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¿Se puede matar con magia negra?

Existe una creencia muy extendida y atemorizante por cierto, que sugiere que hay personas capaces de infligir daño a otros con sólo pensarlo, desearlo o mediante algún ritual con tal fin. Tal suposición tampoco excluye la posibilidad de provocarle la muerte a alguien. 
Un claro ejemplo de la vida cotidiana lo podemos apreciar en los muchos bebés que lucen algún hilo o cintita roja en sus pequeñas muñecas, en la cuna o en los cochecitos. Los progenitores que las colocan -sea por creencia propia o transmitida- suponen que protegerán a sus hijos de la envidia, el mal de ojo o cualquier efecto negativo que alguien intente inducirles, voluntaria o involuntariamente. Tampoco faltan acusaciones y contra-acusaciones entre personajes del mundillo farandulezco relacionadas a actividades de brujería, hechizos, magia negra, gualichos o rituales para provocar daños a terceros.

O sea que estamos frente a una gran superstición, con gran vigencia y arraigo popular, cuyas consecuencias no siempre pueden ser predecibles considerando los vaivenes del pensamiento mágico. Por un lado están aquellos que temen ser blanco de una persona con poderes para dañarlos y, por otro, los que afirman tener esos poderes y que bien podrían utilizarlos para dañar o proteger a alguien.
 
Veremos que los primeros tienen temores infundados y podrían llegar a ser potenciales víctimas de los segundos que son, ni más ni menos, estafadores y abusadores de la credulidad pública.
 
Memorable papelón
 
El 3 de marzo de 2008, un canal de televisión de India obtuvo los máximos picos de rating durante la emisión del programa presentado como "El Tantra contra la Ciencia". Había motivos suficientes para tal atractivo puesto que uno de los protagonistas, Pandit Surinder Sharma, con el poder de su magia negra ejecutaría sin piedad a Sanal Edamaruku.
 

 Mientras Sharma ostentaba el título de "el mago tántrico hindú más poderoso" del planeta, Edamaruku representaba al pensamiento crítico a través de la institución que presidía, Asociación Racionalista India. Ambos contendientes fueron provistos de sus poderosas armas: el brujo con sus mantras y el escéptico con su amplia experiencia  en desenmascarar falsos gurúes.
 
Las cartas estaban echadas y esa tarde Sharma tendría la gran oportunidad de elevar su autoestima demostrando públicamente su poder criminal sobre Sanal Edamaruku y durante una transmisión televisiva en vivo y en directo.
 
Sharma comenzó mostrando una pequeña figura humana y afirmó que era capaz de matar a cualquiera en sólo 3 minutos con su magia negra. De inmediato Edamaruku esbozó una sonrisa y lo desafió a que lo demuestre con él mismo. El hechicero aceptó el reto y comenzó con sus rituales de palabra, rocío con agua y manoseo de la "víctima".
 
Tras mucho esfuerzo de malos deseos, el brujito superó los 3 minutos sin afectarle ni un pelo a Edamaruku, salvo aquellos que le despeinó con su mano mientras le frotaba la cabeza. Ante el fracaso pidió otros 15 minutos para continuar con sus mantras mortales y fue autorizado porque el alto rating lo ameritaba.
 
Volvió al ataque pero esta vez sumó un cuchillo a sus palabras mágicas. El incesante manoseo terminó fastidiando a la víctima y, una vez vencido el tiempo, el mago tántrico debió resignarse al fracaso. Intentó justificarse aludiendo que Edamaruku estaba protegido por los dioses que idolatraba. Nuevamente quedó ridiculizado cuando le respondió que era ateo. 
 

 
Fracaso nocturno
 
Pandit Surinder Sharma quedó exhausto de tanto ritual infructuoso pero pidió otra oportunidad para llevar a cabo una "ceremonia de destrucción final", supuestamente infalible si la realizaba en horas de la noche. Fue así que se pactó continuar a las 23.00 hs. y con los anuncios del caso para que todos sigan pegados a la pantalla a esa hora.
 
Nuevamente el ridículo fue el protagonista porque el mago tántrico lo único que provocó fue risas y vergüenza. Entre llamas, agua, cánticos y plumas, el brujo tuvo un rotundo fracaso ante millones de espectadores y sin poder demostrar el poder de su magia negra.
 

 
Alguien puede argumentar que este ejemplo de India nunca podría darse en otros países por cuestiones de diferencias de cultura, creencias o variedad de religiones. Pero no necesariamente es así y veremos que con mínimas adaptaciones las cosas no son muy distintas. Y, sin ir muy lejos, lo ejemplificaré con un caso local que se presentó en el programa "Memoria" en 2002, seis años antes que ocurriera el fracaso brujeril de India.


Trucholandia: ¿Brujería o crimen por encargo?


Tal fue el título de la última parte de una serie de emisiones, con cámaras ocultas incluidas, que expuso a videntes, curanderos, etc. Entre esa amplia fauna descubrieron a un tal "Hugo", quien se anunciaba en los clasificados de un diario ofreciendo sus servicios  de "Magia Roja Maya". Lo que no decía el aviso era que este estafador también podía matar gente mediante "el vudú". 






Al menos es lo que afirmaba "trucHugo" que, para cumplir con su objetivo, solicitaba un pago previo entre 20 mil y 25 mil dólares, eso sí: "¡CONTADO!". Y bien, este es un modelo clásico de las tantas barbaridades que se prometen en una consulta privada con estos estafadores y que en raras ocasiones la gente denuncia. Pues claro, pierden su dinero y, por vergüenza, evitan contarlo para no ser tildados de idiotas. Es algo que estos delincuentes saben que esta debilidad juega a su favor.



Conclusión


Nadie puede provocar daño a un tercero sin que medie un elemento físico para agredirlo, sea un arma, fuerza física o cualquier objeto. Menos aún con el sólo deseo o nunca demostrado "poder de la mente".  Ya hemos visto en notas anteriores que aquellos que proclamaban tales capacidades eran farsantes que recurrían a engaños y que cualquier ilusionista puede reproducir de igual o mejor forma.


Pero atención, hay gente muy sugestionable y con un alto índice de credulidad que puede ser afectada física y psicológicamente por las sugerencias de estos charlatanes. Siempre recuerdo un interesante relato que fue publicado en el British Medical Journaldel 7 de agosto de 1965. Se trata de una mujer que, luego de una exitosa e insignificante intervención quirúrgica, sufrió una repentina descompensación sin motivo aparente, que finalmente la llevó a la muerte. La autopsia practicada no reveló ninguna patología extraña, a excepción de una significativa hemorragia en las glándulas suprarrenales. Este desenlace inesperado y frustrante para los médicos se explicó más tarde cuando se enteraron que esta señora le había comentado a su hermana y a una de las enfermeras que, cuando era niña, fue llevada a una echadora de cartas, quien le habría predicho que moriría indefectiblemente en una operación. Los cirujanos dedujeron la posibilidad de que la tensión emocional provocada por tal profecía pudo haber sido el detonante de esta derivación fatal [Jahoda, G. Psicología de la Superstición, Ed. Herder, Barcelona, 1976].


Si bien no es aventurada la deducción de los cirujanos, tampoco podemos descartar la simple coincidencia. Por lo tanto, lo más sensato es apelar al sentido común. Si realmente existiese gente con tales capacidades para poder dañar a otros a distancia, imaginen qué simple sería para los enemigos de ciertas personalidades conocidas (por ejemplo del mundo político), contratar a uno de estos "sicarios de la mente" y concretar un atentado sin necesidad de recurrir a armas, bombas, etc.
 
En definitiva, el peor enemigo es un temor infundado.

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