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Riquelme Salta, corre, juega


Riquelme no se toma vacaciones: realizó los trabajos a la par del resto y reaparece el domingo.


La cancha N°3 de Casa Amarilla parece un escenario de castigo físico. Unos arrastran un trineo, atado a la cintura con un cinturón de cuero, con sobrecarga de pesas. Otros, al lado, saltan vallas y más vallas, para adelante, un costado y otro. Un tercer grupo, más allá, zigzaguea entre jabalinas y luego salta una seguidilla de varas apoyadas en el césped. Y en el fondo, tocan la pelota a un compañero, giran, van hacia el sector opuesto y se la devuelven a otro. Juan Román Riquelme, después de diez días de andar entre el consultorio médico y el gimnasio, es uno de los que forma parte de la dura rutina de postas que armó el preparador físico Juan Manuel Alfano.

"Román está perfectamente bien, como se lo vio en el entrenamiento, y con seguridad va a reaparecer el domingo con Godoy Cruz", explicaron en el cuerpo técnico, felices por la vuelta a sonreir de su estrella principal, quien sufrió una contractura en el aductor derecho luego del partido ante Guaraní en Paraguay, faltó a la presentación por el torneo local ante Tigre y recién ayer volvió a entrenarse con el grupo principal.

Ischia lo aplaude. A un lado, el PF Alfano lo alienta. Bianchi mira desde atrás del alambrado. Riquelme arrastra el trineo a lo largo de media cancha y cuando se acerca al área grande, se lo desprende y mete un pique (así es el ejercicio). Sus amigos Figueroa y Damián Díaz van a la par, en un mismo grupo de trabajo. También Ibarra y Viatri hacen la misma rutina. La diferencia es que, entre vuelta y vuelta, Román se acerca a un costado para estirar sus aductores. Pero está bien. Pasa el trabajo en las vallas. También los zigzag entre las jabalinas. Vuelve a elongar, esta vez de espaldas al piso y con el kinesiólogo Betchakian abriéndole las piernas al máximo. Y luego pasa a la última rutina, la de toques acá y allá.



Después de una hora y media de entrenamiento, entre la entrada en calor y las postas, llega el momento de la distensión, con un ejercicio de fútbol en espacios reducidos en el que participan tres equipos. El que hace el gol, gana. Román juega con Abbondanzieri, Palermo, Chávez, Ibarra y Sauro. Y se lo ve entero. Prueba al arco desde afuera. En la esquina de un córner, se la esconde debajo de la suela a Krupoviesa y Palacio. La pisa en el punto penal, con un pie y el otro, y define cacheteando la pelota con la parte externa junto al palo izquierdo. Su equipo continúa en cancha. Entra el que sigue y le hace otro gol. También se fastidia cuando las cosas no le salen.

Recién después de 50 minutos de fútbol, la jornada llega a su fin y, primero que nadie, deja el campo abrazando al doctor Veiga. ¿Le pasa algo? No. Román está como si nada hubiera pasado y el domingo volverá a jugar delante de su gente en la Bombonera.



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