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“Si no llegás en una bolsa, acá no meten preso a nadie”

Un drama sin freno Hace 9 días Andrea fue atacada por su novio en plena calle, en Núñez. Le pegó hasta desfigurarle la cara, pero el hombre, que practica kick boxing, sigue libre por una inexplicable lentitud burocrática



“Acá si no llegás en una bolsa, no meten preso a nadie. No sé...

¿Tengo que aparecer quemada, como en el caso (de Wanda) Taddei?

Parece como si nada fuera la suficientemente grave para que lo detengan. Yo estoy encerrada, él está libre. Yo estoy con asistencia psicológica, él puede fugarse en cualquier momento”. Andrea Franco fue brutalmente golpeada por Gustavo Mazzitelli, su ex pareja, hace nueve días. La paliza le dejó tres dientes fisurados, desplazamiento de mandíbula y tabique nasal, cuatro puntos de sutura en un labio. A pesar de que radicó la denuncia, el hombre –41 años, practicante de kick boxing, vendedor de repuestos de motos– aún no fue notificado ni citado a declarar y, por ende, tampoco detenido.

“Lo conocí en un encuentro de motos y me enamoré... Convivimos durante dos años en los que no pasó de un tirón de topa, de un manotazo... Una vez intentó ahorcarme, pero no más. Los celos, él se armaba historias...

Para él yo siempre estaba en la cama con alguien. Si no lo atendía él estaba seguro de que yo estaba arreglando algo con algún ‘macho’”. Andrea vive en un barrio cerrado de Tigre, es modelo, tiene 41 años y una hija de 15. El domingo 21 de septiembre, día del ataque, había llegado de Nueva York satisfecha por haberle cumplido el sueño a su hija. Hacía varios meses que habían intentado separarse de Mazzitteli, pero no podían cortar el vínculo. No alcanzó que la hija de ella lo echara de la que casa que compartían cuando a Andrea cumplió años y se la pasó llorando. Es que Gustavo le molestaba que la casa se haya llenado de amigos.

“Durante los diez días que estuve en Nueva York, él me buscaba por mensajes de texto, me preguntaba qué hacía, con quién estaba. Cuando volví me dijo que quería verme. Tuve miedo, estuve a punto de suspender la cita, pero fui porque el temor a que se enojara pudo más”.

Andrea se encontró con Mazzitteli en Lugones y Dorrego.

Cada uno en su moto, llegaron a Kansas, en Palermo. Eran las 18.30 y la idea era reencontrarse después de mucho tiempo lejos, después de mucho tiempo de intentar recomponer la relación.

“Pero ahí empezó a insultarme. Desde ‘sorete’ a ‘viniste a comer conmigo para refregarme en la cara ese viaje de mierda’. Me puse a llorar, le pedí servilletas a la moza, pensé que igual podíamos comer”. Andrea dice que las últimas palabras que intercambiaron lo pusieron furioso y discutieron. Cada uno en su moto, él partió hacía el sur y ella, al norte. Ya estaban a la altura de Udaondo, casi frente a la cancha de River, cuando Andrea lo vio detrás suyo, por el espejo retrovisor. Dice que pensó todo esto: “Capaz que está enojado porque viajé y me vio llorando y ahora vuelve para pedirme perdón”. Pero no: Mazzitteli le cruzó la moto y sin bajarse le dijo “sos una mierda, vamos a terminar esto hoy” y soltó la mano como la sueltan los que saben pelear, usó la cara de Andrea como rival, la midió, la buscó por la hendija que deja el casco, porque ella no llegó ni a sacárselo. Mazzitteli huyo después del ataque.

“No me quedó alternativa que denunciarlo porque me llevaron a la comisaría.

Nunca antes, por miedo o porque pensaba que iba a cambiar, lo denuncié.

Pero ahí no tuve opción. Unos 25 minutos después de la paliza que me dio me mandó un mensaje de texto diciéndome que yo no tenía derecho a insultar, a amenazar ni a pegar”. La denuncia fue radicada ese mismo domingo en la Comisaría 51 y Andrea declaró en la Oficina de Violencia Doméstica (OVD). La causa la llevan el Juzgado Civil 88 y el Correccional 7.

A nueve días de la golpiza, Mazzitelli todavía no fue detenido.

“La fiscalía debe recibir la denuncia para notificar al agresor y citarlo. Eso aún no sucedió porque han pedido una serie de documentación que todavía no han enviado”, explicó Rosana Aliprandi, abogada de la víctima.

Dice Andrea: “Yo lo amaba mucho y volvía porque él me decía que me amaba, que no me iba a maltratar más.

Esto le pasa a miles de mujeres que quiere tener una familia, una vida normal y terminás marcada por el miedo.

Pero no hay vuelta atrás... Ya no. Me di cuenta de que no se puede vivir así”.

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