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Sin trabas en la lengua



El conocido periodista Jorge Lanata disparó la polémica al hablar del travesti Flor de la V. Fernando Bravo sostuvo la misma opinión (que Flor de la V no es mujer), aunque cauteloso, él sí se refirió a la persona en cuestión como “la señora”. Más allá de la farándula, el caso no deja de ser una realidad que nos toca a todos, no discutir sobre las tendencias sexuales, sino sobre la mirada letal que llega rauda para quien ose salir de la legalización de un nuevo lenguaje y pensamiento. Para los comunicadores, es un tema fundamental analizar esto continuamente, puesto que es nuestra herramienta de trabajo diaria. “Sos un trava con documento de mina”, disparó Lanata, enfureciendo a las organizaciones prohomosexuales, feministas, de derechos humanos y algunos ciudadanos. Sin que sea extraño, los comentarios de los lectores en su mayoría apoyaban lo dicho por el periodista, aunque no la forma.





Sin quedarnos en este caso, es necesario pensar sobre el lenguaje que utilizamos actualmente y por qué lo asumimos como correcto. ¿Debemos incluir lo femenino o lo híbrido como la @ para cada cosa que decimos?, ¿o pagamos la omisión siendo excluidos?

Una reingeniería del lenguaje viene marchando; en ella se hallarán más acuerdos legales que bases científicas. Agigantando el uso del género femenino, no logramos más que alejarnos de toda equidad e igualdad.

El debate de la ideología de género respecto a las palabras y conceptos fue considerado por varios estudiosos, como Pérez Reverte, como “una disparatada no sexista con dinero público que corrompe con su estupidez y cobardía la necesaria lucha de un feminismo inteligente, serio, tan necesario”, ya que la Academia no ha estado exenta de la presión sin descanso de los lobbies de género para modificar contenidos.

Este año la RAE cumple 300 años desde su fundación; su objetivo es fijar el buen uso y la unidad de una lengua en constante evolución y expansión. Se considera que la lengua española es patrimonio común de casi 500 millones de hispanoparlantes.

A vuelo de pájaro, podemos diferenciar sexo y género. El sexo es lo que nos determina biológicamente como hombres o mujeres; puede pincelarse, pero no cambiar mediante operaciones superficiales. El género determina al hombre y la mujer según normas (no leyes), tradiciones y costumbres; esto sí varía de acuerdo a la época y la sociedad. Por su lado, la “identidad sexual”, es decir qué se siente la persona, tiene que ver con lo psíquico (historia familiar, educación, relacionamientos); y es en este último punto donde se halla el nudo.

Lanata contraatacó la ideología de género, no la realidad biológica del sexo de Flor de la V, y mucho menos a su dignidad. El periodista contradijo un postulado, no una teoría. Que a través de las décadas (los estudios de género nacen en los años 70) algunas palabras hayan modificado su género en pos de la igualdad entre hombres y mujeres, nunca causó rebeldías; sí lo hace la disociación por causas ideológicas.

Ojalá los 300 años del conocimiento de la RAE tengan adeptos para resistir a estos lobbies y puedan defender la corrección de la lengua, que tiene todo que ver con la paz y la armonía de la sociedad.
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