Ricardo Mollo: "El rock goza de muy buena salud"

El guitarrista/vocalista de Divididos nos dejó irrumpir en la privacidad de su estudio para hablar del futuro de la banda, de su hijo, de Gustavo Cerati, y sobre si Gene Simmons tiene o no razón acerca de si el rock está muerto.



Hace 26 años que él, junto a Diego Arnedo, mantiene los Divididos a 220W porque, claro, son "La Aplanadora del rock". Él, Ricardo Mollo, es el que no tiene Facebook, ni Twitter, ni siquiera tiene una computadora. Lo que sí tiene es más guitarras que años y con ellas le basta para poder decir más cosas que una simple selfie. La cocina de La Calandria Records uno de sus refugios más íntimos y es ahí donde Ricardo nos cita para revisar su historia.

-Viendo el lugar donde estamos, ¿qué anda pasando en el laboratorio de Divididos? ¿Hay temas nuevos o nos van a hacer esperar ocho años como con Amapola del 66?
-(Risas) No, estamos recomponiendo el estudio… Por ahí, calculo que año que viene empezaremos a hacer algo, no sé qué, pero algo vamos a hacer...

-¿Cero material nuevo?
-Hay un montón de ideas que son las cosas que uno hace en su casa pero recién toman forma cuando nos juntamos especialmente con Diego para ver hacia dónde nos dirigimos. Pero la idea es empezar a tocar, microfonear todo y tocar, y ver qué sale...

-Hablando de química ya van diez años de Catriel en la banda, ya es un Divididos más, ¿no?
-Sí, sí, ya está, realmente se puede decir que estamos bien en sincro. La incorporación de un baterista no es solamente que “sepa” los temas, es una cuestión de vida, de situaciones que se van dando con el tiempo, por lo menos son cuatro o cinco años hasta el punto en que decís "ya no pienso en él", que la cosa fluya. Catriel tenía la ventaja de ser un fan de banda y tener la filosofía incorporada por haber vivido muy de cerca todo. Él venía mucho acá (al estudio) porque es amigo de mis hijas y venían acá a comer un asado. Era una asignatura pendiente, cuando lo llamé por primera vez tenía 14 años y le faltaba un golpecito de horno más. El tiempo pasó, la cosa se dio, y nobleza obliga, lo llamé a él. A la semana ya estábamos tocando, o sea… tocando. Después vino la otra cosa de darle forma a los temas que ya estaban compuestos con su manera de tocar, por más que él supiese exactamente todos los golpes. Íbamos a tocar "El Arriero" y nos preguntaba “¿Lo toco como Magoo (Jorge Araujo) o como Federico (Gil Solá)?” (Risas). “¡No! tocalo como vos...”.

-Recién decías "microfonear y tocar", ahora que el Teatro de Flores está clausurado, y para ustedes es una especie de santuario, están tocando en el Luna Park, ¿les sienta bien o prefieren la intimidad del teatro?
-(Entra Catriel a saludar y la pregunta se pierde en el aire, hasta que retoma) Y bueno... son esas desgracias que por suerte no le pasó nada a nadie, excepto a una chica, suerte no nos pasó a nosotros, es un llamado de atención. Iremos con un arquitecto cuando ellos digan que está bien y lo chequearemos. Las cosas no se dan porque sí, de hecho dejamos de tocar ahí, se nos ocurrió hacer un Luna Park, y eso de tocar una vez por mes, ahora lo estamos haciendo en el Luna...

-¿Esa intimidad se extraña?
-Todavía no sé porque hicimos uno solo y no estaba muy bien de salud para disfrutarlo a pleno. Sí se va a extrañar como extrañamos ir de Cemento a Obras. Cemento era nuestra casa, estaba horrible, pero era nuestra casa. Teníamos ganas de cambiarle la Quinta por el Teatro y armar un estudio de grabación ahí (risas). Ya volveremos...

-Justo comentabas el pasaje de Cemento a Obras, es raro, no? Que un músico le "escape" al éxito/masividad… De alguna forma lo hicieron sacando "¿Qué ves?" de la lista, dejando de tocar en lugares más grandes.
-No, es preservar una situación de cara a cara. A veces tocar en lugares muy grandes te permite tocar menos y es aburrido. Ahí es donde buscamos un punto medio y dijimos: “Toquemos en todas las provincias donde podamos” (Risas). Si hacés un estadio te guardás cuatro meses para especular, y es un solo tiro, no tenés revancha. En Flores son dos… "mañana tocamos tal tema", "mejoremos esto". Además, tenés la prueba de sonido que hasta es más lindo que el mismo show. Probar los equipos; hay grupos que no les gusta probar, te perdés mejorar. Nosotros llegamos a las 3 de la tarde y nos vamos a la 1 de la mañana... (Risas)

-Hablando del Luna Park, subiste a tocar con Merlín la guitarra, ¿fue un instrumento que eligió él solo o hubo algún tipo de influencia paterna?
-Nah, él toca la batería...

-Ah, entonces la influencia fue de Catriel...
-Sí (risas), de hecho Catriel le tiró una toalla para que vaya a la batería pero yo le había dicho que vaya con Diego.

