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Se viene el estallido

El actor encarna a uno de los furibundos protagonistas de Relatos salvajes, el filme de Damián Szifrón que, tras su paso por Cannes, el jueves se estrena en el país.
En este distendido diálogo con Hoy, el intérprete habla sobre su personaje, dice que el amor es “la única salida” a la violencia y pide que los gobernantes “nos quieran más”




El rostro apenas iluminado por destellos de luz azul. Entre penumbras, la figura de Ricardo Darín se distingue difusa en la gran pantalla. Luego, una explosión y después aplausos. Con esa presentación, el director Damián Szifrón introduce una de las seis historias de la película argentina más importante del año: Relatos salvajes. En ella, Darín encarna a “Bombita”, un ingeniero experto en demoliciones quien, en el preciso instante en el que debe cumplir con un compromiso, ve cómo la grúa le lleva su auto. Como en cada uno de los otros episodios -protagonizados por Darío Grandinetti, Oscar Martínez, Érica Rivas, Leonardo Sbaraglia, Rita Cortese y Julieta Zylberberg-, el furibundo personaje de Darín pierde la cabeza y estalla.

Pero en esta sala de hotel del centro porteño hay lugar para la reflexión. El actor se sienta en un sillón, sin poses de ningún tipo, y sin luces que lo precedan. Aún sonriente, su mirada pesa, le da autoridad mucho antes de romper el silencio: “Siempre trato de ser más humano que estrella. El que se cree una estrella debe mirarse al espejo y sentir una especie de resplandor. A mí no me sucede”, le confiesa a Hoy.

En el filme, los protagonistas son muy humanos, estallan y se violentan, ¿a vos te pasa eso?
Me violenta la insensibilidad. Cuando vemos una película o leemos un libro asistimos a una historia que está tan bien contada que nos llega al corazón y nos revela que estábamos dormidos. Todo el tiempo estamos narcotizados, sino no podríamos convivir con los miles de pibes que están en los semáforos a la madrugada, cagados de frío, abandonados por su familia, por el Estado, por no-
sotros. Decimos: ‘Mientras no me toque a mí…’ Pero te toca a vos, porque a ese pibe la vida no le ofrece nada. ¿Por qué, cuando se cruce conmigo y tenga un arma en la mano va a creer que mi vida tiene que ser respetada, si yo no lo respeté nunca?

¿Qué viene a decir Relatos salvajes en ese sentido?
La película detecta gérmenes de violencia e injusticia; nos hace un juego de espejos y, al final, necesariamente tenemos que reflexionar. Los seis cuentos hablan de cosas que pasan en todos lados: el ciudadano común -que no tiene tarjetas, ni es amigo de jueces, ni tiene contactos- se enfrenta todos los días de su vida a un ninguneo, a una falta de respeto, a una humillación.

Tu personaje es víctima de esa situación…
Mi personaje se pregunta algo muy lógico: ‘¿Donde está la oficina donde te piden disculpas cuando se equivocan?’. Es naïf, pero debería ser así. Yo, tristemente, fui protagonista de una situación similar; tuve un brote psicótico un día en el que vi cómo me llevaban el auto. Los seres humanos vivimos gobernados por una especie de péndulo: en un extremo está nuestra mejor imagen y en el otro la peor; de acuerdo a las elecciones que hagamos vamos determinando cuál es nuestra forma de ser. Yo no me enorgullezco de perder el control, me avergüenza, porque en esos momentos muestro mi peor costado.

¿Creés que hay otra salida antes de perder el control?
Sí. Pero cuesta encontrar la manera de hacer visible un reclamo sin que algo se rompa. La educación, el sentido común, la buena onda, cuál es tu composición cromosómica hacen que vos no quieras matar a un tipo que te putea. Pero cuando no tenés tiempo de pensar y sentís que tu vida o la de tu familia están en peligro, aflora un componente salvaje que contribuye a hacer lo que criticás. Por suerte, encontramos la fórmula para convivir. Sino, esto hubiera estallado hace rato.

Por eso, apunta Darín, la única salida es “el amor”, y hasta se emparenta con el polémico dirigente ultrakirchnerista Luis D’elía, quien meses atrás suplicó, a los gritos y por TV, ‘¡Amor!’. “Nunca comulgué con ese hombre, salvo ese día en el que todos se le cagaron de risa. Porque un tipo que dice las cosas que dijo antes, hablando de amor, resulta irrisorio. Pero esa vez algo bueno salió de él. Y yo, de verdad creo que la única salida es el amor.
¡Que nos quiera el Estado, que nos quiera la ciudad, que nos quieran los que gobiernan para que no-
sotros los queramos a ellos!”.

Incontinencia verbal

Ricardo Darín no se contiene, no se calla si no lo interrumpen y desata su furia toda vez que advierte una “injusticia”. Lo sacan, dice, “las estigmatizaciones. Porque todos tenemos las mismas intenciones, no queremos atacar a nadie, pero al mismo tiempo no conozco personas que no hayan sido robadas o maltratadas. Es decir, somos víctimas y victimarios de un sistema extraño, que nos oprime y nos extorsiona todo el tiempo”.

¿Cuáles son tus sensaciones ante esto?
Tiene que haber un cambio de rumbo. Yo no tengo muchas expectativas, porque veo más de lo mismo. Algún día tendrá que haber un viraje, porque estamos mirando en la dirección equivocada.

De pronto, su agente de prensa, Raquel Flotta, que ha seguido la charla a su lado, le clava la mirada.
-Raquel se asusta porque yo me voy a la mierda y empiezo a disparar-, admite Darín, entre risas.
-Sí, porque después salimos en todos lados…-, le explica ella con gesto resignado.
-No es en contra de nadie, es a favor de todos-, sentencia el actor.
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