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Sarmiento iba de putas

A Sarmiento le gustaban las orgías, pero no era bisexual





Al parecer, el "primer estudiante" no sólo nunca faltó al colegio, sino que al madurar, mantuvo la misma tesitura con las orgías y bacanales. Además, dicen que cuando el Gobierno chileno lo mandó a Europa a investigar las nuevas técnicas pedagógicas, el prócer pasaba las orgías como gastos.

Esa faceta de Domingo Faustino Sarmiento fue develada por el escritor Federico Andahazi, que habló con 24CON sobre la sexualidad de los antepasados y próceres argentinos.


¿Cómo descubrió esa faceta de Sarmiento?

El Gobierno de Chile lo envió a Europa para informarse sobre las nuevas estrategias pedagógicas. Cuando volvió, liquidó sus viáticos. Entre esos gastos se encontraron cosas fantásticas. Yo tuve las listas en mis manos, escritas de puño y letra por Sarmiento y la verdad que no tienen desperdicio. En un muy exhaustivo relevamiento podemos ver su estadía en París: “Un café por acá”, tanto dinero, “una cena por allí y un paseo por allá”, tanto y, “Orgías”, otro tanto. En Milán vemos lo mismo, consigna sus gastos: “un “ristreto”, “un paseo”, “una cena” y… “Orgías”.

En cambio, en Roma nos encontramos con un Sarmiento mucho más religioso, donde los gastos son diferentes: “Un retrato de Su Santidad”, tanto, “un recuerdo del Vaticano”, tanto, y al final del día: “Gran Orgía”, que era cuatro veces más cara que las orgías comunes.
Usted realizó una investigación sobre la sexualidad argentina. ¿No le parece que hoy las costumbres amatorias son importadas?
Acaso siempre lo hayan sido. Hay un personaje de la Historia argentina que tuvo una suerte de relación muy natural con la sexualidad, despojado de toda pacatería, y fue Sarmiento.

¿A qué se refería Sarmiento con “orgías”?

Una orgía era justamente eso, una orgía, no estaba haciendo ninguna alegoría. Eran reuniones de gente teniendo sexo. Es una mecánica muy semejante a la que, de alguna forma, resucitó en estos días.

Pero, ¿cómo era una orgía en esa época?

Las descripciones más fidedignas que uno puede tener de aquellas orgías uno las puede encontrar en mucha literatura, como en el Marqués de Sade, que eran muy extremas.

¿De modo que Sarmiento importó las orgías?

(Risas) Sí, además de traer la educación, los gorriones y los eucaliptos, importó las orgías. Exactamente. Pero además creo que su gran mérito, quizá justamente porque era escritor, fue que él hablaba sin eufemismos acerca de sus preferencias y ciertos aspectos de su intimidad. Es más, en un diario La Nación de la época que hallé en la hemeroteca hay un título con tipografía catástrofe que decía “Sorprenden a Sarmiento volviendo ebrio de una orgía”. Eso es extraordinario, imaginárselo cruzándose esa mañana con los escolares de guardapolvo blanco, mientras volvía en pedo de una orgía. Es fantástico conocer a ese Sarmiento tan diferente al del himno y de los retratos.

¿Se podría decir que el maestro de la Patria era swinger?

Era un maestro, como podemos ver, en un sentido amplio del término (se ríe). Pero no sé si swinger es la palabra indicada, porque hasta donde puedo saber, él no se mostraba muy dispuesto a compartir a sus mujeres.

En el caso de las orgías, ¿Sarmiento podría haber sido bisexual?

No. No me parece, y nada de esto surge en sus cartas. Al contrario, Sarmiento mostraba una marcada predilección por las mujeres, a tal punto que hay una misiva que le envió a un amigo que estaba en el Uruguay en la que le explica que estaba en la casa de Mariquita Sánchez, conversado muy animadamente, y en un momento, descubrió que había perdido el hilo narrativo de lo que ella estaba diciendo, y que se detuvo en su anatomía. Entonces cuenta: “tuve un percance, padecí una erección”.
Imaginemos a Sarmiento hablando con Mariquita Sánchez e intentando tapar este inconveniente y, es más, explicaba que se cubría con sus manos y era peor porque parecía que se estaba tocando. Además parece ser que a Sarmiento le costaba bastante disimular esas cuestiones. Pero lo más inquietante del asunto es la frase final de la carta. Le dice a su amigo: “No sabes lo cerca que estuve de violar a Mariquita Sánchez”.

¿Hay alguna información sobre las medidas que portaba el maestro?

No hay documentos, pero según varios comentarios que han llegado de manera oral, no tenía motivos para quejarse de sus atributos. De modo que no le decían pelado justamente por su testa calva (risas).

El escritor Federico Andahazi tiene editados dos libros en los que devela la historia de la sexualidad argentina. “Pecar Como Dios Manda”, el primero, explica las costumbres amatorias que existían en el continente americano con antelación a la llegada de los conquistadores españoles –o invasores, dependiendo del espejito de color con el que se los mire-, y también se mete en la cama de los habitantes del suelo nacional hasta la Revolución de Mayo.

Si bien best seller, este libro no resultó tan polémico como su secuela, “Argentina Con Pecado Concebida”, que abarca el período transcurrido entre la Revolución de Mayo y 1930, en la que compila varios secretos guardados por los notables autóctonos. Capaz de asegurar que Domingo Faustino Sarmiento, el padre de la educación argentina, importó las orgías, y de acusar a Juan Manuel de Rosas, el Restaurador, de violar sistemáticamente a una hijastra, Andahazi se hizo acreedor de alguna que otra amenaza, aunque sigue adelante y prepara el tercer y definitivo tomo de su historia sexual nacional, que dará que hablar con Perón y el matrimonio K.






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