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Su marido la violaba, lo mató






Ahora puede ir presa de por vida







Esta no es la clásica historia de muchos años de violencia por goteo que un día termina con una mujer asesinada: ésta es la historia de una relación de sólo 13 meses pero de violencia extrema. La historia de una chica que empezó a salir con un Policía Federal 10 años menor que, en cuestión de meses, se convirtió en un marido que la violaba con el bastón policial, que la inmovilizaba con las esposas que luego usaba para trabajar, que le rociaba gas pimienta y que apuntaba a su hija recién nacida con el arma reglamentaria. Esta es la historia de Beatriz López, una mujer que una noche le disparó a su marido con esa misma arma y ahora podría pasar el resto de su vida presa.

Beatriz (36) abre la reja de su casa en Lomas de Zamora e invita a entrar con una sonrisa tímida: le falta un diente –él se lo sacó de una piña– y no puede poner un pie en la vereda. Después de haber pasado 9 meses en el penal de Magdalena logró esperar el juicio con prisión domiciliaria. Ésta es su historia.

“A los pocos días de relación ya estaba convencido de que yo lo iba a engañar, por eso no quería que saludara a nadie: si alguien me saludaba en la calle enloquecía, así que empecé a caminar mirando para abajo”, cuenta a Clarín. “El sexo era otro problema –dice, y baja el tono de voz–. Salíamos un viernes y compraba 4 cajas de preservativos. Y era toda la noche, toda, sin parar. Yo no quería, me salía sangre de adentro, pero no había forma”.

Cuando llevaban un mes y medio de relación, él (Gastón Márquez, 23 años) quiso que tuvieran un hijo, aunque fuera por la fuerza: “Pero no quedé. Y cuando fui a decírselo, se volvió loco: me dijo: ‘si yo no te puedo embarazar me voy a matar, pero ¿sabes qué? Me voy a llevar a tu hija conmigo”.

Hablaba de la hija de 14 años que Beatriz había tenido con una pareja anterior.
A los pocos meses, Beatriz quedó embarazada y todo empeoró: “Vivía apuntándome a la cabeza con el arma reglamentaria, se iba a trabajar y me dejaba encerrada y sin crédito para el celular. Un día me dejó esposada, mi tobillo con mi mano, y yo con una panza enorme. Otro día quise salir, me dijo ‘andá’ y cuando me paré me roció gas pimienta en la cara”, cuenta, y el recuerdo la hace llorar. “Me pegaba con la manopla de acero, me pasaba el cuchillo por la panza y






me prohibía bañarme porque decía que ‘él conocía bien el olor a sexo de otros’.







Cuando íbamos a los controles al Churruca, me presentaba a un compañero y cuando se iba me decía: “¿Y puta? ¿te mojaste?”. Beatriz jamás lo denunció: en la comisaría, del otro lado del mostrador, atendían sus compañeros.

La beba nació con una parálisis en la mitad del cuerpo y llegó a estar deshidratada porque él no dejaba que Beatriz sacara el pecho del corpiño en público para amamantarla. “Quería un varón, por eso planeaba matarla de hambre. La disfrazaba de nene, le decía ‘la conchudita’, la arrancaba de la cuna y la tiraba al suelo desde el aire”.


La noche en que Beatriz mató a su marido empezó como muchas otras. “Gastón puso una película de zoofilia, fue a buscar el bastón policial, le puso un preservativo hasta abajo y me lo metió. Horas así. Después agarró el arma: me la ponía en el ojo, en la oreja, ahí abajo, en todos los orificios. Como sabía que tengo asma, me asfixió con frazadas y me empezó a violar otra vez: yo ahí ya no respiraba”, dice.
Al lado de su cama estaba la cuna: Gastón miró a Beatriz, se rió y le apuntó a la cabeza a la beba, que tenía 45 días. Ella le rogó y él accedió a dejarla a cambio de sexo oral. Cuando se cansó, le dijo: ‘vamos a dormir, pero mañana vamos a ir a matar al Cabezón (un vecino que le molestaba): bueno, lo vas a matar vos, sino te mato yo y después a esta conchudita”. Y en ese instante, cuando él se dio vuelta, Beatriz agarró el arma que había quedado entre las sábanas, le disparó en la sien, alzó a la beba y corrió.

El juicio por lo que pasó esa noche de 2012 comenzó la semana pasada y se resolverá a partir de esta semana. “Los vecinos que vieron cómo le pegaba por la calle estando embarazada están viniendo a declarar. También los que la escuchaban gritar cuando la violaba”, dice Raquel Hermida Leyenda, la abogada que la defiende. Ahora, la pericia psiquiátrica y todos ellos son los que pueden ayudar a definir una historia con dos finales posibles: la historia de una mujer que asesinó a su marido por la espalda cuando ya no la estaba atacando o la historia de una mujer que no encontró otra salida a la violencia. La prisión perpetua o la libertad.
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