San Luis Potosí está para llorar.



San Luis Potosí 2015, día cualquiera de entre semana a las 2:00 de la tarde en la capital del Estado, y yo me dirijo como siempre en bici, al trabajo. Mientras el sol por todo lo alto y una temperatura cercana a los 40ºC, nos recuerdan de forma agreste que estamos en pleno verano, y el calor de la ciudad, parece más una dantesca tortura medieval, que la consecuencia natural de un clima de desierto semiárido, que lo mismo cambia con la premura del capricho solar o el intempestivo resoplar de esos vientos, que todos los días azotan puertas y ventanas, igual que hace la volubilidad de sus habitantes, mientras en la radio de mis audífonos, el locutor en turno, aconseja que tomemos precauciones, porque la Av. Salvador Nava está intransitable; me pregunto: ¿Cuándo no?

Algunos dirán que es cosa de las horas pico, y lo que digo: Si por horas pico, entendemos esas, donde por nada se puede transitar o pasar, está ciudad vive permanentemente en horas pico, San Luis Potosí está hoy para llorar, cuando no es un bache, un hoyo o una vialidad obstruida, es un choque, un cuello de botella o tumultos de ambulantes aprovechando para hacer del caos vial su vendimia. La ciudad entera no tiene por dónde pasar. Contadas son en realidad las vialidades donde se puede transitar de forma regular, (acaso 18 de Marzo, Capitán Caldera, Avenida Universidad y Carranza o Av. Chapultepec). Y para variar, calles que no daban antes grandes conflictos, hoy son objeto de muchísima controversia y numerosas críticas, toda vez que pese a que se les ha remozado, de cara a la ciudadanía jamás se logró probar la necesidad de hacerlo, como tampoco sus potenciales beneficios, tal es el caso de Avenida Muñoz.

Sí, es cierto, no será cosa de negar que gobierne quien gobierne, problemas habrá siempre. Empero es difícil no darse cuenta, –aún si se comulga con la posición política de tales gobiernos–, que en esta ciudad, tras dos administraciones consecutivas con el PRI como fórmula de gobierno, han vuelto a ser motivo de preocupación, problemas que hacía por lo menos una década no veíamos. Exceso de basura en las calles; tumultos de ambulantes en el primer cuadro de la ciudad; dificultades para transitar prácticamente en cualquier punto, una circulación vial que no sigue siquiera el sentido común. Lo mismo hay calles muy angostas siendo utilizadas en dos sentidos, que vialidades extremadamente amplias corriendo en un sólo sentido. Al tiempo que una atmósfera enrarecida de violencia, inseguridad y un sentimiento generalizado de vulnerabilidad, se han aposentado, incluso en sitios que históricamente se distinguían por su tranquilidad, de ahí que en la actualidad, noche y madrugada se han vuelto patrimonio exclusivo de quienes aparte de salir, pueden pagarse su propia seguridad.

Vivir como a diario lo hacemos en esta ciudad, no podría ser más acongojante. No se trata de buscarle prietitos en el arroz, como coloquialmente se dice. Antes bien, para disgusto de la gran mayoría en esta ciudad, las cosas se han deteriorado de forma tan lenta e inexorable, y a la vista de todos, que resulta prácticamente imposible no darse cuenta, lo mucho que se ha mermado nuestra calidad de vida. Cuando en aras de poner en marcha todo tipo de emprendimientos faraónicos quijotescos, la mayor parte de los cuales se quedan casi siempre, en sólo eso, buenas ideas fuera de toda proporción, se deja sin efecto las preocupaciones más apremiantes de la ciudadanía.

Centros comerciales semivacíos, fastuosas vialidades mal planificadas y peor construidas, explanadas a las faldas de los cerros, literalmente intransitables, porque no hay siquiera servicio de transporte urbano que las resista, parques y jardines ecológicos fantasmas, de los que apenas si se sabe el nombre, aún si no hay siquiera modo de llegar a ellos, y grandes espacios de la ciudad donde la presencia del Estado se vuelto virtualmente inexistente, son hoy moneda común. Mientras problemas que a todos preocupan, tales como caos vial, calidad del asfaltado, seguridad, imagen urbana, ambulantaje y calidad del servicio de transporte urbano, –con una seria revisión de precios incluida–, permanecen sin razón, totalmente fuera de la agenda pública.

La cosa es hoy muy grave e insostenible, y dista mucho de estar o no de acuerdo con determinados esquemas de participación política. Porque con estos gobiernos caricatura, aquí no hay quien pueda vivir. Al final, Blanca Nieves, Capulina o Flanders, han resultado todos, exactamente lo mismo: Incompetencia, falta de sentido común y rapacidad. Bienvenidos sean pues, quienes sí sepan gobernar; San Luis Potosí, les espera con renovados bríos y beneplácito. Lo cual exige decir que, dar motivos para corregir el rumbo, será en todo caso, más cosa de trabajar con esfuerzo y ahínco, que de apelar a la buena fe del electorado, hay realmente muchísimo por hacer.