Rosarina en Haití

“Estoy orgullosa de trabajar en el hospital argentino desplegado en Haití”

Anahí Gelmini tiene 32 años, es rosarina y una de los 561 cascos azules nacionales que están en la misión de paz en el país caribeño dispuesta por Naciones Unidas desde 2004.



Apasionada. Anahí es miembro de la Fuerza Aérea y forma parte del personal del Liceo Aeronáutico de Funes.


En la recepción un militar de los cascos azules de Honduras pide turno con el odontólogo y otro de Indonesia con fiebre espera en una silla ser atendido por el médico clínico. Mientras tanto, en el área de internación una enfermera brinda los primeros auxilios a dos jóvenes haitianos heridos levemente en un accidente de tránsito. Ella no se detiene ni un minuto y se la nota muy concentrada en su tarea. Anahí Gelmini, rosarina y de 32 años, es una de los 67 profesionales que integran el Hospital Reubicable de la Fuerza Aérea Argentina que está desplegado en Puerto Príncipe en el marco de la misión de paz en Haití dispuesta por las Naciones Unidas desde 2004. “Estoy orgullosa de estar acá, de representar a mi país en esta tarea que estamos cumpliendo”, afirma Anahí.

   Como todos los días es incesante el movimiento en el hospital argentino, que se encuentra establecido dentro de un gran cuartel de la fuerza multinacional de la ONU y en cuyo ingreso hay tres mástiles, donde flamean las banderas de Argentina, Haití y la ONU. Solidaridad y compañerismo es lo que se respira entre los profesionales de la Fuerza Aérea que lo integran. Este particular nosocomio (que puede ser instalado y desmontado en poco tiempo) está conformado por decenas de contenedores y módulos intercomunicados y completamente equipados. Cuenta con lugares de recepción y administración, consultorios de medicina en general y odontológicos, áreas de internación, quirófanos, sala de aislamiento para personas con enfermedades infectocontagiosas y farmacia. Además tiene desde hace un año un equipo de telemedicina móvil (diseñado y donado por la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Rosario) para poder hacer interconsultas vía satélite a cualquier centro del mundo.

   Anahí nació en Rosario y actualmente vive en Funes. La primaria la cursó en el Instituto Nazareth, de esta segunda localidad, y la secundaria en el Instituto Paul Harris, de Roldán. A los 18 años se fue a Buenos Aires para hacer la carrera militar en el Instituto de Formación Ezeiza (IFE), un centro de instrucción profesional de la aeronáutica. Y tras graduarse se incorporó a la Fuerza Aérea Argentina. Pero además de esta vocación, Anahí tenía otra, así que al regresar a su provincia natal comenzó a cursar la licenciatura en enfermería en el Instituto Universitario Italiano de Rosario, donde se diplomó. Su destino militar permanente es el Liceo Aeronáutico de Funes, donde reside y tiene a toda su familia. “También allá me está esperando Marcos, mi novio”, dice con una sonrisa mientras charla con este enviado en uno de los pasillos del hospital.

   Anahí se postuló voluntariamente para participar de la misión de paz de la ONU. Así, llegó a Puerto Príncipe el 21 de octubre pasado con el nuevo contingente argentino de cascos azules, que recambia el personal cada seis meses. Pero no es la primera vez que está en Haití. “Yo ya fui desplegada acá en 2010, y me agarró el terremoto. Mientras estaba trabajando se produjo el trágico sismo. Me acuerdo de que abrimos el portón de calle del hospital y le dimos todo tipo de asistencia a la población. Fue una vivencia muy fuerte, tuve una sensación de miedo por lo que estaba pasando, pero a la vez convencida de que tenía que cumplir con la tarea asignada, que era brindar auxilio a la gente”, afirma con un hablar suave y pausado. Y confiesa que mientras dice estas palabras se le vienen a la memoria las imágenes dantescas que vivió el día del terremoto, de magnitud 7,3 grados en la escala de Richter y que provocó alrededor de 300.000 víctimas fatales y dejó a un millón y medio de haitianos sin hogar.

   Argentina integra desde un principio esta fuerza militar multinacional que desembarcó tras el golpe que destituyó al entonces presidente Jean-Bertrand Aristide y que provocó un caos político e institucional en el país más pobre y desigual de América. Así, contribuye actualmente con 561 cascos azules a la Misión de Estabilización de Naciones Unidas en Haití (Minustah). Es uno de los contingentes más importantes, gran parte latinoamericanos, donde Brasil tiene la mayor cantidad de efectivos y mantiene bajo su órbita el mando militar de la misión de la ONU.

   Además del hospital reubicable, Argentina tiene desplegados una Unidad Aérea (que opera desde Puerto Príncipe con dos helicópteros Bell 212 y 47 efectivos) y un Batallón Conjunto en Gonaives (ciudad ubicada a 150 kilómetros de la capital y con 800 mil habitantes), integrado por 428 miembros del Ejército y la Armada, bajo cuya responsabilidad está la seguridad de esta localidad. De todos modos nada será igual a partir de abril próximo. Es que el Consejo de Seguridad de la ONU resolvió reducir en un 50 por ciento el componente militar multinacional, que actualmente está integrado por 5.100 efectivos. Así, el ministro de Defensa, Agustín Rossi, anunció la semana pasada en una visita a las tropas en Haití que Argentina replegará la Unidad Aérea y el Batallón Conjunto. Así y todo, Argentina seguirá presente en esta misión de paz ya que mantendrá en funcionamiento el Hospital Reubicable que está integralmente operado por efectivos de la Fuerza Aérea. Este centro de salud atiende principalmente a los cascos azules de todos los países que integran la misión de paz de la ONU, pero en casos de emergencia también presta servicios a la población haitiana.

   “Trabajar acá es muy gratificante, es un orgullo representar al país en esta misión de paz. Y aparte estoy haciendo lo que me gusta. También estoy conviviendo con diferentes culturas y uno tiene que aprender a interrelacionarse con eso, ya que hay efectivos militares de distintos países”, comenta Anahí. Y añade un dato en este sentido: “El hospital argentino tiene mucho personal femenino, pero en otros países como Jordania no están acostumbrados a que las mujeres sean las personas que los atiendan en un centro de salud. Tienen una visión totalmente diferente del rol de la mujer. También cuando están internados hay que tener en cuenta las costumbres, las comidas, hay que respetar los horarios que tienen, los alimentos que consumen. Uno aprende de todo esto, y es gratificante relacionarse con personas de distintas nacionalidades”.

   “Profesionalmente es muy interesante atender distintas patologías que regularmente no atiendo en Argentina, como dengue, malaria y chikungunya”, agrega.

   Tras estas palabras, Anahí pide disculpas ya que debe interrumpir el diálogo para ir a atender a otros dos cascos azules internados (uno de Brasil y otro de Sri Lanka).

Ella se va rápido por el pasillo, con su impecable pantalón y chaquetilla de color verde claro, pero sin perder nunca su amplia sonrisa.