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Socios de la recuperación, peleados en el momento de mayor

La pulseada surge cuando las condiciones externas son muy favorables para el campo.

Dos de los principales socios económicos de la Argentina subieron la apuesta en la que se presenta como la disputa más dura de los últimos años.

El Gobierno y el campo, de ellos se trata, dejaron en claro ayer que llegaron a un límite en el cual la voluntad mínima de continuar como socios -después del nuevo esquema de retenciones a las exportaciones que se aplica desde comienzos de mes- ha desaparecido.

Y, como en toda disputa, los protagonistas tienen argumentos atendibles y verdaderos.

El corazón de la pelea surge del esquema de retenciones móviles que el ministro de Economía, Martín Lousteau, anunció el 11 de marzo. Ese sistema prevé que la retención -que originariamente estaba en 35%- suba. Y que esa tasa crezca cada vez que trepe el precio de la soja a nivel internacional.

Como es progresivo, si la soja costase más de 600 dólares la tonelada el Tesoro se quedaría con el 95% del excedente.

En otras palabras, si la soja llegara a 700 dólares, el Estado se quedaría con 95 dólares de los 100 dólares que excedan los 600.

Así, en la práctica, el campo siente que el Gobierno le puso un precio máximo en dólares para la soja, ya que todo aumento posible por encima de los 600 dólares se los llevaría la Tesorería. En realidad, el campo estaría cuestionando más ese esquema que un aumento de las retenciones a las exportaciones de la soja. Eso lo demuestra el hecho de que a pesar de que ayer la soja cerró en chicago en 470 dólares la tonelada y nunca llegó a 600, la pelea gana en virulencia y malhumor.

En la defensa de la postura del Gobierno la presidenta Cristina Kirchner estuvo sólida y resaltó verdades incuestionables.

La política del dólar alto (mantenerlo por encima de 3,10 pesos) cuando a nivel mundial y en la región no para de caer es una de las principales políticas de Estado que el Gobierno defendió y defiende a capa y espada.

El sector agroexportador es un claro beneficiario de ese dólar alto cuyo coste comparte con toda la sociedad.

También es cierto que el campo cuenta con gasoil a precio de subsidio. Y que eso se financia con dinero del superávit fiscal, fruto del pago de impuestos de la gran mayoría de los argentinos.

El sector agropecuario invirtió, pero además contó con un paraguas permanente en los últimos años por parte del Estado.

Se podrá decir que es por conveniencia, ya que, en última instancia, buena parte del superávit fiscal se explica por el dinero de la recaudación de las retenciones a las exportaciones agropecuarias. Y también esto puede considerarse verdadero.

En esa sociedad económica la presidenta Kirchner resaltó ayer todo lo que había aportado en el pasado. Por su lado, el campo le está diciendo que el esquema planteado para seguir financiando en el futuro le resulta demasiado caro, carísimo.

Una de las partes destaca el pasado; la otra, critica el porvenir y dice que no quiere que le limiten la posibilidad de mayores ganancias a futuro.

Y, curiosamente, todo se da cuando la cosecha promete ser una de las mejores, los precios internacionales son más que rentables y eso le plantea al Gobierno un camino para aumentar el superávit fiscal (podría llegar a 4% del producto bruto interno), con lo que haría más sólida la situación económica.

El campo y el Gobierno se pelean sobre la abundancia y no sobre la escasez, lo que bosqueja una situación inédita en el país de los últimos 30 años.

La presión impositiva de estos tiempos también es inédita y parece claro que el campo no quiere pagar más del 35% que establece la ley de Ganancias.

Claro que la excepcionalidad de los precios internacionales de los productos que la Argentina exporta también obliga al Estado, con buen criterio, a aplicar retenciones para evitar una suba de precios de los alimentos que liquide el bolsillo de los argentinos.

Las posiciones están claras y definidas. Lo que resulta increíble es que no logren bajar la intensidad del enfrentamiento. Que, además de un costo económico alto, podría hacer renacer viejas antinomias estereotipadas que hagan difícil llegar a un acuerdo justo cuando las condiciones económicas internacionales parecen estar alineadas para que la Argentina pueda pasar de crecer a tener crecimiento sostenido.


Fuente: www.clarin.com
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