenta y ochenta del siglo pasado. Y en cierta medida ésta es una forma de dejar legado, de que vean cómo crecimos y cuáles fueron nuestros estímulos, tan diferentes a los que han venido después”, cuenta Pérez en exclusiva al Magazine Lifestyle.

No sé si la generación de los ochenta fue la mejor, pero estoy segura de que fue una de las mejores décadas”

“No sé si la generación de los ochenta fue la mejor, pero estoy segura de que fue una de las mejores décadas. No lo digo por nostalgia. La infancia, nazcas cuando nazcas, es el mejor tiempo para todos. Pero es cierto que hay muchas cosas que se han perdido para siempre, para el desarrollo personal, y no creo que vuelvan. Por ejemplo, los jóvenes de ahora no pueden arriesgar. Mis hijas si discuten con alguien y enseguida el tema está en Whatsapp. Viven en un estímulo constante”, añade la autora.

Retrato de la Generación X publicado en Noticias

La llegada de la globalización y de internet no tuvo el mismo impacto que el triunfo de las redes sociales. A diario leemos en la prensa los efectos que tienen estas aplicaciones en la salud mental de muchos niños y también de adultos. Gabinete X, y especialmente su autora con sus libros y podcasts, ponen de relieve varios aspectos sobre los que los nacidos en los setenta y ochenta, que ahora son padres, podrán reflexionar por sí mismos. Y en eso Pérez sí nos alienta: “Los jóvenes ahora están muy expuestos. Se ha perdido en gran parte el asombro que teníamos nosotros. Tampoco pueden arriesgarse ni cometer errores, porque todo va a estar y permanecer en las redes. Es más, se va a magnificar. Nosotros podíamos llevar un peinado o un jersey horrorosos, o simplemente soltar una frase desacertada, y todo eso desaparecía al día siguiente”.

La homogeneidad impera hoy en día porque hay que resaltar, pero nunca destacar, no vaya a ser que levantes alguna crítica envidiosa y te dejen de seguir. En estos tiempos, lo que no es perfecto se tira inmediatamente. Crecer con miedo a la imperfección es crecer con miedo al fracaso. En un mundo donde los errores se borran, aceptar que la vida está hecha de equivocaciones y resbalones es algo que a las nuevas generaciones se les hace cuesta arriba.

Samuel West, un psicólogo clínico de Suecia, sabe que el fallo es la estructura más básica de nuestro sistema de aprendizaje: el camino al éxito está siempre plagado de errores. Por eso ha creado el Museo del Fracaso, una exposición itinerante en la que se muestran más de 150 fracasos que fueron necesarios para innovar: el Apple Newton, el Nokia N-Cage, la Coca Cola BlāK… Su misión es acercar estos ejemplos a los más jóvenes para que les inspiren a correr más riesgos y aprendan a vivir los fallos con naturalidad.

La llamada generación X conllevó un equilibrio que los millenials han aprovechado: la diferencia entre vida laboral y vida personal. Fuimos los primeros en no vendernos y no admitir los abusos. Dimos el primer grito y, sin eso, no estaríamos donde estamos. Es más, fuimos nosotros quienes normalizamos la presencia de la mujer en el mundo laboral.

Yo diría que todavía existen las tribus urbanas, pero que se han moderado; hay menos identidad de grupo”

“A veces comento con mis hijas si ven muchas diferencias de grupo entre jóvenes de su edad, lo que anteriormente llamábamos tribus urbanas. Yo diría que sí existen, pero que se han moderado. Hay menos identidad de grupo. Y todo ello por el riesgo que supone. Solo hay que fijarse en que hasta el lenguaje se ha minimizado. El teléfono te obligaba a hablar, todo el mundo tenía que hablar. Ahora lo hacen mucho menos”, expone Pérez, creadora del podcast Gabinete de curiosidades, que cumple su cuarta temporada y es uno de los podcasts narrativos en español con más audiencia y mejor valorados de los últimos años.

Retrato de la Generación X publicado en Noticias

La espera, la paciencia, el desencanto… Son emociones que uno vivía entonces y que hoy sentimos que no tienen lugar en nuestro día a día, sea cual sea nuestra fecha de nacimiento. Los nacidos antes de la irrupción de Facebook o Instagram, ya no hablemos del DVD, pensábamos que frecuentando tiendas de segunda mano y jugando en la calle plantaríamos cara al capitalismo. Pero al final, perdimos estrepitosamente.

“Sabíamos que el capitalismo quería nuestras almas y entendíamos lo que significaba entrar en el juego y, aun así, caímos en su trampa. Nadie personificó mejor esta dicotomía que Kurt Cobain, nuestro santo secular, que soñaba con un contrato en una gran discográfica y, al mismo tiempo, se odió profundamente cuando lo firmó”.

Sabíamos que el capitalismo quería nuestras almas y entendíamos lo que significaba entrar en el juego y, aun así, caímos en su trampa”

Sin embargo, lo que la obra de esta escritora quiere va en la línea de las palabras de la gran Joan Didion: “Nos olvidamos demasiado deprisa de las cosas que nos creíamos incapaces de olvidar. Nos olvidamos de los amores y de las traiciones por igual, nos olvidamos de lo que susurramos y de lo que gritamos, nos olvidamos de quiénes éramos. Yo ya he perdido el contacto con un par de personas que fui en el pasado”. Así, Núria Pérez ha escrito porque quiere recordar. Y dibujar un montón de sonrisas.

Al pasar las casi trescientas páginas de Generación X nos encontramos con Pippi Långstrump, el Cinexin, Mafalda, Vicky el Vikingo, Barrio Sésamo, incluso Miliki y Milikito. Al igual que en los podcasts de Gabinete de curiosidades, cada capítulo de este libro enlaza historias de lo más variado. Se cuenta, por ejemplo, la vida de los inventores del teléfono o de los vaqueros, las vicisitudes del imperio Avon y otras anécdotas de mil lugares, desde castillos en Cracovia hasta cabinas telefónicas en el desierto de Mojave. Y, para mayor atractivo, no es necesario leerlo del tirón, lo puedes hacer de forma salteada, siguiendo sugerentes hilos alternos.

La espera, la paciencia, el desencanto… Son emociones que uno vivía entonces y que hoy sentimos que no tienen lugar

Como bien demuestra este libro, los niños no saben de códigos postales respetables o de metros cuadrados. Lo único que necesitamos para ser aceptados en el club de la infancia feliz son buenos recuerdos. Y por mucho que para una gran mayoría el síndrome de Peter Pan no es agradable, sí lo es recordar esos años en que creíamos que nunca íbamos a perder la inocencia (o ni siquiera éramos conscientes de ello).