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Se impone el sálvese quien pueda en el escenario político

Los problemas cada vez más acuciantes que se viven el país y la penosa actitud del gobierno nacional de no querer reconocerlos, se repiten, semana a semana, como una letanía. Para la presidenta Cristina Fernández y sus acólitos seguidores, en la Argentina no hay inflación, ni recesión, como así tampoco caída de empleo ni inseguridad.



Para CFK, la acuciante realidad que padecen millones de argentinos, cuyos salarios se deterioran cotidianamente, no existe. Y por eso para ella todo aquel que exprese algún tipo de crítica o reclamo es porque forma parte de las supuestas acciones desestabilizadores, cuyos responsables Cristina jamás pudo identificar con nombre y apellido. No lo hizo por la sencilla razón de que las “acciones destituyentes” son, en realidad, fantasmas que se agitan para intentar imponer un relato gubernamental que carece de toda seriedad.

Esta suerte de ceguera oficial es la que lleva a que se terminen impulsando proyectos totalmente alocados, como la nueva Ley de Abastecimiento, que recibió media sanción en el congreso nacional en la semana que pasó. No sólo se trata de una iniciativa que atrasa 60 años, que en nada se corresponde con el funcionamiento de las reglas económicas más básicas del capitalismo, sino que también se impulsa en el peor momento. Ocurre que uno de los principales motivos que explican la descontrolada inflación, que ronda el 40% anual, son los problemas relacionados con la oferta. Es decir, el sistema productivo de nuestro país se encuentra absolutamente desbastado, sin capacidad para poder ofrecer bienes y servicios básicos que necesitan los argentinos. Por eso, como primera medida para paliar el flagelo de la inflación, se requiere que aparezcan inversiones que permitan reactivar y ampliar la capacidad productiva, generar divisas y dar trabajo genuino.

Ahora bien, ningún posible inversor va poner un solo peso si existe un marco normativo mediante el cual el poder político puede extorsionar a los empresarios y confiscar la producción. En ese sentido, la ley de Abastecimiento no sólo abarca a grandes compañías, como intenta hacer creer el gobierno. También afecta a las pymes, al punto que habilita a que el gobierno nacional pueda obligar a una pequeña y mediana empresa a vender a pérdida. Se trata, en definitiva, de una infame intromisión, como si las variables de la economía, en un sistema capitalista, pudiesen encorsetarse en función de los caprichos del poder político. Por ello, una vez que este proyecto sea convertido en ley, se profundizará la recesión.

Resulta llamativo que los gobernadores, sabiendo lo que está ocurriendo, no pongan el grito en el cielo. En las últimas horas trascendió que Daniel Scioli (que apoyó la nueva ley de Abastecimiento), junto a otros mandatarios provinciales, entre ellos el cordobés José Manuel de la Sota, mantuvieron el jueves por la noche una reunión de carácter reservado para analizar la situación política, económica y social.

Durante el encuentro, se habrían escuchado críticas a Cristina Kirchner, por prestarle oído solamente a su ministro de Economía, Axel Kicillof, quien desde que ocupa el cargo instrumentó una megadevaluación, llevó al país al default, profundizó el cepo cambiario y provocó la pérdida de no menos de 400 mil puestos de trabajo en el primer semestre del año. Ahora bien, más allá de las quejas puntuales, la mayoría de los gobernadores, especialmente Scioli, decidieron no sacar los pies del plato. Lo máximo que están dispuestos a hacer es pedirle una audiencia con Cristina, para hacerles algunos planteos que, como se sabe, caerán en saco roto. La única excepción fue el cordobés De la Sota quien se habría retirado del cónclave de forma anticipada, disgustado por la falta de voluntad política de enfrentar a la administración K.

A Scioli se le está agotando el tiempo. Mantenerse pegado al administración K, por el simple hecho de tratar de heredar el caudal de votos clientelares, lo está llevando a una situación extremadamente complicada. Es que hasta los sectores más humildes, que reciben planes sociales, le terminarán dando la espalda a todo lo que huela a kirchnerismo ya que la inflación los lleva a ser cada vez más pobres o indigentes. La Asignación Universal por Hijo ni siquiera les alcanza para comprar la leche y los pañales que necesitan sus hijos.

En distintos provincias y municipios, donde gobierna el justicialismo, existe una creciente preocupación. ¿Cómo mantenerse en el poder? En ese sentido, tanto gobernadores como intendentes se preparan para hacer su propio juego, importándole poco y nada la suerte de Cristina, cuyo poder irá disminuyendo a medida que se acerque el final de su mandato. Es más, es muy probable que, durante el primer cuatrimestre de 2015, sean muy pocos los dirigentes justicialistas que asistan a los actos oficiales para aplaudir lo que deciden los “iluminados” que rodean a la primera mandataria.

Desde el punto de vista político, se viene una etapa del “sálvese quien pueda” en la Argentina, ante la ausencia de liderazgos sólidos que encarnen propuestas realmente transformadoras.
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