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Rocío Girat: cómo salir del infierno

Durante cuatro años, Rocío Girat fue violada por su padre en su casa y en la base naval donde trabajaba él. Hizo la denuncia y, tres años después, él fue declarado culpable, pero le dieron prisión domiciliaria. Rocío salió a exponer esa injusticia en los medios, para proteger su vida y la de su madre. Ahora, él está preso y para ella empieza una nueva vida.




No hay una forma de decir esto que no suene horrible: durante cuatro años Rocío Girat (20) fue violada por su padre Marcelo Girat de forma sistemática, en su casa en Mar del Plata y en la base naval donde trabajaba. La primera violación fue a los 13 años y la última a los 17, cuando se lo confesó a su mamá, Viviana, y fueron juntas a ser la denuncia. En septiembre de este año, después del proceso judicial de tres años que siguió a esa denuncia, el caso se hizo mediático. Girat fue declarado culpable y condenado a catorce años de prisión, pero le concedieron prisión domiciliaria hasta que la condena estuviera firme. Desesperada por el miedo, Rocío salió a exponer su pasado en los medios para que su padre fuera preso. El resultado fue el esperado: hoy su violador está entre rejas y para ella empieza una etapa nueva. Durante siete años vivió un infierno: uno del que sólo se puede salir, asegura –y este es el mensaje que quiere que trascienda–, cuando las víctimas denuncian.

LA PRIMERA VIOLACIÓN. “Desde que yo tenía once años, mi papá me sentaba y me decía: ‘Nosotros somos mejores amigos. Vos me podés contar lo que quieras. Este es un secreto que guardamos vos y yo, no se lo digas a mamá’. Cuando yo tenía doce años, empezó con juegos que más que juegos parecían manoseos. Me acostaba en la cama y me hacía cosquillas tirado encima mío. Ya se me cruzaba que ahí había algo raro. A los trece años, empezó a decirme que él iba a ser mi instructor sexual, que iba a prepararme para mi primera vez. Me decía que esto era normal, que pasaba en todas las casas y que las chicas no lo hablaban porque era tabú. La primera vez me llamó al baño: ‘Roci, vení’. Yo fui, no sé, era mi papá, era como que me llamara a la pieza o al comedor. Y ahí fue la primera violación. Ese día me la pasé llorando. Mi mamá llegó del trabajo y me preguntó mil veces que me pasaba. Yo no tenía las herramientas para decirle: ‘Mirá, me pasó esto’. Esa misma noche, estaba llorando en la cama y me vino a buscar él. Yo tenía trece años. Me llevó a la cocina y me dio un cigarrillo. Fue el primero. Nunca lo dejé”.

INTENTO DE SUICIDIO. “Me faltaba un mes para cumplir catorce años. Me escapé de mi casa y fui para lo de mi novio. Le dije que me iba a matar. Él era un nene. Se había comido la película de que éramos Romeo y Julieta y me dijo que nos matáramos juntos. A la media hora, nos enteramos de que estaban todos los patrulleros buscándome por todo Mar del Plata. Había una denuncia de que hacía doce horas que no estaba en mi casa. Yo no quería que se enteraran de que estaba en la casa de mi novio, porque iba a meter a su familia en un problema. Salí de ahí y me tiré en un descampado, con los ojos cerrados. Me encontraron y recién abrí los ojos cuando estaba en una cama en el Hospital Materno Infantil de Mar del Plata. Me preguntaron qué me había pasado y dije que me habían secuestrado. Fue lo primero que se me ocurrió para no comprometer a la familia de mi novio. No me creían. Los psicólogos dijeron que tenía peligro de vida, que me quería morir. Me preguntaron qué me habían dicho los secuestradores y dije: ‘Que mi papá deje de hacer lo que hace’. Ahora le encuentro el sentido. Fue mi forma de hablar sin hablar, de dar indicios. Quedó ahí.”




INFIERNO PERMANENTE. “Lo hacía todos los días, día por medio o varias veces por día. ¡En mi casa! Vos imaginate que es una persona que está adentro de tu casa, que no podés decidir si querés o no y te agarra cuando a él se le canta. No tenés opción de escapar. Duerme al lado de tu pieza. Se baña donde vos te bañas. Es una locura.” (…) “Me decía: ‘¡Mirá lo que me hiciste hacer! ¿Para qué te ponés un short? Si vos hablás, tu hermano se queda sin un padre y tu mamá sin un marido. Tu mamá es cornuda por culpa tuya’”.

EL FUTURO. “Desde que está preso me siento libre. Hace siete años que no me pasaba eso. Empiezo a sentir los olores como cuando era chica, presto atención a las cosas, me siento bien. Ahora, quiero ayudar. Hay un montón de chicas que pasaron por lo mismo y que nunca denunciaron. Es súper importante que lo hagan. Es la única manera de cortar con esa cadena, aunque sea difícil, porque los procesos judiciales son largos y dolorosos. No hay que rendirse.” (…) “A él no lo volvería a ver, aunque no lo odio. Lo que viví yo no se lo deseo a nadie, ni a la peor persona. Y cuando digo “la peor persona”, me refiero a mi violador, al dueño de mis pesadillas.”
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