Te llevo a la etapa de Sumo para confirmar o derribar un mito: ¿Es verdad que volviste a grabar algunas baterías de Superman Troglio en "Banderitas y globos"?
-No, no, no. Grabé un bombo que faltaba...

-No hiciste la gran Paul McCartney entonces...
-(Risas) No, no, no, creo que grabamos "Banderitas y Globos" y Superman había hecho esto (marca el beat en negras) y era (marca el beat en corcheas). Fue una falta de respeto, lo escuchábamos y se caía la cosa, ¿falta un golpe, no? Superman no estaba, vivía en Martínez y bueh, lo grabó. No, no, ni en pedo, derribemos ese mito (risas).

-En el libro de Roberto Pettinato en un momento hablás de "complejo de inferioridad" cuando entraste a Sumo, y después del conflicto con Germán por los solos, ¿era tan así?
-No sé qué puso Pettinato, no sé qué dije yo, y no sé qué puso él después... (Risas)

-Él te pregunta: “¿Vos siempre te sentiste fuera de Sumo?” Y vos le contestás que tenías ese “complejo”, como “un chico nuevo en la escuela”...
-Sí, eso sí. Sentía que no era aceptado, quizá porque Germán tocaba la guitarra y yo también, ¿dos guitarristas, para qué? Quizá como yo toqué en la otra formación, la Hurlingham Reggae Band, y eso era todo muy espontáneo; tampoco conocía los temas y en un momento se desarman un poco las dos bandas, y se forma una sola. Por eso Fargo se va con Los Redondos y Superman empezó a tocar la batería, y ese fue el último Sumo, con el que grabamos. Con Germán nunca nos pusimos de acuerdo en qué tocaba cada uno, cada uno tocaba lo que le parecía. Pero yo empecé a hacer mis solos, lo que mejor me salía. Fue raro, siempre hasta el último día sentí eso, de no sentirme muy aceptado, no por Luca, quizá por Germán que no estuvo de acuerdo con la incorporación del nuevo guitarrista...

-Cuando concretábamos la nota me dijiste sobre Gustavo Cerati "Es un día triste pero la vida sigue" y yo quiero saber cómo sigue, si no paran de irse los buenos: La Negra Sosa, Pappo, El Flaco, Gustavo...
-Se van todos los buenos, algunos malos duran más, pero no hablando de música justamente. Lo de Gustavo es muy prematuro pero hay una generación que se está retirando, quizá por una forma de vida, por como se construyó eso; por edad, porque no hay repuesto (Risas). Quizás es bueno verlo desde ese lugar, aprovechar cada día como el último día. Agradecer y seguir...

-No quiero que nos volvamos muy nostálgicos pero hay un video que se viralizó mucho en las redes sociales que es tu encuentro con Vera Spinetta cuando cantás "Plegaria de un niño dormido". Me gustaría que me cuentes cómo fue esa experiencia y si ahora que nació Merlín la canción tomó otro significado.
-Sí, siempre lo fue. Siempre fue una canción de las primeras que uno escucha en castellano, Almendra, Moris, para mí lo fueron en ese momento. "Plegaria" y "Laura va" eran uno de los temas que más escuchaba de chiquito, y los primeros que aprendí a tocar. Sí, seguramente el nacimiento de un hijo ya de grande, te cambia la sensibilidad, te la pone... subís la ganancia de la sensibilidad (hace el gesto en un ampli imaginario) porque ves las cosas de otro lugar. Cobró más sentido otro tema que había hecho para "Canciones de cuna", que cuando se lo canté a mi hijo, volví a encontrarme con lo esencial.

-En esa performance que esté Vera le da otro peso...
-Sí, ella es un angelito, es la más chiquita, los que llegan al mundo cuando los padres ya son padres, y ya entienden cómo es eso; ella sabe la vida de su padre de una manera, de hecho contó cosas muy interesantes de la época de Artaud, toda esa magia que te da Artaud al escucharlo, se vuelve a la cocina de una casa, y tiene una cotidianidad, y ves que todo nace de cosas súper simples...

-Hace poco Gene Simmons (Kiss) dijo que el rock finalmente murió, ¿te parece que así? ¿Lo podés analizar también desde el punto de vista del rock nacional?
-(Risas) Simmons es un vendedor de merchandising, lo que diga él me tiene muy sin cuidado. Me importaría mucho que David Gilmour diga una cosa así y… tampoco. Si dicen que el rock murió es un pensamiento muy personal, porque, ¿qué es el rock? ¿Qué es lo que es lo que “murió”? ¿Desde dónde? ¿Porque aparecen otras músicas, otros movimientos? Los ZZ Top están de gira. Cuando fuimos a grabar "El Narigón del Siglo" (2000) a Londres, salía Paul McCartney con Gilmour, y vos decís "Estos tipos están más vivos que a los 15 años". Se hizo un gran negocio que antes era una forma de matar la angustia. La música es la que hacen las personas en la cocina de su casa, para mí no murió nada. Al contrario: goza, en mi caso, de muy buena salud. Porque me sigue gustando agarrar la guitarra y tocar con Diego y con Catriel. Si lo tomás como una empresa cagás...

-Como Gene...
-Para Gene el rock murió hace rato… creo que desde que se pintó la cara.