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Stalin Apocalipsis

Stalin Apocalipsis

Es la victoria de Stalin sobre Hitler lo que, en efecto, borra los horrores cometidos por “el amo del Kremlin”: los campos de concentración, las deportaciones, las balas en la nuca de los opositores. Esa victoria hizo que fuera borrado el hecho de que el estallido de la Segunda Guerra Mundial se debió al pacto nazi-soviético



Stalin, ¿El "maestro del mundo"?
Stalin, ¿El “maestro del mundo”?
Institut d’Histoire Sociale, Paris
http://est-et-ouest.fr/chronique/2015/151030.html
Traducido del francés por Colombian News

Cancele su cena de negocios y sus otras citas urbanas. Usted verá otro día la última película japonesa y escuchará ulteriormente la conferencia sobre la mecánica cuántica o la lectura pública de los pasajes más interesantes de las memorias del duque de Saint-Simon: el martes 3 de noviembre, a las 20 h 50, en France 2, será el día de la difusión de Stalin, la última parte de la serie Apocalipsis, la continuación de la serie que Isabelle Clarke y Daniel Costelle han dedicado a las dos guerras mundiales y a Hitler.
Como en los capítulos anteriores de la serie, la coloración de las imágenes será objeto de discusión por parte de los nostálgicos de su propia infancia y de las noticias en blanco y negro. Empero, debemos subrayar, una vez más, la seriedad con la que fue hecha esa coloración tras meses de investigación meticulosa. El ínfimo botón de una chaqueta, el más pequeño decorado y el menor edificio oficial son vueltos así a la realidad, a la vida y al momento en que fueron filmados.
También se podrá discutir acerca de la fuerte utilización de los flash-backs. No hay duda de que eso puede confundir a algunos espectadores no familiarizados con la historia de la Unión Soviética. Pero el método de los flash-backs tiene sentido pues es cierto que las obras maestras –y este film de Costelle y Clarke es una–, se pueden ver y leer de varias maneras.
¿Hay una voluntad de llamar la atención o incluso de provocar la desestabilización del espectador, acostumbrado a veces a seguir pasivamente una historia que ronronea con su comienzo y su fin, con sus preguntas y sus imprecaciones convencionales, con su moral habitual? Sin duda hay algo de eso. Los autores no quieren servir, y tienen toda la razón, el cuento habitual estalinista donde no se obstaculiza la Rueda de la Historia, llamada así desde el Manifiesto Comunista de Marx y Engels, para que podamos llegar a la Gran Felicidad comunista, la que aplasta las cucarachas, arrasa las iglesias, deporta los kulaks, derrota la burguesía, hace feliz al proletariado soviético, amén.
Pero esos flash-backs buscan algo más. Al pasar de la victoria de Stalin sobre los nazis a su ascenso criminal al poder y viceversa, al mostrarnos la extrema violencia contra el pueblo ruso privado de todos los derechos, víctima de detenciones, ejecuciones, del envío a campos de concentración, para llevarnos al lugar de tomó entre los aliados el ex seminarista de Tiflis, los autores ponen el dedo en la llaga de la memoria fallida de los europeos occidentales. Es la victoria de Stalin sobre Hitler lo que, en efecto, borra los horrores cometidos por “el amo del Kremlin”: los campos de concentración, las deportaciones, las balas en la nuca de los opositores. Esa victoria hizo que fuera borrado el hecho de que el estallido de la Segunda Guerra Mundial se debió al pacto nazi-soviético y que se haya minimizado, desde la post guerra, la tragedia de la otra Europa comunizada manu militari.
Muchas de las imágenes, a menudo inéditas, que veremos nos ponen ante una inquietante intimidad con ese monstruo elogiado por haber derrotado a otro monstruo, Hitler: su pesada herencia, sus enfermedades, su relación con su madre, su fe ortodoxa perdida, su vida familiar por lo menos espeluznante: ¿Nadezhda su esposa, por ejemplo, se suicidó realmente? Asistimos también a sus atracos a bancos para llenar las arcas del partido. Veremos cómo Lenin le proporcionó apoyo, antes de descubrir, pero ya demasiado tarde, su “brutalidad”. Veremos la sangrienta eliminación de sus adversarios más brillantes que él; constataremos que Rusia, que no había esperado a los bolcheviques para desarrollarse, fue transformada bajo la dirección de Stalin en lugar de terror – y descaradamente presentada como un paraíso para los trabajadores. Por último, veremos el paso de la amistad soviético-nazi a la guerra desatada por Hitler, el alter ego de Stalin, una guerra que Stalin ganará gracias al sacrificio de millones de soldados, que murieron más por la defensa de su patria que por el comunismo, y gracias a la masiva ayuda de Estados Unidos.
¿Vencedor de Stalingrado, “libertador” de Berlín, objeto de un culto sin sentido, Stalin será “el Maestro del Mundo” al final de la guerra? Él pudo llegar a serlo: se apoderó de la mitad de Europa, contó con el apoyo incondicional de los partidos comunistas del mundo entero, empujó sus peones en China y Corea y disfrutó hasta de complicidades o de complacencias dentro de la Casa Blanca…
En la primavera de 1945, a Stalin le quedaban ocho años de vida. El tiempo del apogeo de la Guerra Fría. Ese será sin duda el tema, muy esperado, de la serie Apocalipsis.
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